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Aniversario de bodas con sorpresa

Conocen al hijo abandonado en el orfanato de Pamplona 47 años atrás al celebrar sus 45 años de matrimonio

"Creímos que podían ser maleantes o secuestradores porque rondaron por la casa durante toda la mañana y al final nos encontramos con un hermano desconocido. Fue algo absolutamente increíble. Aquel día celebrábamos el 45 aniversario de bodas de mis padres, Ignacio y Rosario. La comida comenzó con tres hijos y cinco nietos y finalizó con otro hijo y dos nietos más".Las emocionadas palabras de Marcelo Martínez resumen un reencuentro familiar privado que ha trascendido el ámbito de la pequeña localidad navarra de Murchante, situada a 90 kilometros al sur de Pamplona, para convertirse en una noticia de ámbito nacional. El motivo: el previo robo de dos libros del antiguo orfanato Sor Isabel, ubicado en e hospital de Navarra, cuyos datos fueron puestos a disposición de entre 25 y 50 huérfanos por correo, por una mano anónima, permitiéndoles así conocer la identidad de sus madres biológicas. Dionisio Loperena Arano, uno de ellos, ha podido ver cumplido su sueño de toda la vida: encontrar a su madre y a su padre y conocer sus verdaderos apellidos."Yo ya me puedo morir tranquila", repetía ayer Rosario Hernández, momentos antes de que llegara al pueblo Dionisio, aquel primer hijo que ella tuvo de soltera un 7 de octubre de 1948 en Pamplona y que sus padres le obligaron a abandonar en la Casa Cuna del orfanato público. "No les guardo rencor. Eran otros tiempos y muchas otras chicas, ahora mujeres de m1 edad, se vieron obligadas a hacer lo mismo", manifiesta Rosario , que desde hace algunos años padece una fuerte sor dera. Ignacio, entonces el novio y ahora el marido, recuerda cémo fue. "Yo me fui a una mili de dos años sin saber nada. Ro sario estaba embarazada de dos o tres meses y me lo comunica ron cuando yo estaba en Ceuta y no tenía ni dinero para venir ni permiso para verla. Cuando acabé el servicio militar", continúa Ignacio, "seguimos de novios dos años más y nos casamos. Ya instalados en Murchante, donde he sido agricultor toda mi vida, intentamos recuperar al chaval, pero nos lo desaconsejaron porque podía haber sido adoptado".La vida transcurrió como estaba previsto. Ignacio y Rosario tuvieron otros tres hijos dentro del matrimonio: Ignacio, de 43 años, residente en Barcelona; Marcelo, de 39, y Milagros, de 32. Dionisio, por su parte, creció en el orfanato, en Pamplona, hasta que hizo la mili. Después se asó. Trabajó de pintor, otros 5 años en la empresa Super Ser desde hace 10, en la planta auomovilística de Volkswagen en a capital navarra. Su mujer, Charo, y sus dos hijos, Pablo, de 17 años, y David, de 16, también acaban de encontrar una nueva familia que les ha acogido de maravilla. Todo se produjo el pasado 4 de febrero, días después de que Dionisio recibiera a través del correo, en su domicilio del barrio de Ermitagana, en Pamplona, la fotocopia del libro del orfanato don de quedó registra do el nombre de su madre.

"Hablamos con un sacerdote conocido para pe dirle ayuda", indi ca Dionisio. "Éste hermano se puso en contacto con don Emilio, desconocido el párroco de Murchante, pero pasaron dos meses y no teniamos noticias. Decidimos venir al pueblo directamente. Fue el 4 de febrero. Aquí, nos entrevistamos con el párroco y éste nos volvió a pedir que esperásemos unos días porque quería hablar a solas con mi madre. Sin embargo, no pudimos esperar", indica Dionisio.

Marcelo y Pilar cuentan cómo lo vivieron: "Ese día un coche rondó el chalé donde vivimos. En él iban Dionisio, su esposa y sus cuñados. Nosotros nos mosqueamos porque incluso llamaron a la casa para preguntarnos dónde había un restaurante para comer. Después, los volvimos a ver por la zona y al final, aparecieron en casa de Ignacio y Rosario", relata Pilar. "Después de la comida del 45 aniversario de la boda, sobre las cuatro de la tarde, llamaron dos señoras a la puerta", indica Ignacio. "Preguntaron por Rosario y se empeñaron en hablar a solas con ella porque decían que tenían que comunicarle algo muy fuerte. Yo insistí en que ella está sorda y les hice pasar. Entonces llegó Marcelo, le dieron un, papel y Marcelo, sorprendido, lo leyó y le preguntó a su madre si era verdad que había tenido un hijo de soltera. Rosario, con gran aplomo y en plena reunión familiar, dijo sí. Y añadió que el padre había sido yo. La mujer de Dionisio nos dijo que él estaba fuera y que no se atrevía a entrar. No sé cómo pasó", continúa Ignacio, "pero en pocos minutos habíamos recuperado, 47 años después, a nuestro hijo, en medio de abrazos y lágrimas. Tomamos un café y bromeamos sobre lo mucho que se parece a su madre y a sus hermanos".La familia recibió extraordinariamente bien la noticia. Marcelo, constructor, puso su amplia casa a disposición de todos para festejar el reencuentro con una comida que se celebró el 10 de febrero.

"Es un hijo más", dicen los padres. Hace escasos días, Volkswagen hizo huelga por su convenio y Dionisio cogió su coche y bajó al que ya es su pueblo para ver a sus padres. "Me lo llevé de potes por el pueblo con un orgullo... Después, comimos sólos los tres, su madre, él y yo", relata.Ignacio.

"Una congoja que se fue de repente"

M. M. "Cuando veo en misa a otras chicas que fueron obligadas a abandonar a sus hijos igual que yo, en el orfanato de Pamplona, me entra una congoja muy fuerte. Son mujeres de mi edad. Ellas sabían lo que a mí me pasó, pero nunca hablaron de ello. A mí esa congoja que he tenido siempre se me ha ido de repente, pero ellas me miran con envidia y yo con pena", señaló ayer Rosario Hernández.

La madre de Dionisio es la mediana de una familia de cinco hermanos. Los dos hombres, los mayores, siempre supieron lo que ocurrió, pero nunca lo contaron. También sus hermanas más jóvenes.

Aquel hijo de soltera, concebido a los 23 años, pasó al olvido en unas duras circunstancias. Los demás hijos del matrimonio nunca supieron que tenían un hermano mayor, aunque siempre hubo un cierto rumor acallado.

"Es nuestro hermano y es un chaval muy majo", afirman los hermanos de Dionisio. "El robo de esos libros está mal, pero para nosotros ha estado muy bien, sinceramente", señalan Pilar y Milagros. "No entramos a valorar la situación, pero decimos que las personas tienen derecho a saber quiénes son sus familiares, de dónde vienen. La vida ha cambiado mucho, los padres ya no son iguales y aquel castigo y aquellos desprecios deben tener fin siempre que se les pueda poner solución", añaden.

La familia Martínez Hernández desconoce si se han producido otros reencuentros similares. "Sólo sabemos que muchas personas afectadas por casos similares se han dirigido a nosotros porque viven con ese dolor en el corazón".

La aparente pasividad del sacerdote local tiene explicación: "Quería actuar con mucha cautela. Le daba miedo que el padre no fuera Ignacio, o que siéndolo, no supiera nada, y como Rosario está sorda, tenía dificultades para hablar a solas con ella", señala la familia.

Desde el día en que tuvo lugar el reencuentro con Dionisio, Rosario sale a la compra "y tarda tres horas en volver", dice su marido, "porque todo el mundo le da la enhorabuena". Nadie le ha dirigido ahora una palabra ofensiva.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 23 de febrero de 1996

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