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La huelga general en Argentina se convierte en una jornada contra las empresas españolas

Los manifestantes arrojaron un 'cóctel mólotov' contra una oficina de Telefónica en Mendoza

En Buenos Aires, la jornada empezó con la quema de banderas de España y EE UU, y siguió con lanzamiento de huevos contra las oficinas de Telefónica, Repsol e Iberia, donde se realizaron pintadas y se desparramó y quemó la basura de varios contenedores. Los manifestantes proferían consignas contra el Gobierno español y pedían la devolución de Aerolíneas, al borde de la quiebra, al Estado argentino.

La quinta huelga desde que en diciembre de 1999 asumió la Alianza gobernante que encabeza el presidente De la Rúa fue convocada por el ala dura de la Confederación General del Trabajo(CGT) y a la que se adhirieron el Congreso de los Trabajadores Argentinos(CTA) y el Movimiento de Trabajadores Argentinos(MTA), las tres centrales sindicales de orientación peronista. El paro se hizo sentir en las principales ciudades a pesar de las intimaciones del Ministerio de Trabajo porque contaba con el apoyo de gremios decisivos como los maestros y los conductores de autobuses. Las columnas de militantes sindicales repetían su consigna 'contra el modelo económico', a la que sumaron un llamamiento al 'boicot contra los capitales españoles'.

La ministra argentina de Trabajo, Patricia Bullrich, aseguró que denunciaría a las centrales sindicales ante la Organización Internacional del Trabajo(OIT) porque, según dijo, 'se está violando la libertad sindical, los trabajadores se enteraron por televisión de la huelga que decidieron cuatro dirigentes'. Y añadió: 'Hay un abuso y una utilización política del derecho de huelga'. Víctor De Gennaro, líder del Congreso de los Trabajadores Argentinos (CTA), dijo a su vez que 'la ministra no sabe de lo que habla'. Por su parte, Hugo Moyano, secretario general del sindicato de camioneros y líder del sector 'combativo' de la CGT, ratificó la decisión de convocar a 'todos los paros que sean necesarios para cambiar el modelo de hambre y miseria' y se comprometió a 'echar del gobierno al ministro de Economía, Domingo Cavallo, si no cambia y sigue con esta política económica'. Las centrales sindicales reclaman el aumento del salario mínimo a 450 dólares, un subsidio de 250 dólares para casi tres millones de indigentes y desocupados y 'políticas económicas activas para salir de una recesión que ya lleva tres años'.

A pesar del escaso porcentaje de imagen positiva que tienen los dirigentes sindicales, según los sondeos de opinión, estimada entre el 5% y el 10%, el control autoritario de las organizaciones y la disciplina de los delegados garantiza que los trabajadores de los gremios que se adhieren a una huelga cumplan con el compromiso. Ayer no hubo clases en las escuelas, no funcionaron las entidades bancarias, ni la Administración pública, ni los tribunales. De igual modo, no sesionó el Congreso, ni despegaron los aviones de Aerolíneas Argentinas y casi no hubo actividad en el puerto. Los empleados de las grandes empresas privadas llegaron a sus trabajos en coche, taxi, metro y en trenes que saleron con demora.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de junio de 2001