EL DEBATE SOBRE EL EMPLEO

Bruselas "Iamenta" que España se descolgase del acuerdo de Luxemburgo

Una gran satisfacción reina en la Comisión Europea por los acuerdos de la cumbre de Luxemburgo para lanzar un esbozo de política comunitaria de empleo. Pero las cañas se toman lanzas críticas cuando Bruselas enjuicia la actitud del Gobierno español -que se autoexcluyó del principal acuerdo concreto- según la primera evaluación realizada ayer, en la que "lamenta" que nuestro país se descolgase del acuerdo y lo juzga "perjudicial para su credibilidad".

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Evitar todo compromiso con los parados

Un alto funcionario próximo al comisarlo de Asuntos Sociales, el irlandés Pádraig Flynn, reiteró ayer su buena impresión, coincidente con la del presidente Jacques Santer, sobre el Consejo Europeo extraordinario. "No hemos obtenido todo lo que pretendíamos, pero sí lo principal: para la política de empleo hay un antes y un después de la cumbre", dijo, especialmente porque se ha logrado "cuantificar algunos objetivos", como el compromiso de ofrecer la reinserción laboral o formativa a los parados de larga duración y a los jóvenes en el plazo máximo de cinco años.Con euforia, esta fuente concluyó que "Flynn ha marcado huella en el proceso de construcción europea". Y anunció que la Comisión será "muy rigurosa" en el examen de los planes anuales de empleo de cada uno de los Estados miembros, "sin temblarle la mano a la hora de emitir recomendaciones con valor de sanciones morales", si es preciso.

Pero ese optimismo se torna en "profunda decepción" respecto a la actuación española en la cumbre. "El presidente Aznar mantuvo una actitud destructiva por ser destructiva, no para ofrecer alternativas constructivas de avance", enjuició el alto funcionario. Según éste, "España ha malgastado con ello algunos cartuchos, erosionando su credibilidad para cuando los necesite en batallas decisivas" como la defesa de la política de cohesión en el debate sobre las perspectivas financieras o el paquete presupuesutario plurianual.

Apoyo de Irlanda

Aunque ése es el balance del equipo de Flynn en tanto que comisario europeo, no hay que olvidar que el responsable de Asuntos Sociales es un ciudadano -conservador- irlandés. Y que Irlanda es un aliado privilegiado de España, con Grecia y Portugal, en la defensa del reequilibrio estructural de la UE, concretamente para que la ampliación a los países más pobres del Este no suponga una merma del Fondo de Cohesión del que gozan estos cuatro países.La decepción de Bruselas es también consecuencia de las expectativas que acariciaba antes de la cumbre. "El ministro Arenas dio a entender al comisario que apoyarían el compromiso final, siempre estuvo más positivo que luego su presidente", precisó esta fuente, extrañándose de que "un país con tal elevado índice de paro se automargine" del mismo. Fuentes oficiales españolas informaron que Arenas se ofreció a asistir a la cumbre y secundar a Aznar en la "modulación del mensaje", lo que se le rechazó.

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Expertos comunitarios consideran que, pese a lo que reputan como "equivocación difícilmente recuperable de Madrid" -de cara a su ámbito interno y a sus socios comunitarios- España puede tratar de reengancharse al tren europeo del empleo.

Esa posibilidad estriba en que las orientaciones generales para los planes nacionales acordadas en Luxemburgo deben incluirse ahora en los textos que presenten cada uno de los 15 Gobiernos a la cumbre de Cardiff, bajo presidencia británica. En su plan, España podría especificar la cuantificación de la factura y el calendario propio para apuntarse a los compromisos que vinculan a todos los restantes socios. En Cardiff se tomará nota de esos planes y reenviará el examen de sus resultados al Consejo Europeo de diciembre de 1998, a partir del cual podrán emitirse ya las "recomendaciones", siguiendo lo pactado en el Tratado de Amsterdam.

Habrá entonces dos posibilidades. Una, que el nuevo Tratado esté aún por ratificar por alguno de los Parlamentos o por referéndum (en países como Dinamarca). En ese caso, las decisiones se adoptarán "por consenso", es decir, por unanimidad: se aplicará el texto de Amsterdam, salvo en las decisiones, que no podrán tomarse por mayoría cualificada.

La otra hipótesis es que el Tratado esté ya ratificado, en cuyo caso las decisiones se podrán adoptar por mayoría cualificada. Eso significa, entre otras cosas, que si la cumbre de Luxemburgo se hubiera celebrado bajo esa normativa, los otros 14 Gobiernos habrían podido impedir la concesión a España de su cláusula de exclusión sin poner en peligro los resultados de la cumbre.

De momento, la mayoría de Estados miembros ha aplazado la ratificación del Tratado hasta después del primer fin de semana de mayo, fecha en que se hará la criba de las monedas que se integrarán en el euro. Una baza táctica que todos se guardan.

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