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Tribuna:

El último aceite

Los españoles siempre estamos pendientes del último minuto. Es un destino agónico el nuestro, como si los dioses nos hubiesen condenado a dilucidar nuestros asuntos en el umbral de las postrimerías. Nos argumentamos sobre la base nada racional del milagro y en manos de los milagros dejamos que se resuelvan aquellos asuntos que no hemos sabido resolver en la tierra. Antonio Luna, coordinador de la Mesa Nacional para la Defensa del Aceite de Oliva, al hilo de la reforma Fischler del aceite, ha abundado en este funesto destino diciendo que la clave de todo este pringoso asunto aún no está cerrada y que se espera sacar un resultado favorable aunque sea en el último minuto. Invoca un milagro del próximo Consejo de Ministros europeo que se va a celebrar este fin de semana. Encendamos una lamparilla de aceite al santo con más jerarquía. El pesimismo español está cargado de notables últimos minutos. Parece como si el reloj de nuestra historia fuera el mismo que pintaba Dalí, tan derretido por los surrealismos nacionales y marcando siempre la misma hora del agónico último minuto de lo casi imposible. Con la reforma Fischler del aceite no podía ocurrir de otra forma. Europa, con los intereses italianos jugando sus mejores bazas, va a convertir a nuestro olivar en el Zubizarreta vulnerable y subestimado ante Nigeria. Los técnicos de Fischler se pasaron por el forro de sus voluntades la producción real española. La valoraron sobre años de sequía muy puntuales y el mismo comisario, dando dudosas pruebas sobre el conocimiento del olivar, se comió una aceituna cogida en un campo andaluz directamente de un árbol. Como sólo lo hacen los estorninos. Ocurre, sin embargo, que desde un principio nunca fuimos todos a una con el tema de la reforma aceitera. Perdimos tiempo buscando la unión de intereses y ahora nos encomendamos, como casi siempre, al milagro del último minuto. Pase lo que pase este fin de semana concluyamos, de una vez para todas, que con las cosas de comer no se juega a hacer política y que con el vino nos espera otra melopea importante.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 18 de junio de 1998