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GUERRA CONTRA EL TERRORISMO | La zona del conflicto

La ONU intenta poner orden en la lucha por el poder en Afganistán

La Alianza del Norte exige a las tropas británicas que abandonen una base en una semana

El vacío de poder provocado tras el hundimiento del régimen talibán ha desatado una disputa entre el principal frente de oposición a los integristas, la Alianza del Norte, y Naciones Unidas, que quiere que todas las fuerzas afganas estén representadas en un Gobierno de unidad nacional. El internacionalmente reconocido como presidente del país, Burhanudin Rabbani, se presentó ayer de improviso en Kabul, aunque el enviado de la ONU, el español Francesc Vendrell, le advirtió de que no podrá convertirse automáticamente en el líder del nuevo Afganistán. Mientras, los talibanes sembraron la confusión sobre el paradero de Osama Bin Laden y del mulá Omar.

Pocos días después de que los talibanes abandonaran Kabul y la capital afgana fuera tomada sin contratiempos por la Alianza del Norte, el presidente afgano Burhanudin Rabbani regresó ayer a la ciudad, según informó la agencia France Presse. Han pasado cinco años desde que fuera expulsado de allí tras perder el poder precisamente a manos de los talibanes.

Rabbani, a quien Naciones Unidas siempre ha reconocido como el legítimo presidente de Afganistán, llegó a Kabul acompañado de altos oficiales de la Alianza del Norte. Sin embargo, casi a la vez aterrizó en la capital el español Francesc Vendrell, enviado especial de Naciones Unidas, quien advirtió a Rabbani que no podría convertirse automáticamente en el nuevo líder del país, ya que muchos grupos rechazan su autoridad. Rabbani aseguró que no había entrado en Kabul con intención de formar un Gobierno, que no había nombrado ministros y anunció que había invitado a las diferentes facciones opositoras a los talibanes a unas conversaciones cuyo objetivo es formar un Gobierno de amplia base.

A pesar de las palabras del líder afgano aceptando las advertencias de la ONU, sólo 24 horas antes de regresar a Kabul, Rabbani aseguró que no tenía planes para retornar a la capital por lo menos en tres meses y que el Consejo Militar de la Alianza del Norte estaba estudiando un medio para abandonar el poder.

Vendrell explicó al programa en lengua pastún de la emisora BBC que Rabbani podrá ser presidente de lo que él denomina Estado Islámico de Afganistán, pero que eso no le convierte en el presidente del nuevo Afganistán e insistió en la necesidad de un amplio consenso entre todas las tribus y facciones presentes en el conflicto.

Postura endurecida

La Alianza del Norte, tras el desplome del régimen talibán, comienza a endurecer su actitud, y no sólo respecto a la formación de un Gobierno provisional, sino en cuanto a la presencia de tropas extranjeras en el Afganistán que controlan sus milicianos.

Ayer mismo varios jefes militares se quejaron por no haber sido informados previamente del despliegue, el pasado jueves, de soldados británicos en la base aérea de Bagram, en las cercanías de Kabul. Un portavoz de la Alianza declaró a la agencia Reuters que los británicos debían abandonar la capital en una semana y que sólo 15 soldados británicos podrían permanecer en Bagram para cumplir tareas humanitarias. Un portavoz del Ministerio de Defensa británico recalcó desde Londres que sus tropas estaban en Afganistán para quedarse.

A su vez, el titular de Defensa, Geoff Hoon, negó que el despliegue británico se hiciera sin el conocimiento de la Alianza, cuyos representantes, tras pedir ayuda internacional para combatir a los talibanes, insistieron ayer en que es necesario tener en consideración 'los sentimientos del pueblo afgano y de los países vecinos' antes de aprobar el despliegue de una gran fuerza militar internacional.

La toma de la base de Bagram por los británicos es considerada fundamental, ya que permitiría la entrada inmediata en Afganistán de miles de soldados occidentales que esperan en diferentes bases y flotas diseminadas por la zona.

Y precisamente cuando parece que surgen los primeros desacuerdos entre la Alianza del Norte y los países occidentales, el Gobierno ruso envió una delegación diplomática a Kabul para tratar de establecer relaciones con las nuevas autoridades afganas. Sin embargo, el mal tiempo impidió a esta misión llegar ayer a la capital afgana. Oficialmente, la delegación rusa debía encontrarse con el enviado especial de Naciones Unidas, aunque fuentes afganas confirmaron que también tenían previsto reunirse con Rabbani y sus hombres. Desde Moscú se recalcó, además, que 'no ha habido, ni hay, ni habrá', tropas especiales rusas desplegadas en Afganistán.

También en el frente diplomático Irán se prepara para abrir su Embajada en Kabul tras la partida de los talibanes, según un responsable diplomático citado ayer por el diario gubernamental Iran Daily. A su vez, el presidente chino, Jiang Zemin, y su homólogo paquistaní, Pervez Musharraf, pidieron el pronto establecimiento de una 'autoridad interina' en Afganistán para controlar la situación en Kabul, según informó la agencia estatal china de noticias Xinhua.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de noviembre de 2001