Ironía y frescura en el primer festival permanente de cortometrajes

Érase una vez un rockero en Berlín (Oeste) que quería explorar la antigua RDA. Cogía a su novia y la Harley Davidson y juntos devoraban la carretera, rumbo al mar báltico: Easy rider a lo cutre. Hacia poco que la fortificación antifascista", o sea, el muro, había caído, dejando en ruinas otro sueño de un mundo mejor. El retrato de Erich Honecker cruje bajo las ruedas poco antes de llegar a borde del mar. Pero el consiguiente baño del motociclista resulta ser es una decisión fatal, porque el Báltico desencadena una metamorfosis: el rockero (occidental) se convierte en ossi (apodo para alemanes orientales).Se trata de La venganza de Honecker por la caída del muro, un filme que dura siete minutos y es uno de los 12 cortometrajes proyectados en la discoteca berlinesa Tresor (Tesoro) coincidiendo con la Berlinale, ganadores del Rollo de Primavera de 1993, el primer festival internacional permanente de cortometrajes, organizado por el minúsculo Kellerkino (Cine del Sótano), en el barrio de Kreuzberg, centro de la cultura alternativa berlinesa. "La idea es que el público mismo sea el jurado", explica Thorsten Schneider, el dueño de esta pequeña sala.

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El público juzga

Entre los 500 cortometrajes de todo el mundo que concursaron, Thorsten eligió todos los meses una docena. El único baremo de puntuación era "si eran divertidas y tenían una historia bonita, porque no nos gustan los experimentos fracasados de vanguardia, y al público tampoco". Cada mes cambiaba el programa y el jurado-público elegía un ganador mensual. Había toda clase de historias: la burla de las cuñas publicitarias antisida; el misterio de la vida a través de figuritas animadas; la historia de una niña que descubre que han desaparecido las nubes y va en su busca. "Había de todo, desde el más perfecto filme de 35 milímetros hasta el más cutre, revelado en un cubo en casa", cuenta Thorsten. La película premiada de 1993 fue un filme de figuritas animadas sobre el impacto de la publicidad en la vida de la gente amichelinada. La directora, Barbara Marheinike, ganó un Rollo de Primavera, infuso en resina sintética y material virgen para el próximo filme, porque "el objetivo es subvencionar el cortometraje", sentencia Thorsten.Él mismo ofrece la logística cinematográfica. Hace 1.000 días, al mismo tiempo que empezó a funcionar el Kellerkino, fundó el No-Budget-Filmservice: alquila todo el equipo cinematográfico y conecta a los directores con músicos y actores por muy poco dinero. Pero esta también tiene su ironía. Porque cuando cayó el muro, Thorsten Schneider compró el equipo (copiadora, mesa de corte) de la Stasi, el antiguo servicio secreto de la RDA. Hizo un buen negocio con sus antiguos represores. Porque los de la Stasi le habían metido en la cárcel por motivos políticos en su época de ciudadano de la RDA. El No-Budget-Filmservice es la venganza de Thorsten Schneider.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 18 de febrero de 1994.

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