Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Un cronista de fin de siglo gana el Cervantes 2000

La pluma incisiva de Umbral logra el Cervantes tras cinco horas de deliberaciones

El escritor, exultante, declara que es un "triunfo político" y se lo dedica a Cela y a José Hierro

Francisco Umbral logró ayer el Premio Cervantes, dotado con 15 millones de pesetas. Tras cinco horas de deliberaciones, el jurado consideró que su obra ha contribuido a enriquecer el legado literario. Varios miembros del jurado pusieron de relieve que se trata de un verdadero creador del lenguaje, original, que va innovando y enriqueciendo, y que ha cultivado muchos géneros literarios. Gran especialista en literatura memorialista y columnista diario en prensa desde hace tres décadas, Umbral, que ya logró el Príncipe de Asturias en 1996, recibió la noticia, exultante, en su casa de Majadahonda (Madrid) y definió el galardón como un premio literario, pero también político: "Un triunfo sobre la España del pasado".

Tras una maratoniana reunión del jurado y después de 10 votaciones, Francisco Pérez Martínez, escritor y periodista (Madrid, 1935), mucho más conocido como Paco Umbral, logró ayer el Premio Cervantes, superando en la final al poeta y académico Carlos Bousoño por seis votos a cuatro.Exultante, embriagado por este premio largamente esperado y repetidamente anunciado, un Umbral locuaz y muy amable recibió la noticia en su lujoso chalé de Majadahonda (Madrid), donde invitó a whisky y champaña francés a algunos periodistas que durante varias horas de tensión esperaron con el columnista y su esposa, María España, la decisión del jurado, que se demoró hasta las 18.15. "Este premio es una barbaridad, se han equivocado completamente", dijo Umbral. "Lo he esperado largo tiempo. Hasta esta tarde. Pero se han puesto pesados y aquí no llamaba nadie. Menos mal que la espera ha sido divertida gracias a los compañeros periodistas y al Moët Chandon, que ameniza mucho".

Vestido con pantalón vaquero, botos negros brillantes, camisa y pañuelo de seda rosa y una americana de franela azul, el autor de Mortal y rosa departió después con la prensa que iba llegando a la casa. Estuvo ocurrente a ratos y un poco contradictorio. Dijo, entre otras cosas: "Ahora ya me puedo morir tranquilo, pero no pienso morirme, porque debo ser uno de los Cervantes más jóvenes de la historia". "No es un premio al columnista, en absoluto. Es un premio literario. Pero a la vez es un premio político, una disputa entre la España felizmente desaparecida y una España un poco más actual, mucho más moderna y progresista". "¿Sigue usted siendo de izquierdas?", le preguntó alguien. "Sí, de izquierdas, y más que nunca".

Entre pregunta y respuesta, el escritor atendía las llamadas de felicitación que le iba filtrando María España. La primera fue del secretario de Estado de Cultura, Luis Alberto de Cuenca, al que Umbral dijo textualmente: "¡Ay, mi amor, cuántas cosas te debo! Me has hecho un hombre. De verdad que estoy con vosotros. Cuenta conmigo para lo que quieras".

Enseguida llegó la llamada de la Zarzuela. Umbral volvió a levantarse para coger el teléfono, diciendo: "¿Será de la Zarzuela del Rey o de la clínica la Zarzuela?". Y luego, ya al aparato: "Gracias, majestad. Está usted en todo, lo mismo en los balandros que en la literatura".

Pero el momento cumbre de la tarde en Majadahonda fue la llegada a la casa de Pedro J. Ramírez, director de El Mundo, el diario donde Umbral colabora desde 1989.

Ambos se fundieron en un abrazo, el primero besó en la frente al segundo, intercambiaron mutuas exclamaciones admirativas, se hicieron varias fotos y Ramírez espetó: "Nos has hecho sufrir más que el indulto de Liaño". A lo que Francisco Umbral contestó: "Sí, pero les hemos ganado".

Al parecer, el escritor se refería en concreto a un sector de la Real Academia Española que, según él, se opone hace 20 años a su entrada en la Academia. Finalmente, el autor de Las palabras de la tribu agradeció la ayuda de tres miembros del jurado del Cervantes de este año: Camilo José Cela, José Hierro y el crítico Miguel García Posada, "que se lo han trabajado a muerte".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 13 de diciembre de 2000