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La NASA analiza los sueños de Glenn a 560 kilómetros del suelo

Pedro Duque mantendrá hoy una videoconferencia con escolares

El veterano astronauta John Glenn, de 77 años, se ha convertido en una especie de experimento geriátrico viviente a bordo del transbordador Discovery, que ayer enfiló su cuarto día en órbita. Glenn duerme desde ayer con un casco equipado con 23 sensores que miden hasta sus ronquidos, y escribe por la mañana lo que recuerda del contenido de sus sueños. La NASA espera aprender algo sobre el insomnio de los mayores.

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El astronauta y médico Scott Parazynski, a quien Glenn llama Igor en jocosa referencia al ayudante del Doctor Frankenstein, ya ha empezado a tomar muestras de sangre del senador retirado y a inyectarle aminoácidos en vena. Glenn lleva además un termómetro encapsulado -que tuvo literalmente que tragarse el primer día de la misión del Discovery- para medir la temperatura en distintos puntos de su intestino. "Era del tamaño de la mayor pastilla de vitaminas que uno puede ver en su vida", comentó Glenn sobre el artefacto comestible.El casco para dormir tampoco goza del favor del veterano tripulante, que ha dicho sobre él: "Parezco una especie de bicho con todos esos apéndices que salen de mi cabeza, pero tampoco es tan incómodo como parece", ha comentado.

Los científicos de la NASA esperan obtener información sobre las alteraciones del sueño en las personas mayores, pero quizá Glenn no es el objeto ideal de estudio, porque declaró antes de despegar que suele dormir ocho horas de un tirón todas las noches.

Además, Glenn dice sentirse mejor en órbita que en la Tierra: "Para un tipo de cierta edad, es una ventaja estar aquí arriba, porque en gravedad cero te puedes mover mucho más fácilmente; aunque también me he dado bastantes golpes en la cabeza mientras flotaba por ahí".

El director de la NASA, Daniel Goldin, defendió ayer, una vez más, el papel de Glenn en esta misión del Discovery, en respuesta a numerosas críticas que han calificado la presencia del viejo astronauta a bordo como golpe publicitario de la agencia espacial estadounidense. "Él va a hacer buena ciencia", dijo Goldin ayer. Reconoció que todo esto tiene un componente publicitario, pero señaló que generar un interés renovado por el espacio entre la población es positivo.

La NASA esperaba ayer resarcirse del incómodo fracaso sufrido por el transbordador Columbia el año pasado y soltar, esta vez con éxito, el satélite Spartan, que debe observar las erupciones y los vientos solares desde fuera de la nave. El Spartan pesa 1.200 kilos y contiene dos instrumentos para medir la temperatura de la corona de la estrella y la velocidad del viento solar que la estrella emite en forma de partículas cargadas y que baña el sistema solar. No se trata exclusivamente de investigación básica, sino que la información que se logre tiene importantes aplicaciones, ya que las erupciones solares afectan normalmente a la meteorología terrestre, y también a las telecomunicaciones y a los satélites en órbita.

Las mediciones obtenidas por el Spartan permitirán también a los científicos recalibrar los instrumentos de otro satélite de observación solar, el Soho, que fue lanzado en 1995. El Spartan es otro veterano del espacio: ya ha sido utilizado cinco veces desde 1993, si bien en su última misión, en 1997, un error de manipulación por parte de los astronautas le impidió funcionar correctamente.

Para soltar en el espacio el Spartan, y para recuperarlo después, los astronautas del Discovery cuentan con la ayuda del brazo robótico articulado que va sujeto en la bodega del transbordador junto a la cabina.

Los cinco experimentos europeos a bordo, de los que el astronauta español Pedro Duque es responsable, se están desarrollando conforme a lo previsto, según indicó el jefe de control de la misión en el centro espacial Johnson, de la NASA, en Houston. Estos ensayos, algunos diseñados por científicos españoles, abordan cuestiones de biología y de física de materiales.

Hoy está previsto que Duque mantenga una videoconferencia con un grupo de escolares españoles y con la ministra de Educación y Cultura, Esperanza Aguirre. Desde el palacio de La Moncloa, Aguirre y los muchachos conectarán con el Discovery a primera hora de la tarde para hablar con el primer astronauta español durante unos cinco minutos. La esposa de Duque tendrá una sola ocasión de conversar con él a lo largo de los nueve días de misión espacial.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de noviembre de 1998