Ocho artistas enseñan en Madrid los caminos y las realidades del arte contemporáneo

La exposición "Toponimias" presenta desde pintura tradicional hasta alta tecnología

La exposición Toponimias. Ocho ideas del espacio, inaugurada el pasado lunes en la Fundación La Caixa de Madrid (Serrano, 60), presenta ocho maneras de entender la representación del espacio en el arte contemporáneo a través de ocho artistas de distintas nacionalidades. El comisario de la muestra, José Lebrero, de 39 años, propone el estudio de nombres propios en un momento en que "no existe una dirección o un camino brillante y decisivo en el arte actual". La muestra, en la que los artistas han trabajado sobre espacios concretos, sólo se verá en Madrid hasta el 10 de abril.

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José Lebrero, residente en Colonia (Alemania), se presenta como crítico de arte y comisario independiente, aunque prefiere ser curador de arte. El año pasado participó en el proyecto Plus Ultra del pabellón de Andalucía en la Expo 92 y en exposiciones en el Centro de Arte de Santa Mónica, de Barcelona, y el Círculo de Bellas Artes, de Madrid. En sus trabajos, con un soporte filosófico, observa las relaciones entre el arte y la sociedad junto con el momento político y la arquitectura de la sala."La idea inicial es sencilla, al ofrecer a ocho artistas otros tantos espacios o salas para que en un ejercicio de yuxtaposición presenten ocho maneras distintas de comprender el problema del espacio, manteniendo la constante de la imagen", declaró José Lebrero poco antes de la presentación de la muestra Toponimias. Ocho ideas del espacio, en la Fundación La Caixa, de Madrid.

La imagen está presente desde la propuesta de la única mujer, la artista neoyorquina Julia Scher, posfeminista, que en La fundación vigilada ha colocado cuatro monitores en donde se confunden las cintas grabadas, los lugares directos de la exposición y las personas que circulan por el vestíbulo y sacan sus entradas. El itinerario visual termina con el proyecto de realidad virtual que realiza el indio canadiense Lawrence Paul Yuxweluptun con una actitud política de crítica "a la alta tecnología en un espacio mítico, en un mundo donde todavía hay dioses". En opinión de Lebrero, la diversa procedencia y edades de los artistas se une también a las diferentes concepciones formales y conceptuales y ahí radica el funcionamiento real de la exposición. Ilya Kabakov, uno de los artistas más importantes del conceptualismo ruso, ha realizado una instalación total en el que bajo el nombre de Se vende incorpora cuadros sobre Madrid y materiales del Rastro. "Es un lugar del pasado, simboliza el nómada con una identidad perdida".

En la planta baja se distribuyen las pinturas de Gerhard Richter, cuadros que ponen en cuestión el sistema de la representación y la universalidad del estilo. Dan paso a las grandes pinturas de Art & Language (Mel Ramdsen y Michael Baldwin), "cuadros carnosos y rosas", en donde el observador puede descubrir las palabras ocultas con una mirada activa. En otro ángulo, Fischli y Weiss han escogido un espacio residual "antes de embellecer el arte".

El madrileño José Maldonado ha montado un pabellón titulado Adversidad, que representa las cuatro fases de la vida de una persona. "Es una alegoría de la existencia", dice Lebreros antes de entrar en el espacio de Thierry Kuritzel, en un trabajo muy pictórico, con una videoproyección que alude a la pintura del XIX, con el clasicismo y la pérdida de perfección.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 01 de febrero de 1994.

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