Los espacios de lo cotidiano
El libro y la radio son mundos que pueden sortear mejor los embates de la uniformización lingüística que nos invade. En el libro la palabra se recrea. En la radio se expresa con espontaneidad.La supervivencia del libro está garantizada, aseguran los expertos que participaron en el I Congreso Internacional de la Lengua Española. Si bien la literatura del siglo XXI se verá obligada a pelear su espacio, como indicaba el escritor cubano Lisandro Otero, en el apabullante mundo de los medios de masas, el lugar que ocupa nunca podrá ser sustituido. El coordinador de la mesa del libro, el editor mexicano Jaime Labastida, se encargó de responder a los profetas que auguran la desaparición del libro en las procelososas corrientes tecnológicas: "Los iconos de las computadores son fugaces, efímeros. No debemos exagerar su influencia ni erigirlos como ídolos, Pasarán. Permaneceremos".
Las propuestas de esta mesa han sido muy prácticas: la promoción de leyes a favor de la industria librera, campañas de impulso a la lectura y, sugerida por el ex presidente colombiano Belisario Betancur, la petición del establecimiento de un sistema de libre circulación del libro en todos los países de habla hispana, con la supresión de gravámenes.
Para los ponentes de radio, la comunicación está por encima del lenguaje. Por su inmediatez, su penetración y su proximidad a los pueblos, la radio se convierte en el transmisor de la lengua viva. Son las comunidades la que dan legalidad al uso de la palabra. Después, dijo Manzanares, llega el apoyo y la rúbrica de las academias. El objetivo es producir programas que otorguen un reconocimiento a las distintas formas de expresión de los países hispanohablantes, e incentivar a los comunicadores para que se preparen bien, como responsables sociales frente al idioma.
La defensa de los particularismos, de lo cotidiano, fue también esgrimida por los profesionales que participaron en la mesa de cine, entre ellos cuatro españoles: los cineastas Antonio Giménez Rico, Antonio Mercero y José Luis Garci, y el guionista Mario Onaindía. Las divergencias surgidas con respecto al doblaje (atentado a la cultura, según algunos, y componente de esa misma cultura, según Garci) desaparecieron ante la afirmación de Giménez Rico: no sólo hay que defender a ultranza la palabra, sino también la forma de contar las historias. Y recordando a Roberto Rossellini, aseguró que la "única forma de hacer cine internacional es que éste sea profundamente local".
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