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TRIBUNA

La cita de la biología y la astronomía

El meteorito procedente de Marte ALH 84001, con su edad de 4.000 a 4.500 millones de años, es una verdadera instantánea para saber cómo era el planeta en su niñez y, al parecer, lleva huellas de alguna forma de actividad biológica en el pasado. Las evidencias son convincentes, aunque no son concluyentes, y se requerirán nuevas investigaciones para confirmar definitivamente este descubrimiento tan singular.El descubrimiento, si finalmente llegamos a estar seguros, sería espectacular y de una trascendencia crucial. Tendríamos que repasar con ojos muy críticos para encontrar hallazgos en la historia de la humanidad de una significación comparable. Sin embargo, la existencia de algún tipo de actividad biológica fuera de nuestro planeta no es del todo sorprendente y en buena medida se esperaba. Los biólogos nos han enseñado la existencia de microorganismos que se desarrollan en condiciones muy extremas en nuestro propio planeta y cuyos parámetros biológicos son muy distintos a los que confrontamos usualmente en nuestra vida. Un ejemplo de estos microorganismos extremos son los que proporcionan al río Tinto en Huelva ese color tan llamativo.

Es decir, conocemos formas de vida en medios tan inhóspitos como el existente en el planeta Marte. Por otra parte, la Tierra y Marte poseen muchas semejanzas en sus aspectos físicos, químicos y de su evolución en el seno del Sistema Solar. Por ello no es sorprendente que en Marte se hayan dado también unas condiciones idóneas para el desarrollo de una forma de vida elemental.

Hay otro aspecto muy importante en el que incide este descubrimiento y que guarda una relación estrecha con otros, también muy notables, ocurridos apenas en el último año. En septiembre de 1995, el astrónomo suizo Michel Mayor anunció el descubrimiento de un planeta del tipo de Júpiter alrededor de la estrella 51 Peg.

Este descubrimiento supuso la primera confirmación de sistemas planetarios ajenos al nuestro propio, lo que llamamos en astronomía sistemas exoplanetarios. A lo largo de los últimos meses, se han descubierto planetas o cuerpos similares alrededor de otras estrellas próximas. Es decir, ya tenemos la certeza de la existencia de exoplanetas gigantes. ¿Existen exoplanetas tipo Tierra o Marte? La mayoría de los astrónomos creemos que sí. ¿Existen exoplanetas en los que se haya desarrollado algún tipo de vida? Tenemos que estudiarlo y desarrollar los medios adecuados para ello.

La tecnología y las técnicas actuales en astronomía sólo nos permiten detectar planetas gigantes alrededor de estrellas próximas. No obstante, ya estamos confeccionando proyectos con estudios muy detallados para el desarrollo de la tecnología y técnicas necesarias que permitan detectar planetas telúricos, es decir, planetas semejantes a la Tierra o Marte, alrededor de las estrellas próximas. Uno de dichos proyectos es el europeo Darwin. Este proyecto se basa en la técnica de la interferometría infrarroja en el espacio. Un proyecto similar se está desarrollando en EE UU. Junto a otros objetivos científicos, la técnica de la interferometría infrarroja en el espacio permitirá detectar planetas telúricos; lo más atractivo de Darwin, sin embargo, es que tendrá la capacidad única, no compartida por otras técnicas de observación astronómica, de observar el espectro de dichos planetas. Dicho espectro contiene información sobre las condiciones y propiedades físico-químicas del planeta y su composición atmosférica. Con todo ello se obtiene la información necesaria para comenzar a indagar sobre la posible existencia de una actividad biológica o no en los mismos, siempre y cuando esta actividad sea de tal magnitud que deje su huella indeleble en la atmósfera planetaria.

Los caminos de la Astronomía y la Biología están convergiendo hacia un punto de encuentro realmente excitante. Los obstáculos son serios y el esfuerzo económico necesario no es el último esfuerzo, ni mucho menos, que hacen los ciudadanos en definitiva. Muchos pensamos que merece la pena.

Carlos Eiroa es profesor del Departamento de Física Teórica de la Universidad Autónoma de Madrid.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 8 de agosto de 1996