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CONFERENCIA EN MADRID

Aznar afirma que España no tuvo durante su transición el apoyo internacional que merecía contra el terrorismo

'No hay más radical enemigo de la democacia que el fanático', pues, 'en los casos más patológicos, es capaz de llegar a asesinar a quien no encaja en su proyecto político, para intentar imponer, por vía del terrorismo', sus propias ideas, dijo ayer el presidente del Gobierno, José María Aznar, en la sesión inaugural de la Conferencia sobre la Transición y Consolidación Democráticas. 'Afortunadamente', añadió, 'las transiciones del futuro contarán cada vez más con el apoyo de la comunidad internacional para neutralizar a elementos de esa especie. España no tuvo siempre esos apoyos en la medida que los merecía'.

Las quejas españolas por la falta de cooperación de la policía francesa frente a ETA fueron constantes durante los años de la transición, cuando también se registraron problemas del mismo tipo en Bélgica y otros países centroeuropeos. Hoy esa situación ha sido corregida y el Gobierno español tiene grandes esperanzas en que el impulso a la cooperación antiterrorista resultante de los atentados del 11 de septiembre permitirá colmar las lagunas que todavía quedan.

La mayoría de los líderes reunidos ayer en Madrid utilizaron su turno de la palabra para hablar de la situación mundial tras esos atentados, y con frecuencia para advertir de las secuelas negativas que la lucha internacional contra el terrorismo pueda implicar para las democracias. Aznar advirtió, sin embargo, que limitaría su intervención al tema estricto que da título a la conferencia.

'El proceso por el cual un padre, con el trabajo de sus manos, consigue ahorrar el dinero suficiente para que sus hijos inicien un negocio y sus nietos sean enviados a la Universidad es la fuerza de arrastre de todas las transiciones', dijo Aznar, para expresar que el impulso del cambio parte siempre de la sociedad y que 'la grandeza del líder' consiste en 'romper las cadenas que aherrojaban el devenir de sus pueblos'. El rey Juan Carlos y el ex presidente del Gobierno Adolfo Suárez merecieron sendas menciones por las contribuciones que prestaron en ese sentido a la transición española.

Aquel proceso, 'coronado por el éxito y que, afortunadamente, pertenece al pasado', conserva, según Aznar, 'lecciones históricas de validez universal', entre las que destacó que 'el desarrollo del tejido económico y jurídico de una sociedad es clave para su transición a la democracia'. Dadas las deficiencias que los países del este de Europa presentan en esos terrenos, debido a que 'la brutalidad del totalitarismo había congelado su desarrollo vital', el presidente consideró que sus transiciones 'son doblemente meritorias'.

Ante una audiencia con gran representanción de países del Este, Aznar destacó el riesgo de la corrupción propiciada por 'quienes en los resquicios del poder, cuando no desde el poder mismo, se prevalen de aparatos de justicia aún no suficientemente desarrollados para su propio provecho'. Y dio como receta original la de 'aligerar el intervencionismo estatal', ya que, dijo, 'si el Gobierno devuelve el poder a los individuos, al final la ley acaba extirpando a los corruptos'.

La clave de toda transición, según Aznar, está, no obstante, en 'la flexibilidad', que implica, a la inversa, 'una firme intransigencia frente a los intolerantes'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de octubre de 2001