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Reportaje:

"Podía oírles morder los huesos"

La crítica se ha mostrado unánime en opinar que Los demonios de la noche no es una gran película. Y es cierto que, vista la interpretación, el público llega hasta aplaudir a los leones cuando se zampan a Michael, Douglas y la menta que no hagan lo propio con el otro protagonista, Val Kilmer. En todo caso, el filme es bastante fiel a Los devorado tres de hombres de Tsavo, el libro de Patterson que está en su base, y, como dice la publicidad, las cosas mas increíbles que ex plica son las que ocurrieron en realidad. Bien, no todas: afortunadamente, no hubo nadie en la historia real como el arrogante cazador chulopiscinas Remington (Douglas). El ingeniero de puentes coronel Patter son -el propio narrador- tuvo que hacer frente él solo a los dos leones que se cebaron a lo largo de 1898 en los peones constructores de la línea férrea de Uganda a su paso por la región de Tsavo. El autor explica cómo los leones lamían la piel de sus víctimas desgarrándola con la len gua como lija para llegar a la sangre fresca. Hay pasajes estremecedores: "Todo el suelo estaba cubierto de sangre, pedazos de carne humana y huesos". "Una noche capturaron a un hombre y se lo llevaron muy cerca de mi campamento para devorarlo. Podía oírles morder los huesos y el sonido de su terrible ronroneo llenando el aire". Los leones entran en el hospital y se llevan impune mente a un paciente. Hay un motín de los obreros indios, que consideran a los leones espíritus malignos. El coronel logra tener a tiro a una de las fieras, pero el rifle falla. Al final, los caza desde un frágil andamiaje, un machan, jugándose la vida.La aventura de los leones del Tsavo ocupa un centenar de páginas del libro. Más adelante, Patterson relata el hallazgo de su espantoso cubil, alfombrado de huesos humanos. Explica también otra historia, que se cuenta entre las más famosas del género, sobre el león devorador de la estación de Kimaa: se coló en el vagón desde el que tres cazadores querían matarlo, pasó por encima de uno de ellos dormido y se llevó a otro. El coronel cierra su libro con consejos prácticos para los gentlemen de safari: recomienda llevar mucha munición.

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* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 17 de marzo de 1997