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EL ADIÓS A DIANA (1961-1997)

Dos millones de británicos dicen adiós a Diana

Funeral popular y entierro íntimo para la Princesa del Pueblo

Imagen del funeral de Diana de Gales en Londres, el 6 de septiembre de 1997.
Imagen del funeral de Diana de Gales en Londres, el 6 de septiembre de 1997. EFE

Diana, princesa de Gales, fue sepultada ayer en un sereno rincón de su finca de Northamptonshire seis días después del accidente automovilístico que puso fin a una hipnótica historia de fama, intriga y amores truncados. Los restos de la llamada Princesa del Pueblo, que recibió todos os honores de una realeza arrepentida y el tributo universal a su obra benéfica, yacen ahora bajo la arboleda de Oval, una pequeña isla lacustre de Althorp, la casa solariega de los Spencer, a 130 kilómetros al norte de Londres. Su entierro, al término de una de las jornadas más emotivas en la historia del Reino Unido, se realizó en privado cumpliendo el deseo expreso de su familia resentida con el tratamiento dado a la fallecida por buena parte de la prensa mundial.

El funeral fue una ceremonia ejecutada con una precisión cronométrica que contrastó con los pronósticos oficiales por la concurrencia de público. Contrariamente a la mayoría de las expectativas, sólo dos millones de personas acudieron a la procesión de siete kilómetros que comenzó en Kensington hasta culminar en la imponente abadía de Westminister. Allí, 2.000 invitados presididos por la Reina Isabel II escucharon una diatriba contra la prensa a cargo del conde Spencer, hermano de Diana, palabras emocionadas del primer ministro Tony Blair y el triste estreno del Goodbye, England's Rose de Elton John.Sentados en primera fila, el príncipe Carlos, ex marido de Diana, y sus dos hijos, Guillermo, de 15 años, y Enrique de 12, fueron los primeros en depositar lirios blancos al pie del catafalco azul sobre el que descansaba el ataúd cubierto con el estandarte de la realeza.

Guillermo y Enrique, que junto con su padre, su abuelo, el príncipe Felipe, y su tío, el conde Spencer, habían desfilado detrás de la cureña del Regimiento Real de Artillería, se sumaron tímidamente a la espontánea explosión de aplauso cuando el conde fustigó a los periodistas, atacó disimuladamente a la familia real y prometió convertirse en el protector de sus sobrinos. "No vamos a permitir que sufráis la angustia que con tanta frecuencia os ha empujado a la desesperación", dijo. También hizo una inequívoca crítica a la decisión de la reina de despojar a Diana de su título de Alteza Real tras su divorcio, hace 14 meses.

Criticada fuertemente por la prensa por su aparente falta de sensibilidad tras la muerte de Diana, la reina rompió otra norma de protocolo cuando ordenó que el estandarte real del palacio de Buckingham fuera temporalmente reemplazado por la bandera británica y que ondeara a media asta. Más significativo fue un posterior gesto que dejó atónitos a muchos: la reina Isabel, en un gesto sin precedente en la historia de la corona, inclinó levemente la cabeza en señal de respeto hacia su controvertida ex nuera.

La variedad de la concurrencia a la ceremonia en Westminster relejó gráficamente la amplia gama le intereses de la princesa. Artistas como Luciano Pavarotti y George Michael se codearon con personalidades como Hilary Clinton y minusválidos. Políticos como Blair se sentaron a metros de ex compañeras de estudio de Diana. Pero ni siquiera sus más íntimos allegados pudieron acompañarla hasta la tumba. Los Spencer insistieron en un entierro privado y reservado al círculo más cercano de la familia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de septiembre de 1997