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CRISIS EN LA UE

La derecha alemana pierde el control del Tribunal de Cuentas

Friedmann cede la presidencia a un sueco, más independiente

La derecha alemana ha pagado un precio por su ofensiva contra la Comisión Europea en el Parlamento de Estrasburgo con la pérdida de su control sobre el Tribunal de Cuentas comunitario, el órgano que fiscaliza la gestión presupuestaria del Ejecutivo europeo. Los 15 miembros del tribunal sustituyeron el viernes al presidente, el antiguo diputado de la CDU (democristiano) Bernhard Friedmann, conocido por su partidismo, por el miembro sueco de la institución, duro pero más independiente, Jan Karlsson.

Los democristianos alemanes encabezaron la ofensiva para derribar a la Comisión en la moción de censura que perdieron el jueves en el hemiciclo, secundados por socialdemócratas y verdes locales. Esa unanimidad suscitó la rebeldía contra la pretensión hegemonista alemana, que fracturó en dos al Partido Popular Europeo (PPE, democristiano).De aquellos polvos, estos lodos. El tribunal renovó su presidencia el viernes. Aunque era un relevo normal, al acabar el mandato de tres años, sus circunstancias lo configuran como un revés para la derecha alemana. En efecto, Friedmann no era un experto hacendista cualquiera, sino un ex diputado democristiano en el Bundestag, que condujo al tribunal a "extremos desorbitados de politización", según fuentes comunitarias. Asistía a las reuniones mensuales de los líderes del PPE -más políticas que técnicas- e increpaba al presidente de la Comisión, Jacques Santer.

Y, sobre todo, manejó a su antojo la publicación de los informes auditores sectoriales. En su día ya frenó la aparición del elaborado sobre el aceite de oliva (favorable a España). Durante esta crisis aceleró los más críticos con los países o comisarios del sur (ayuda humanitaria, Mediterráneo) y retrasó los desfavorables a los intereses alemanes (ha retenido durante los dos últimos meses el informe sobre la ayuda a Rusia y al Este). Es decir, filtró a placer lo que convino en cada caso.

"Ha abusado de hacer política, su procedencia parlamentaria le ha marcado", reconoció un próximo al cesante, que elogió sin embargo su capacidad técnica. En lo positivo destaca también la productividad del tribunal, que durante 1998 fiscalizó a la Comisión con su informe general anual, 25 especiales, 11 dictámenes y 15 informes sectoriales.

Friedmann no sólo no pudo el viernes optar a la reelección -algo posible, aunque no sea habitual repetir mandato-, sino que ni siquiera estuvo en condiciones de patrocinar un sucesor. Se presentó el sueco Jan Karlsson (Estocolmo, 1939), el favorito candidato de consenso. Pero varios propusieron testimonialmente al portugués De Sousa Ribeiro, como símbolo de que también un mediterráneo podía optar, contra la propaganda de origen centroeuropeo. Prácticamente empataron. De Jan Karlsson, que ha controlado la gestión de las ayudas a los países en desarrollo, se espera una actitud siempre "dura y exigente", pero también "menos orientada a provocar escandalera, y más a la eficacia".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de enero de 1999