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Los Quince optan hoy por seguir la reforma de Maastricht o empezar de nuevo desde cero

Los jefes de Estado o de Gobierno de la Unión Europea (UE) inician hoy en Dublín una cumbre que estará obsesivamente marcada por la lucha contra la delincuencia y que deberá despejar dos incógnitas. La primera de ellas es si se prosigue la reforma del Tratado de Maastricht sobre las pautas del borrador elaborado por la presidencia irlandesa, o se empieza de nuevo, desde cero. La segunda incógnita es si se va a bendecir el polémico pacto de estabilidad presupuestaria para después de lanzada la moneda única europea.

Los líderes aprobarán varias iniciativas contra la criminalidad y el narcotráfico. Y escenificarán un duelo entre documentos sobre el Maastricht-2: el texto articulado de la presidencia irlandesa que resume el trabajo de la Conferencia Intergubernamental (CIG) y la carta de Helmut Kohl y Jacques Chirac.No son documentos completamente opuestos, pero sí muy diferentes. Así, Dublín propone ampliar algunas libertades: propone incorporar al Tratado los derechos humanos, una cláusula de no discriminación entre ciudadanos y un capítulo para establecer una "estrategia común" que cree empleo. Kohl y Chirac se olvidan de esas prioridades.

Ambos documentos dan más prioridad a la lucha contra la delincuencia organizada (terrorismo, redes de narcotráfico o de trata de personas) y a la salvaguardia de la seguridad ciudadana por encima -o como condición muy previa- de la ampliación de libertades como la de circulación de las personas dentro de las fronteras de la Unión. Ello, mediante políticas comunes sobre visados, refugiados, asilo y cooperación aduanera. Pero la propuesta francoalemana es mucho más tajante y suprime el derecho de asilo entre países de la UE, como pretende España.

París y Bonn son más audaces -y más intergubernamentalistas- que Dublín en la propuesta de la Política exterior y de Seguridad Común (PESC), nombrando un míster PESC o superministro que encarnaría "una voz y un rostro" de Europa, o en la exigencia de integrar "progresivamente" a la Unión Europa Occidental en la UE.

Y mientras la presidencia no se define sobre las encontradas propuestas de reforma institucional, la pareja Kohl-Chirac exige ampliar el número de decisiones que se toman por mayoría cualificada -reduciendo el requisito de unanimidad- y aumentar la ponderación de los votos de que disponen los países grandes en el Consejo.

El ministro francés Hervé de Charette calificó de "mediocre" el documento irlandés. El británico Malcom Rifkind lo ensalzó porque refleja de forma "completa y correcta" las distintas posiciones. Los pequenos del Benelux lo consideran aceptable".

Nadie lo ataca globalmente. Pero todos le encuentran algún pero. El Gobierno español centra sus reservas en la escasa ambición que a su juicio despliega sobre el asilo (pues no lo suprime) y en la creación de un espacio judicial y policial común para perseguir la criminalidad y el terrorismo. José María Aznar centrará en ello su intervención y reclamará que el nuevo Tratado incluya un Estatuto de las Regiones Periféricas, que dé mayor protección a las Canarías, Azores y Territorios de Ultramar franceses.

El problema es si se arrojará a la papelera el trabajo de seis meses de la presidencia irlandesa, cuyo esfuerzo todos alaban. ¿Se consagrará su borrador como texto de referencia, aun sin ignorar las otras contribuciones nacionales o bilaterales? 60 se le considerará un documento más, como el germanofrancés, en cuyo caso la presidencia holandesa deberá iniciar en enero la reforma desde cero? Cuando se negoció Maastricht, Holanda rechazó el borrador de Luxemburgo y redactó otro. Pero ante su fracaso, tuvo que recuperarlo. Se perdió tiempo y dinamismo. Otros asuntos serán los avances hacia la unión monetaria y los Pactos Territoriales para el Empleo, los restos que el presidente de la Comisión, Santer, pudo salvar de su gran Pacto naufragado en Florencia.

Más información en la página 65

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 13 de diciembre de 1996

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