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Reportaje:

Pan y teatro en Mozambique

El grupo Mutumbela Gogo concluye en Maputo su campaña de alfabetización democrática

ENVIADO ESPECIALHa sido una larga espera. Tras 26 años de guerra (11 contra el colonialismo portugués, 15 de confronto civil), Mozambique vive momentos de euforia. Un estreno democrático que todavía está en plena efervescencia. El teatro, un arte que en África no ha perdido el contacto con la vida, ha tenido su papel en el proceso de educación para la paz. Cuando los mozambiqueños empezaban a votar con una entrega y una madurez que han sorprendido al mundo, el grupo Mutumbela Gogo, responsable del proyecto Mozambiquero-te, (Mozambique, te quiero), volvía a representar en Maputo, la capital del país, Vestir a Terra (Vestir la Tierra), un emocionante viaje por el pasado reciente cargado de humor y esperanza: el regreso a casa de dos refugiados de la guerra que ha devastado Mozambique. Como subraya Manuela Soeiro, de 49 años, la directora de Mutumbela Gogo, "aquí se demuestra que el teatro es algo tan necesario como el pan".

Basta ver cómo el público de la capital, más acostumbrado a los escenarios, se parte de risa y se conmueve con el relato de sus propias desgracias para imaginar lo que relata Lucrecia Paco, de 25 años, una de las actrices que se desdobla en multitud de papeles durante la hora y media que dura la representación de Vestir a Terra. "La representación de la obra en un campo de refugiados en África del Sur en lengua changana (hablada al sur de Mozambique) ha sido una de las experiencias más grandes de mi vida. Los refugiados sintieron la obra como algo propio, como si fuera su propia vida, no teatro. Tenían reacciones absolutamente espontáneas. Nunca habían visto teatro y querían participar en la representación, se subían al escenario, comentaban en voz alta lo que veían, nos interrogaban, creían que los personajes eran seres de carne y hueso. Y es probable que lo fueran. Teníamos sus mismos nombres y sabíamos lo que habían pasado. Entre los actores y el público se produjo una comunicación fortísima. La gente lloraba, no quería que aquello terminase". En buena parte de África, los límites precisos entre el escenario y los espectadores no existen, son vulnerados continuamente. Y el flujo corre como un río caudaloso en los dos sentidos.

Éxito arrollador

El espectáculo se presentó en diciembre de 1993 en Maputo, y el éxito fue arrollador. No en vano, Mutumbela Gogo ha sido uno de los grupos más aclamados en el Festival Internacional de Teatro de Expresión Ibérica (FITEI), que se celebra en la ciudad de Oporto, donde han actuado en cinco ocasiones, y está considerado como uno de los mejores grupos del continente africano. Mozambiquero-te creció hasta convertirse en una iniciativa nacional. Tanto la directora como los actores se repartieron por todas las provincias del país y recrearon Vestir a Terra y Morte invisivel (Muerte invisible, que advierte de los peligros de las minas) con nueve grupos teatrales: Nhakatendewa, Miraflores, Pedra no Sapato, Madjaha, Etarry, Colectivo da Zambézia, Estrela Vermelha, Casa Velha y M'Beu. En cada provincia mantenían la trama, pero adaptándola a la realidad. Se trataba de proclamar: "Estamos vivos, no queremos que nuestro país vuelva a, sufrir tragedias", y así lo hicieron tanto en portugués como en varias de las lenguas habladas en Mozambique: tsonga (en el sur), sena y chuabo (en las provincias del centro), y nyungwé, macua y makonde (en el norte). Los actores de Mutumbela aportaron a los grupos, en su mayor parte amadores (aficionados), su experiencia de casi diez años de teatro, así como les enseñaron técnicas de escenografía y de iluminación.La Onumoz (Operación de las Naciones Unidas en Mozambique) apoyó el proyecto, y tres organizaciones nórdicas no gubernamentales, el Consejo Noruego para los Refugiados (CNR), la Agencia Sueca para el Desarrollo Internacional (ASDI) y la Agencia Noruega de Cooperación para el Desarrollo (NORAD) prestaron ayuda financiera para que Mozambiquero-te fuera una realidad. Bjorg Leite, representante de NORAD en Mozambique, que asistió conmovida al regreso de Vestir a Terra a Maputo, cree que "la cultura, y en concreto el teatro, puede contribuir de manera decisiva a los procesos de reconciliación, como ha demostrado la experiencia de Mutumbela. Por eso nos sentimos muy satisfechos de haber contribuido a esta iniciativa, que conjuga educación, humor y cultura tradicional. El teatro es en Mozambique algo que se vive de forma mucho más intensa que en Europa. Cumple una función social absolutamente necesaria". Mozambique, uno de los países más pobres del mundo, es una potencia teatral.

Un actor entra en escena y empieza a narrar una historia. La música le acompaña. Son refugiados mozambiqueños en África del Sur, huidos de la guerra civil. Una pareja ha tenido un niño y emprende el regreso a casa, abrumada porque la madre carece de papeles y el niño no puede tener nombre. Para recrear un río levantan las manos y se ponen de puntillas, y el río cobra vida, caudaloso, ante los ojos de los espectadores, que ríen con las vicisitudes de dos paisanos que retornan, algo que comprenden todos los mozambiqueños: poco antes de las elecciones se completó el regreso a casa de casi dos millones de refugiados en los países vecinos y más de tres millones de desplazados dentro del país regresaron a sus lugares de origen. Eso ha contribuido a que la cosecha de este año supere en un 18% a la del año pasado. "Si Mozambique viviera en paz, si se reabrieran las rutas y se limpiaran las minas, podría ser autosuficiente y dejar de precisar ayuda alimentaria exterior en tres años", subraya el español Julio González, delegado de la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en Maputo.

Cuento vivo

La música y el humor son dos vehículos dulces para que el drama se despliegue como un cuento vivo. Los religiosos, periodistas, los miembros de las organizaciones humanitarias, los funcionarios del Gobierno, las furgonetas, que en Mozambique son auténticas latas de sardinas a punto de estallar, todos reciben su ración de crítica bienhumorada. Entremedias, hasta la democracia y las elecciones y sus mecanismos tienen su lugar. Una sencilla y reveladora demostración practica. Como casi todos los trabajos de Mutumbela, Vestir a Terra es una creación colectiva. No es raro que Lucrecia Paco, que soñaba desde niña con ser actriz de cine (ha intervenido en el primer filme mozambiqueño, El viento sopla del Norte, de José Cardoso), haya encontrado en el teatro la forma de "conseguir la emoción" que buscaba en la pantalla grande. Se la puede ver en todas las esquinas del país. Su rostro ha servido para ilustrar la campaña institucional, en favor del voto en las elecciones mozambiqueñas."Céleres las aguas / zambezean por la memoria / de las almadías del silencio". El Zambeze, uno de los ríos emblemáticos de África, desemboca en el océano Índico después de cortar la cintura de Mozambique. El poeta Gulamo Khan, que falleció en 1986 junto al presidente Samora Machel al estrellarse el avión en que viajaban, hizo su particular homenaje al río convirtiéndolo en verbo. Tanto Gulamo Khan como el teatro han revivido en Mozambique gracias a la iniciativa de grupos como Mutumbela Gogo. El libro de Khan en que zambezeaban las aguas se titulaba Mozambicanto; de ahí a Mozambiquero-te no había más que un paso, y Mutumbela Gogo lo dio tras los acuerdos de paz firmados en octubre de 1992 en Roma entre el Gobierno del Frente de Liberación de Mozambique (Frelimo) y la guerrilla de la Resistencia Nacional Mozambiqueña (Renamo). Ha sido un largo camino hasta las ejemplares elecciones celebradadas en los últimos días de octubre en la antigua colonia portuguesa. Como recordó sobre el escenario el escritor Mia Couto, uno de los más brillantes novelistas mozambiqueños, autor de Terra sonámbula, "Mutumbela Gogo ha hecho crecer un arte para que Mozambique se reconcilie consigo mismo en un momento esencial de nuestras vidas". Acaso porque en África el teatro puede ser tan necesario como el pan.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 3 de noviembre de 1994

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