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CRISIS EN ARGENTINA

La inminente devaluación del peso dispara los precios en Argentina

El país entró ayer oficialmente en suspensión de pagos al no cumplir con el pago de la deuda

Confianza o cacerolazo. El presidente Eduardo Duhalde, elegido hace tres días por su propio partido y apoyado con mayoría por el Congreso para completar el mandato hasta diciembre de 2003, se enfrenta hoy de hecho a un verdadero plebiscito popular, cuando el ministro de Economía, Jorge Remes Lenicov, anuncie al país las bases de un plan que se propone 'transformar la economía argentina'. La presentación del programa económico se postergó hasta hoy para que Remes Lenicov discutiera el plan y las medidas con los grupos parlamentarios. Ambas cámaras del Congreso se reúnen este fin de semana y aprobarán todas las leyes que envíe el Ejecutivo y que necesita antes de que el lunes abran los bancos y comiencen a operar los mercados.

Argentina entró ayer oficialmente en suspensión de pagos al no cumplir con el pago de un bono por 28 millones de dólares (más de 31 millones de euros) emitido en liras italianas, con vencimiento en el año 2007. El ex presidente Adolfo Rodríguez Saá anunció la semana pasada, durante su breve mandato, que Argentina dejaría de pagar los intereses de la deuda externa, aunque no fue hasta ayer cuando se produjo el primer incumplimiento de obligaciones. Duhalde confirmó tras su elección que Argentina no puede "ahora" pagar la deuda.

El bono que no pagó el Gobierno había sido colocado en la última etapa de la gestión de Carlos Menem, cuando la Secretaría de Finanzas estaba a cargo de Miguel Kiguel, y se realizó una gran colocación de bonos entre inversores minoristas europeos, especialmente de Alemania e Italia. Hoy se producirá el segundo incumplimiento del pago de deuda, cuando venza otro eurobono por 63 millones de dólares, emitido en la misma época. Ante esta situación, los inversores buscaron de nuevo refugio en la bolsa, desde donde es más facil evadir los capitales, y el índice Merval subió un 5,22%.

Las manifestaciones espontáneas de los vecinos de la capital federal y de grupos de las clases medias y bajas, que salieron a las calles a golpe de cacerolas tras considerar insustanciales los cambios y demagógicos los discursos y de rechazar los nombramientos de funcionarios sospechosos de corrupción, ya obligaron a renunciar a dos presidentes en las últimas dos semanas.

Los ciudadanos encerrados en el corralito financiero a los que se obliga a retirar en módicas cantidades sus ahorros de los bancos; los pequeños y medianos empresarios arruinados; los agricultores inundados de la pampa húmeda; los productores que sobreviven aún en las quebradas economías regionales; los que perciben salarios miserables, pero aún tienen trabajo; los endeudados en dólares, que temen una devaluación excesiva del peso; los desposeídos de toda ilusión, que quieren irse en forma masiva del país y, en especial, los millones de parados y desesperados quieren saber si las medidas alumbran alguna esperanza para ellos.

Desde que el propio Eduardo Duhalde dijo en su discurso inaugural que la crisis había arrasado con la ley de Convertibilidad, por la que se imponía la paridad de un peso por un dólar, para tratar de eliminar la crónica inflación, y anticipó una devaluación estimada entre el 30% y el 40%, la moneda de Estados Unidos desapareció de los bancos y casas de cambio.

Ayer, en las llamadas cuevas del centro de Buenos Aires, los especuladores sólo conseguían pequeñas cantidades a precios exorbitantes. La ansiedad les llevó a pagar hasta 1.60 pesos por dólar y más en algunos casos.

La anunciada y temida devaluación del peso desató de inmediato una ola de denuncias sobre supuestos aumentos de hasta un 20% en los precios de los artículos importados y el desabastecimiento de medicamentos. El presidente de la Confederación Farmacéutica Argentina, Daniel Alvarado, reconoció la "tendencia a un aumento del 10% al 20% en los medicamentos" y admitió también que "la falta de reposición por parte de las distribuidoras, la imposibilidad de hacer los giros al exterior y una cierta cuota de especulación, provocó el cierre de farmacias en varias ciudades del país. Además, en este momento no se están entregando medicamentos a ningún hospital".

Duhalde cerró ayer, con dificultad, gran parte de su equipo de ministros. El presidente no logró que un gobernador peronista se hiciera cargo de la estratégica jefatura del Gabinete, que tiene poder de supervisión sobre las demás carteras y funciona en la practica como una vicepresidencia ejecutiva. Primero rechazó la oferta el gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, luego el de Santa Cruz, Néstor Kirchner.

Los dos tenían a mano una excusa válida: "No se puede aceptar un cargo en un Gobierno que tiene sólo el respaldo del Parlamento al día siguiente de haber reclamado que hubiera elecciones". Los dos se comprometieron a apoyar al presidente. De la Sota, ex embajador en Brasil, viajó de inmediato y se reunió con funcionarios del Gobierno de ese país. "El Mercosur tiene hoy gravísimos inconvenientes, pero hay que trabajar sobre ello", dijo Carlos Ruckauf, ministro de Relaciones Exteriores. El flamante canciller anunció, tras jurar su cargo, que el próximo viernes se reunirán en Buenos Aires los presidentes de países del Mercosur.

La jefatura del Gabinete quedó al fin en manos del senador Jorge Capitanich, de 37 años, un economista de la provincia de El Chaco, autor de ensayos sobre la crisis argentina, considerado una figura destacada de la nueva generación de peronistas. Mientras, el presdiente ha ofrecido cartera a dos radicales, en un intento de ampliar el consenso. De momento, sólo ha aceptado uno. La mujer de Duhalde, Hilda, podría ocuparse de la política social, aunque sin cartera.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de enero de 2002