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Tribuna:44 FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN

¿Hay algún actor malo?

No sólo de cine español se alimentó ayer la programación a concurso del festival. La película de Carlos Saura fue acompañada por Trojan Eddie, de Gilles Mackinnon, un filme irlandés con producción del británico Channel Four y pro tagonismo estelar de Stephen Rea y Richard Harris, una fallida ficción considerablemente sórdida y barriobajera a medio camino entre el retrato de presunto perdedor con deudas y el apunte sociológico , que no contribuyó ciertamente a elevar el listón de una jornada anodina en lo que a la Sección Oficial se refiere.Trojan Eddíe narra la historia de un vendedor y charlatán de oficio (Rea), ex convicto y atenazado por la deuda contraída con un veterano gánster local (Harris) que le da trabajo, con un pasado sentimental que parece siempre a punto de pasarle factura y con un turbio asunto añadido: por amistad, llegará a traicionar a su empleador ayudando al sobrino de éste a birlarle dinero y (joven) esposa. Todo esto, que sobre el papel indica la dirección del filme criminal, es, no obstante, mostrado con un ritmo cansino y una estructura de rompecabezas cuyas piezas parece que nunca terminarán de encajar satisfactoriamente, y que cuando lo hacen ya ha discurrido por lo menos la mitad del metraje del filme y se corre el riesgo de que el interés se haya esfumado.

La razón por la cual éste se mantiene no es tanto por algunos hallazgos de sórdida efectividad -la forma que tiene el filme de mostrar la vida de las clases populares irlandesas, aspecto que comparte con muchas otras películas de igual procedencia-, sino por la existencia de un más que efectivo, extraordinario elenco de actores. No vamos a descubrir, a estas alturas, el oficio de Stephen Rea, cuyo arquetipo de hombre anónimo, triste y desamparado, tan bien le va a su personaje en este filme, ni al veterano Harris, a quien se le tolera, como muchas otras veces, su tendencia a la desmesura.Los secundarios

Ellos se lucen a modo, pero quienes en realidad sostienen la ficción son los magníficos secundarios, siempre ajustados a los papeles, que construyen una galería de retratos de autenticidad impecable, y que confirman la apreciación de que una de la cosas más difíciles de encontrar en la Verde Erín es un mal actor.

Y mientras se espera para hoy el pase del escandaloso Trainspotting, de Danny Boyle, el público se agolpa ante la sala principal del festival, el palacio Victoria Eugenia, para ver la última maravilla del tándem Tim Burton-Henry Selick, James y el melocotón gigante, un filme de animación en la estela de Pesadilla antes de Navidad, que tiene como origen e inspiración uno de los libros (supuestamente) infantiles de Roald Dahl.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 21 de septiembre de 1996