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El 'síndrome del Golfo' pudo ser causado por la mezcla de pastillas y vacunas contra gases químicos e insectos

La combinación de tres productos químicos, que individualmente no plantean problemas de salud, podría ser la causa del síndrome de la guerra del Golfo, un conjunto de enfermedades de origen misterioso de las que se han quejado unos 30.000 soldados que estuvieron en Irak y Kuwait en la guerra de 1991. Investigadores de las universidades de Texas y Duke (Carolina del Norte) han llegado a la conclusión de que las pastillas y vacunas administradas a los soldados -para protegerles de los efectos de posibles gases químicos o de enfermedades transmitidas por insectos- habrían formado un cóctel neurológicamente maligno.En el caso de las investigaciones de la Universidad de Duke, dirigidas por el doctor Mohamed Abu-Dunia, se utilizaron gallinas -con un cuadro neurológico comparable al humano- a las que se expuso a combinaciones químicas similares a las que sufrieron los soldados estadounidenses.

Aunque la prueba no resulta definitiva, tal como reconocen los propios investigadores, las gallinas registraron muchos de los síntomas que habían sido denunciados por los veteranos de la guerra. Los experimentos epidemiológicos de la Universidad de Texas respaldan estos datos, según el doctor Abu-Dunia. Ambos trabajos serán publicados en el número del próximo mayo de la Revista de Toxicología.

Los productos químicos que los soldados recibieron en forma de vacunas o de tratamientos (dos pesticidas y un agente protector contra el gas nervioso) no causan daño aplicados por separado, pero pueden provocar cortocircuitos nerviosos que engañan al sistema defensivo y disminuyen la capacidad del cuerpo para contrarrestar los efectos de los componentes químicos. En el síndrome de la guerra del Golfo coinciden síntomas como extrema fatiga, pérdidas de memoria, dolores musculares y de cabeza y temblores.

El Departamento de Veteranos y el de Defensa, que han financiado varios estudios sobre el síndrome, se han interesado por los nuevos hallazgos y han solicitado más información a los equipos de investigadores.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 18 de abril de 1996