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EL ADIÓS A DIANA (1961-1997)

La jornada más importante en la vida de miles de británicos

Cansados, hambrientos y tristes, millares de británicos retornaron ayer a sus hogares para instalarse frente al televisor y revivir una y otra vez lo que una joven pareja de Brighton que esperaba el tren hacia el sur describió como "el día más importante" de sus vidas."Despedir a Diana ha sido como aprender a conocernos a nosotros mismos", declaró el muchacho, un estudiante de ingeniería que llegó el jueves para acampar con su compañera a las puertas del palacio de Kensington, dejar flores y ver pasar fugazmente el ataúd de la princesa de Gales. "No podíamos dejar de venir", intervino la chica. "Diana fue un ejemplo para nosotros porque fue la única en este país que se plantó con valor frente a la familia real. La princesa fue, sobre todo, una mujer libre".

Pasar días a lo largo del trayecto del funeral es precisamente lo que hicieron millares de británicos de todas la edades empeñados en capturar con sus ojos o sus cámaras un momento extraordinario de la historia de su país.

"Ha sido una experiencia única. No sólo porque vimos de cerca el ataúd de Diana, sino porque compartimos con mucha gente nuestras ideas y sentimientos hacia la princesa del pueblo", dijo una profesora de idiomas de una escuela de Londres y actualmente en el paro. "De día ayudábamos a ordenar los ramos de flores. De noche nos pasábamos horas enteras recordando cuánto afecto suscitaba Diana y cuántas cosas hemos aprendido de su vida", agregó.

"¡Por fin la enterraron!"

Otros, sin embargo, comenzaron anoche a respirar con alivio. "¡Por fin la enterraron!", dijo un taxista que salía a trabajar al atardecer. "No soy antimonárquico, pero la verdad es que este funeral ha sido demasiado. Todo tiene su límite. Han convertido su muerte y su entierro en un circo y ahora quieren canonizar a la princesa de Gales. Incluso los que criticaban con razón su frivolidad".

Mientras Londres se apresta a vivir sin Diana, los síntomas de la resaca emocional están apareciendo por todas partes. De ahí, por ejemplo, que la muerte de la madre Teresa de Calcuta haya pasado prácticamente a segundo plano en la prensa. Pero los londinenses van a tener que ajustarse al dictámen de los fans de Diana. Estos han exigido -conseguido- que las inmensas alfombras de flores que rodean al palacio de Kensington y la península de ramos que emerge de Buckingham, permanezcan intactas hasta por lo menos mediados de la próxima semana. Brigadas especiales se encargarán después de recoger millones de tarjetas y mensajes de condolencia que han sido pegados a los ramos, coronas y verjas, para enviarlos al príncipe Guillermo y a su hermano menor, el príncipe Enrique. Se desconoce si al menos algunos irán a parar al Archivo Real.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de septiembre de 1997