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Belén vuelve a quedarse sin Navidad

Este año, Belén tampoco celebrará la Navidad. El alcalde de la ciudad, el cristiano Hanna Naser, anunció ayer compungido a la prensa internacional la decisión del municipio de suspender todos los actos navideños, con excepción de la misa del Gallo, en la medianoche del 24 de diciembre, que se celebra en la basílica de Santa Catalina y a la que suelen acudir las misiones diplomáticas acreditadas en Palestina y el presidente Yasir Arafat.

El Ayuntamiento de Belén suspendió ya los festejos navideños del pasado año por idéntica razón: la situación creada por la Intifada y la negativa de Israel a aceptar un alto el fuego que garantice la seguridad de los peregrinos. Este año las cosas han ido mucho peor, ya que los responsables del turismo israelí se han negado a sentarse a la mesa de negociaciones con los palestinos para tratar de salvar los festejos de Belén debido a que el ministro de Turismo judío, Rehavam Zeevi, fue asesinado el pasado mes de octubre por radicales palestinos.

El alcalde de Belén subrayó ayer al dar la mala nueva que el sector turístico de la ciudad se encuentra paralizado desde hace más de un año, situación de crisis que afecta al 45% de la población. Las negras perspectivas han llevado ya a una parte de los habitantes de Belén a emprender el retorno al exilio. Los primeros en salir han sido familias cristianas, que en otros tiempos estuvieron afincadas en países de Latinoamérica y que habían regresado a su casa en Palestina en 1994, animados por las esperanzas suscitadas por los Acuerdos de Oslo.

'No es fácil vivir hoy en Belén. Nos estamos comiendo los ahorros. Vivimos a las puertas de la miseria. Los que permanecemos aquí, somos una amplia mayoría, lo hacemos porque no tenemos otra vía de salida', aseguraba ayer en su comercio un empresario de Belén, que cada día se levanta con la esperanza vana de ver entrar por la puerta de su tienda a un turista.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de noviembre de 2001