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Los expertos alertan de la 'preocupante' situación de la evaluación científica

La sobrecarga de la agencia que decide qué proyectos se financian no deja de crecer

La Agencia Nacional de Evaluación y Prospectiva (ANEP), el organismo responsable de evaluar la calidad de los proyectos científicos que aspiran a ser financiados con fondos públicos, se encuentra en una situación 'preocupante', advierten numerosos expertos consultados. El trabajo de la agencia se ha multiplicado en los últimos años, pero la plantilla y las infraestructuras no han cambiado. Los 10.000 proyectos científicos evaluados cada año por la ANEP circulan por correo ordinario, a falta de una mínima herramienta que permita enviarlos electrónicamente.

El Ministerio de Ciencia y Tecnología, de quien depende la ANEP, se comprometió hace un año a multiplicar por 10 el presupuesto de la agencia pero a pesar de las reiteradas consultas de este periódico sobre aquella promesa, no se ha facilitado ninguna información al respecto. La ANEP está unánimemente considera como la joya del sistema de ciencia y tecnología español, el sello de calidad de todo proyecto. Su funcionamiento se basa en la llamada evaluación entre pares: la agencia recibe los proyectos, los envía a sus coordinadores -investigadores en activo que trabajan para la ANEP no más de tres años- y éstos a su vez los remiten a otros científicos, entre dos y cuatro, normalmente anónimos, que deben evaluarlos. Si el evaluador no puede, o si su propio trabajo está muy relacionado con el que se le envía, debe rechazar el encargo y otro experto se ocupará de evaluarlo. La comunidad científica internacional considera este método la mejor garantía de calidad.

En España, todos los proyectos que aspiran a ser financiados por el Plan Nacional de Investigación y Desarrollo pasan por la ANEP, y también otros muchos trabajos -libros, becas, conferencias-. El prestigio de la ANEP es tal que su carga laboral crece constantemente: según Ciencia y Tecnología, en 1997 se evaluaron 9.015 proyectos; 9.061 en 1998; 10.423 en 1999; y 8.002 en 2000. Pero ese año, aclara el ministerio, una fracción muy importante de los proyectos se retrasó para ser evaluada en 2001, año del que aún no se tienen cifras pero en el que probablemente se han batido todos los récords. Sólo los proyectos del Plan Nacional crecieron hasta un 12%, a lo que hay que añadir la evaluación de los candidatos a las plazas Ramón y Cajal convocadas este año por el Ministerio de Ciencia y Tecnología, 2807 proyectos presentados.

A peor

Coordinadores de área de la ANEP advierten de que, 'sin duda, el año que viene será aún peor', baste contar con que los 800 investigadores que obtuvieron un contrato Ramón y Cajal también presentarán su proyecto. Este aumento de carga laboral no se ha traducido en un incremento de la plantilla de la ANEP ni en una mejora de infraestructuras, a pesar de que el secretario de Estado de Política Científica y Tecnológica, Ramón Marimón, anunció hace un año que el presupuesto de la agencia se multiplicaría por 10 en 2001.

El ministerio no ha suministrado ninguna información sobre el presupuesto de la ANEP y su variación pese a habérsele solicitado reiteradamente. Respecto al personal, según el ministerio hay 14 trabajadores fijos en la ANEP -si se excluyen los coordinadores-; este año se contrató además a 26 empleados temporales por periodos concretos, lo que puede interpretarse como una confirmación de la carga laboral que soporta la agencia evaluadora. Oficialmente no se han dado cifras de variación de personal por año, pero fuentes próximas al ministerio aseguran que no ha habido aumento de plantilla desde hace años.

Uno de los períodos en que se contrató personal temporal fue durante la evaluación de los premios Ramón y Cajal; evaluadores que participaron en este proceso aseguran que 'la falta de personal cualificado entorpecía mucho las cosas'. Sobre las infraestructuras, los propios coordinadores resaltan el hecho de que, a estas alturas, el tráfico de los trabajos presentados sea en papel. El volumen de los proyectos, a veces de más de 500 páginas, no permite usar el correo electrónico normal, sino que requiere una herramienta informática específica de la que no se dispone. 'Eso supone que si le mandas el proyecto a un evaluador y te lo devuelve, ya se te han ido por lo menos dos semanas', dice José Gavilanes, coordinador de Biología Molecular y Celular de la ANEP -área que este año ha recibido más del doble de proyectos que el año anterior-.

Mariano Moles, coordinador del área de Física, también echa en falta más personal de apoyo y herramientas más ágiles. Pero a pesar del aumento de trabajo los coordinadores insisten en que este año las evaluaciones de los proyectos se han hecho dentro del tiempo asignado, y que los retrasos no deben ser atribuidos a la ANEP. 'Lo que ocurre es que se trabaja todo el año a destajo', afirman. Investigadores de diferentes áreas consultados por este periódico dicen ser conscientes de la actual sobrecarga de la agencia, que califican de 'preocupante'.

Perder calidad

Algunos avisan de que, a la larga, la sobrecarga de la agencia puede derivar en que 'las evaluaciones se hagan atropelladamente y que, por tanto, pierdan calidad'. Jorge Moscat, director del Centro de Biología Molecular, dependiente de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), opina que, 'como concepto, la ANEP está muy bien, pero en infraestructuras está desbordada'. Para Antonio Echavarren, catedrático de química de la Autónoma de Madrid, 'la ANEP debe seguir cargándose de trabajo, pero la falta de personal es preocupante. La agencia funciona gracias a la absoluta dedicación de su personal fijo'. La directora de la empresa Ingenasa, Carmen Vela, también opina sobre lo que sucede en la ANEP, que 'nadie ha cogido aún el toro por los cuernos'.

Reforzar la agencia

La Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) se creó el pasado noviembre promovida por el Ministerio de Ciencia y Tecnología y dotada con un presupuesto de 800 millones de pesetas. Sus funciones son 'contribuir al fomento de la investigación científica de excelencia y al desarrollo tecnológico necesarios' [...], propiciando para ello la colaboración entre los agentes del sistema ciencia-tecnología-empresa y la difusión de los resultados de la investigación'.

Hace un año la ministra Anna Birulés vinculó la creación de la FECYT con su intención de 'reforzar' la Agencia Nacional de Evaluación (ANEP), y muchos de los ahora miembros de la Fundación participaron en la selección de candidatos al premio Ramón y Cajal -antes de que la Fundación fuera creada oficialmente-. Todo ello hizo pensar que la FECYT participaría en la evaluación de proyectos de investigación.

Además, el secretario de Estado de Política Científica, Ramón Marimón, afirmó en abril que con la FECYT se pretendía consolidar los mecanismos de evaluación de proyectos de investigación y, sobre todo, 'empezar a tratar de forma sistemática su seguimiento'. No ha habido ninguna aclaración al respecto, y el director de la FECYT, Arturo García Arroyo, declina hacer comentarios. Los investigadores, por su parte, dicen desconocer el papel de la Fundación y lamentan la falta de transparencia del ministerio. En opinión de algunos, los 800 millones deberían haberse destinado a la prometida mejora de la ANEP.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 26 de diciembre de 2001

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