El Vaticano condena a un sacerdote argentino por abuso sexual contra un menor
El religioso desempeñó funciones en colegios de un exclusivo barrio cerrado de la zona norte de Buenos Aires
El Vaticano determinó que el sacerdote argentino Damián Rodríguez Alcobendas, que durante quince años desempeñó sus tareas dentro un exclusivo barrio cerrado de Buenos Aires, es culpable de haber abusado sexualmente de un menor. Así lo informó este lunes el Obispado de San Isidro y detalló que el religioso deberá mantenerse alejado de sus funciones dentro de la Iglesia.
La decisión fue tomada por el Colegio para el Examen de los Recursos en Materia de Delitos Graves de la Santa Sede, que rechazó la la apelación presentada por Rodríguez Alcobendas en el proceso administrativo penal canónico que se le había iniciado. La condena es puntualmente por el “delito grave contra el sexto mandamiento cometido con un menor”, carátula que refiere a una falta seria de índole sexual cometida por un clérigo, en este caso contra un menor.
El sacerdote era conocido como el “padre Damián” dentro de Nordelta, un complejo de barrios cerrados ubicado en la zona norte de Buenos Aires donde viven alrededor de 50.000 personas. De acuerdo con la revista Locally, producida dentro del lugar, Rodríguez Alcobendas motorizó la creación de la parroquia Sagrada Familia, dentro de Nordelta, y estuvo durante 15 años a su cargo. Además, fue capellán de varios colegios católicos en esa comunidad de lujo. “Una figura central en la vida religiosa de Nordelta”, sintetiza. “Rodeado de niños”.
La revista señala que el sacerdote tenía una forma de transmitir “firme y contundente”, con sermones “claros y directos”. “Sin embargo, también hubo aspectos de su personalidad que generaron incomodidad. Durante las celebraciones solía mostrarse poco tolerante frente a interrupciones de niños pequeños. En más de una ocasión interrumpió misas para llamar la atención a padres cuando sus hijos lloraban o se movían”, señalaron e incluso agregaron que impulsó la creación de una pequeña sala vidriada al fondo del templo para que las familias con chicos pudieran seguir la misa desde allí.
Durante la Semana Santa de 2020, en plena pandemia de Covid-19, Rodríguez Alcobendas llamó la atención cuando decidió recorrer, montado en la caja de una camioneta 4×4, las calles de Nordelta para bendecir las casas y recolectar donaciones mediante transferencias bancarias o QR, ante la imposibilidad de celebrar misa de manera presencial.
Años después se conoció la denuncia por abuso sexual contra un menor, que avanzó por las distintas instancias de la justicia eclesiástica hasta llegar a la Santa Sede. En 2025, ya envuelto en esa polémica, fue nombrado capellán en la sede de Pacheco de la Congregación de las Hermanas Siervas de María.
La noticia de su condena dentro de la Iglesia conmovió a los habitantes del complejo, que reaccionaron de manera diversa. “Hay quienes lo respetan y se sienten incrédulos frente a esto y muchos otros que muestran su indignación, repudio y enojo”, apunta un vecino.
El tribunal eclesiástico confirmó la pena de prohibición perpetua para el ejercicio de todo oficio eclesiástico y de cualquier función directiva o administrativa en ámbitos parroquiales, seminarios e institutos vinculados a los mismos. Rodríguez Alcobendas tampoco podrá desempeñar oficios dependientes de autoridades eclesiásticas ni ejercer la docencia en áreas teológicas o pastorales. Del mismo modo, se le prohíbe recibir encargos de tutorías o asesoramiento de menores de edad en cualquier ámbito, de acuerdo al comunicado oficial del Obispado de San Isidro.
Asimismo, se le dispuso la “pena de prohibición de cinco años para el ejercicio público del ministerio sacerdotal”. “En ese sentido, se le ha impuesto un precepto penal disponiendo que en caso de incumplimiento de la pena aplicada se lo sancionará con la dimisión del estado clerical”, detalla el comunicado.
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