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CUMBRE DE LAS AMÉRICAS

Las protestas cercan la cumbre americana de Quebec

Quince mil manifestantes rompen los cordones de seguridad en protesta por la globalización

La III Cumbre de las Américas, que pretendía ser el gran estreno internacional del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, y de sus planes de ampliar el libre comercio a todo el continente americano, ha terminado pareciéndose a la de Seattle de la Organización Mundial de Comercio, en 1999. Las batallas campales entre policía y manifestantes robaron entonces protagonismo a los líderes mundiales; lo mismo ha sucedido ahora en Quebec. Miles de manifestantes lograron romper los controles policiales. Los gases lacrimógenos llegaron a entrar en el mismo lugar de las reuniones. Fidel Castro, el gran ausente de la cumbre, envió desde La Habana un saludo de 'simpatía'... a los manifestantes.

Por segundo día consecutivo, y mientras 34 líderes celebraban la primera sesión plenaria de la III Cumbre de las Américas, el centro de Quebec se llenó ayer del humo ácido y picante de los gases lacrimógenos. Mientras grupos anarquistas se enfrentaban a los uniformados, unas 15.000 personas arrancaban pacíficamente la llamada Marcha de los Pueblos. George W. Bush, Vicente Fox, Fernando Henrique Cardoso, Fernando de la Rúa, Ricardo Lagos y los demás hablaban de democracia y libre comercio como pilares de la futura integración continental, pero les costaba hacerse escuchar.

Como ocurrió en Seattle en 1999, las protestas contra la globalización, por las que expresaron su simpatía el brasileño Cardoso y el venezolano Hugo Chávez, arrebataban el protagonismo a los políticos. En Cuba, Fidel Castro, ausente de Quebec, dio a conocer un mensaje en el que expresó su 'admiración por el comportamiento valiente y heroico' de los manifestantes que luchan 'contra el intento de EE UU de tragarse América Latina', informa Mauricio Vicent desde La Habana.

Los manifestantes ganaron una primera gran victoria en la noche del viernes, cuando, a patadas, lograron derribar parcialmente la barrera de cemento y alambradas construida por la policía canadiense en torno al centro de Quebec. La caída de un trozo de lo que llaman muro de la vergüenza vigorizó a los manifestantes, que en su combate con la policía fueron ayudados por un viento del Norte que devolvía los gases lacrimógenos a los que los lanzaban. Siguieron unas seis horas de escarceos callejeros, hasta bien entrada la madrugada de ayer, que se tradujeron en una treintena de detenciones.

En estos primeros enfrentamientos participaron unos 2.000 jóvenes, movilizados, según la Policía Montada de Canadá, por el grupo anarquista estadounidense Black Bloc. Acorralados en sus hoteles, los líderes americanos tuvieron que aplazar una hora la ceremonia inaugural de la cumbre y suspendieron o acortaron varias reuniones bilaterales. Bush anuló la que debía haber celebrado con 15 líderes caribeños y celebró otra con los países andinos, a la que no pudieron acudir el brasileño Cardoso y el boliviano Hugo Bánzer.

'Si protestan por el libre comercio, no estoy de acuerdo', declaró ayer Bush a los periodistas. 'Creo que el comercio es importante para este hemisferio. No sólo expande la prosperidad, sino que ayuda a expandir la libertad'. Más tarde, en su discurso en la primera sesión plenaria, Bush dijo que quiere construir 'un hemisferio democrático, ligado por la buena voluntad y el libre comercio'. El titular de la Casa Blanca se comprometió ante sus pares a solicitarle al Congreso el permiso (fast track) para negociar el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas.

Con aire carnavalesco y la participación de hasta 15.000 personas, una segunda manifestación, la llamada Marcha de los Pueblos, que incluía desde zapatistas mexicanos e indígenas ecuatorianos hasta ecologistas canadienses y anarquistas estadounidenses, arrancó en el centro de Quebec poco después de que Bush hiciera esa promesa. Al cierre de esta edición, grupos aislados causaban varios enfrentamientos con la policía canadiense.

Los manifestantes denunciaban que la globalización es un instrumento de las multinacionales para expandir sus negocios en detrimento de los derechos laborales y el medio ambiente.

El brasileño Cardoso, el segundo gran protagonista de este encuentro tras Bush, había expresado la noche anterior sus simpatías con las protestas contra 'una globalización económica sin rostro humano'. También le había tirado una pulla a Bush por su negativa a ratificar el tratado de Kioto contra el recalentamiento de la atmósfera. 'Insistiremos', dijo Cardoso, 'en que los beneficios del libre comercio sean repartidos equitativamente. Las aperturas comerciales deben ser recíprocas y deben conducir a reducir en vez de agravar las disparidades'.

Aunque muy partidario del librecambio, el presidente mexicano Fox también tocó la música popular y propuso una reducción continental de los gastos de defensa en beneficio de los sociales. Y Javier Pérez de Cuéllar, primer ministro peruano, pidió la redacción de una 'carta democrática interamericana'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 22 de abril de 2001