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Muere Elías Canetti, la conciencia de Centroeuropa

El premio Nobel falleció a los 89 años el pasado fin de semana en Zúrich, cuando escribía sobre la inmortalidad

El escritor Elías Canetti, premio Nobel de Literatura de 1981, murió en la mañana del domingo pasado a los 89 años en Zúrich mientras dormía y horas después de haber trabajado en un ensayo sobre la inmortalidad. La noticia de su muerte fue sólo revelada el miércoles, un día después de su entierro secreto en el cementerio de Fluntern, de Zúrich, en una tumba elegida por él, cerca de la, de James Joyce. Con Canetti desaparece una de las últimas voces de la cultura centroeuropea, de la memoria y la conciencia de esa babel del Viejo Continente. Sus memorias, sus aforismos y otras obras, como Masa y poder, encierran con la piedad inteligente de los grandes escritores el dolor del siglo XX.

Muy pocos lo vieron antes de morir, porque Canetti sólo quería escribir el cuarto volumen de sus memorias y evitaba las molestias mundanas contra las que luchó toda su vida con distintos métodos. En las últimas semanas, cuando periodistas llamaban a su teléfono se hacía pasar por su mayordomo contestando: "Aquí la casa de Elías Canetti, el señor Canetti no está". Su forma de enfrentar el terror obsesivo a la mortalidad era escribiendo: "He vivido en una resistencia infinita hasta la muerte".Que. el fin de su vida lo sorprendiera durante el sueño, sin enfermedades y dolores, fue la última victoria de Canetti sobre la muerte, a la que, trataba como a una enemiga: "Todos los seres humanos mueren demasiado temprano", decía. Contaba sólo siete años cuando su padre falleció repentinamente en Rutschuk, la ciudad búlgara donde nació en 1903 como el primero de tres hijos. Su. madre guardó luto sentada durante semanas y sin moverse del sillón de la biblioteca familiar. El primogénito temía lo peor y no se movió de su lado hasta que un día ella se levantó y se dirigió a la ventana. El niño la cogió por la cintura con todas sus fuerzas impidiendo que saltara: fue la primera victoria de Elías Canetti sobre la muerte. Esa victoria se transformó en una simbiosis entre la madre y el hijo, que le influyó de por vida.

"Hijo mío, tú juegas y tu padre está muerto", le dijo ella y se inició así una nueva etapa en la familia Canetti que ponía fin a la, infancia y al ladino, el idioma de sus primeros años. Comenzaba el peregrinaje europeo típico de una familia judía y de una madre cuya única meta era la perfección en la educación de su hijo mayor. "Con dolor" tuvo que aprender el alemán, la lengua secreta de sus progenitores. Su madre le leía durante horas obras de teatro, que él apenas entendía pero que convirtieron a este idioma en "la única patria" que el escritor conoció.

Canetti estaba orgulloso de su no tan lejano origen sefardí y muchos años después, cuando ya había recibido el premio Nobel, escribió al alcalde de Cañete, un pueblo de la provincia de Cuenca, relatándole cómo un bisabuelo suyo en el siglo pasado, vivia cercano en la colonia italiana de Adrianópolis, cambió Cañete por Canetti. La familia se trasladó después a Bulgaria, y allí fue donde nació, pero el ladino estaba firmemente en su sangre y en su verbo. El alcalde de Cañete respondió haciéndole hijo adoptivo.

Tras la muerte del padre emigrar se transformó en una rutina familiar provocada por la matriarca para exponer a su hijo superdotado a diferentes culturas logrando así que dominara perfectamente cinco idiomas. Vivió en Manchester y obtuvo el pasaporte británico que conservó hasta el fin; vivió en Francfórt y Zúrich y pasó los años más importantes de su formación en Viena. Pero Rutschuk apeló siempre a su nostalgia y la consideraba "una ciudad maravillosa para un niño... Allí vivían gentes de distintos orígenes y todos hablaban seis o siete idiomas".

Cuando inició la trilogía autobiográfica hurgó. sin compasión en su propia memoria reconstruyendo las rutas de su infancia y entonces dijo que "cobarde, verdaderamente cobarde es sólo quien teme a sus recuerdos,". En Viena, la capital centroeuropea, escenario de varias de sus obras y de los dos primeros tomos autobiográficos, fue la ciudad donde conoció a las personas que más influyeron en su vida. Fue en 1930 cuando vio por primera vez en la misma sala y a la misma hora al satírico del idioma alemán Karl.Kraus y a la escritora Venetia Toubner-Calderán Veza, con quien se casó en 1934. La obra de Veza Canetti, que murió en 1960 jamás fue publicada por su marido, y fue descubierta recientemente cuando un editor austriaco reunió sus textos publicados en la década de los treinta en un periódico vienés.

Canetti era el escritor que como, ninguno representaba la continuidad de la cultura centro europea y cuando recibió el Premio Nobel en 1981 agradeció en el discurso a sus antecesores: "A cuatro hombres les agradezco que hoy yo pueda estar frente a ustedes dijo. "Uno es Karl Kraus, el gran satírico de la len gua alemana, que me enseñó a escuchar, una. cualidad exquisita en la bulliciosa Viena. Pero más importante aún que escuchar es que él me vacunó contra la guerra. Después de Hiroshima todos saben lo que es la guerra y que todos lo sepan es nuestra única esperanza".

De Franz Kafka aprendió a "transformarse en un ser pequeño, desprendiéndose del poder". Finalmente se refirió a Hermann Broch y Robert Musil a quienes conoció en los cafés literios de Viena. Según Canetti, Musil le traspasó "el más dificil" de los conocimientos. "Que escribir es una empresa de décadas, que uno no sabe si podrá terminar y que requiere primordialmente paciencia y tenacidad inhumana".

Claudio Magris, el escritor italiano que desde su Trieste natal mejor ha analizado el mundo centroeuropeo, y que conocía personalmente a Canetti, con quien matuvo una larga correspondencia, explicaba ayer que cuando supo la noticia de su muerte le vino enseguida al recuerdo una carta suya en la que le anunciaba su segunda boda. "Hacía años que estaba viudo de su primera mujer , y al mismo tiempo intentaba justificar una sensación de infidelidad para con su primera esposa. Eso me impactó, era una lucha contra la muerte, no aceptaba la muerte", dijo Magris.

"Creo que Auto de fe es su gran obra, su pieza maestra, un gran libro que golpea como un puño" asegura Magris, y cita un ensayo de Canetti sobre Hermann Broch, donde sacaba una conclusión tremenda: "El poeta debe ser el perro de su tiempo".

"Desconfío de la fama póstuma"

El Frankfurter Allgemeine Zeitung publicaba ayer las últimas anotaciones inéditas de Elias Canetti; observaciones sobre el poder, la muerte y la inmortalidad en las que el escritor trabajó hasta poco antes de su muerte.A los vivos a los que se conoce bien siempre hay algo que reprocharles. A los muertos, sin embargo, uno les agradece que no le prohíban el recuerdo.

Para alguna gente, esforzarse por la verdad se convierte en algo así como coleccionar escarabajos. Sus escarabajos parecen idénticos, grises y sospechosos.

Quien conoce la verdad de un hombre le destruye a no ser que calle. Es dificil callar frente a hombres a los que se ve frecuentemente. Es preciso decirles cosas que les ayuden, sin poder transformarles. Se les ayuda hasta que tienen una imagen falsa de sí mismos y uno es responsable de esa imagen.

Estoy. contento con mi nuevo hermano, con Pavese. Pero esto no debería ocurrir con frecuencia. Sólo se aprende de los que son completamente distintos a uno mismo. Uno se tranquiliza con los afines.

Es importante repetir todos los grandes pensamientos sin saber que ya han sido dichos.

Tu temprana y compleja relación con Dios no era nada más que un intento de arremeter contra el poder.

Las historias verdaderas que uno relata son falsas; las falsas tienen al menos la oportunidad de que podrían convertirse en verdaderas.

Decir. lo más terrible de forma que deje de ser terrible, que, haya esperanza porque ha sido dicho.

Todas las ideas olvidadas emergen en el otro confín del mundo.

¿Por qué quieres explicar siempre? ¿Por qué siempre quieres llegar a lo que hay detrás? ¿Y luego detrás, y siempre detrás? ¿Cómo sería una vida en la superficie? ¿Feliz? ¿Y habría que despreciarla sólo por eso? Quizá haya mucho más en la superficie... quizá sea falso todo lo que no es superficie, quizá vives así en espejismos incesantemente cambiantes, no tan bellos como los dioses, pero vacíos como los de los filósofos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 19 de agosto de 1994

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