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ENTREVISTA

"Argentina no está en condiciones de hacerse cargo de la compañía"

Los problemas se acumulan a velocidad de vértigo para el Gobierno argentino. La economía vive bajo periódicos sobresaltos, el descontento se extiende a amplios sectores empobrecidos de la población, el último presidente está detenido por un escándalo de corrupción y la salud del presidente actual acaba de dar un susto. El último dolor de cabeza para Fernando de la Rúa se llama Aerolíneas Argentinas, porque el conflicto en esta compañía emblemática amenaza con envenenar las privilegiadas relaciones entre Argentina y España.

Convaleciente de una intervención quirúrgica, De la Rúa comparece arropado por varios de sus asesores. Nada más empezar la entrevista lanza su mensaje: 'Ninguna de estas situaciones significa conflicto entre Argentina y España. Ni afecta el sentimiento de amistad entre ambos países, ni desmerece el reconocimiento por la confianza que España puso en Argentina al invertir aquí. La mitad del pueblo argentino lleva sangre española en sus venas'. En el despacho presidencial resuena el eco de los petardos que lanza en la calle un grupo de desempleados.

Pregunta. ¿Ha permitido algún avance en la crisis de Aerolíneas el viaje a España de su ministro de Infraestructura, Carlos Bastos?

Respuesta. La noticia es que la SEPI (Sociedad Estatal de Participaciones Industriales) considera seguir operando la aerolínea, sólo que hará una convocatoria de acreedores para ordenar las cuentas. Espero que esto permita una negociación con los sindicatos y el funcionamiento de la compañía. Luego ya decidirán si transfieren la compañía a otro grupo.

P. ¿Descarta la quiebra?

R. Esto habría sido una mala noticia. Por eso es buena la información del ministro Bastos de que con el concurso de acreedores no hay quiebra. Una quiebra implica la liquidación; el concurso significa esfuerzo para ir adelante.

P. Pero la SEPI sigue planteando el plan director de reestructuración, aceptado por todos los sindicatos menos uno.

R. Bueno, eso lo negociará ahora con los sindicatos. Por eso digo que está muy próximo un acuerdo.

P. ¿Qué opina de ese plan?

R. No me corresponde como presidente opinar sobre decisiones empresariales, porque convertiríamos el tema en un asunto del Estado. Creo que es un programa de reordenamiento y racionalización, como han hecho la mayoría de las aerolíneas del mundo.

P. ¿Es cierto que el Gobierno argentino ha llegado a un acuerdo con un grupo empresarial para hacerse con el control de Aerolíneas?

R. No. El Gobierno no se ocupa de eso. Quiero repetir este concepto fundamental: para nosotros es un conflicto entre una empresa y un grupo de sindicatos. Claro que lo miramos con interés, porque están en juego 7.000 empleos y el tráfico aerocomercial en Argentina.

P. Vistos los incidentes ocurridos en el aeropuerto de Ezeiza, muchos argentinos se preguntan si no ha habido pasividad por parte del Gobierno a la hora de garantizar los derechos de los pasajeros.

R. Yo también he visto imágenes de conflictos en Orly, Fiumicino y en otros aeropuertos, todas expresión de un conflicto gremial.

P. Pero una compañía aérea ha cancelado sus vuelos a Argentina por razones de seguridad.

R. Sí, es cierto. American Airlines lo ha hecho y también hemos recibido un comunicado de la asociación de compañías pidiendo que se garantice la seguridad. Y así lo vamos a hacer.

P. ¿Está emergiendo un sentimiento de rechazo hacia lo español debido al conflicto en Aerolíneas?

R. Es imposible que haya en Argentina un sentimiento antiespañol. Los vínculos son tan fuertes y la presencia es tan importante, que no puede darse ese sentimiento. Ciertamente, hay un sentimiento nacional de la mayoría de los argentinos por la empresa de aviación, que lleva tantos años en el país. Si alguien ha propiciado un boicoteo a lo español, no va a tener ningún eco en la población.

P. Usted ha asegurado que Aerolíneas seguirá funcionando. ¿Su confianza está basada sólo en la Administración española o cree que si las negociaciones fracasan hay otra posibilidad?

R. He dicho claramente que el Estado argentino no está en condiciones de hacerse cargo de la compañía. Pero estoy seguro de que Aerolíneas seguirá volando. Puede ser que siga la SEPI o que, una vez saneada, venda la empresa.

P. Si Aerolíneas es un símbolo en Argentina, ¿no cree que el Gobierno no puede escudarse en que se trata de un problema meramente sindical y empresarial?

R. Pero tampoco puede asumir roles que no le competen. El Gobierno argentino tiene sólo el 5%.

P. ¿Qué siente cuando se ponen la camiseta de Salvemos Aerolíneas futbolistas, artistas, músicos...?

R. Todo esto crea un sentimiento nacional y hay que tratarlo con respeto. Pero hay que hacer comprender a los que negocian y a los sindicatos que deben actuar con racionalidad y buscar soluciones constructivas.

P. ¿La situación de Aerolíneas pone en entredicho el proceso de privatizaciones en Argentina?

R. Antes de ser presidente, pertenecí a la oposición. Cuestioné muchas privatizaciones. Una de las que critiqué desde el primer momento fue la de Aerolíneas. Otra privatización muy discutida fue la de YPF. Nosotros señalamos la inoportunidad de la venta de las acciones de la petrolera en 1999. Fue un gran negocio para Repsol, porque el barril estaba a 12 dólares. Los precios actuales muestran cómo acertaron ellos y erró el Gobierno argentino

P. ¿Cuándo ha hablado por última vez con el presidente Aznar?

R. Estas cosas no se dicen.

P. ¿Quién está detrás de la campaña contra los intereses españoles?

R. Son algunas declaraciones y nada más.

P. A pesar de que algo se palpa en el ambiente.

R. El presidente argentino le certifica la amistad entre argentinos y españoles, la seguridad para sus empresas, inversiones y negocios.

P. ¿Preferiría que Aerolíneas siguiera en manos españolas o que entrara un nuevo inversor?

R. Por temperamento me gusta que las cosas salgan bien, aunque me equivoque. Cuestioné en su día la privatización y desearía estar equivocado, y ver que estando en manos españolas la empresa es rentable. Ahora bien, si hay deseo de vender, que se transfiera a un grupo responsable que lleve al éxito la empresa.

El futuro judicial de Carlos Menem

A Fernando de la Rúa le parece que la detención y procesamiento del ex presidente Carlos Menem tiene una notable trascendencia para la imagen del país. "porque en un mundo tan comunicado como este se mira también qué ha pasado en un país donde un ex presidente esta enjuiciado de esta manera". Sin embargo, De la Rúa no para de repetir que el actual Gobienro no tiene nada que ver en esa causa: "Como presidente me preocupa pero dejo claro que el Gobierno no ha tenido nada que ver".Consciente de la repercusión que está teniendo el caso, y respetando la independencia de la Justicia, el presidente argentino desea que se resuelva cuanto antes el futuro de su predecesor. "porque en temas de esta naturaleza es preciso que haya decisiones rápidas y objetivas". De la Rúa recuerda que la causa en la que Menem está imputado comenzó en 1995, por lo que rechaza completamente que el ex presidente sea un perseguido político, como han dicho algunas personas de su entorno más cercano.De la Rúa exculpa totalmente al actual ministro Cavallo de cualquier responsabilidad en el caso, pese a que firmara también los decretos de venta de armas: "Creo que la verdad objetiva es que ya en su tiempo el ministro Cavallo explicó, porque se presentó en la causa, cuál es el alcance de su firma en el decreto. Está absolutamente exculpado y libre de responsabilidad".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de junio de 2001

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