Berlanga cambia la cacería por la prisión

El director presenta 'Todos a la cárcel', su película más libertaria

ROCÍO GARCÍA Luis García Berlanga ha cambiado la cacería por la cárcel. Los trapicheos ya no se hacen con la escopeta bajo el brazo y vestidos de verde caza, sino en camiseta de algodón impregnada de pins. La prisión es el lugar ideal para una verdadera merienda de negros donde el arribismo, la prepotencia y la lucha por conseguir la mayor tajada están a la orden del día. Todos a la cárcel, que se estrena el día 22, es para su director su filme más libertario y quizá el más corrosivo. "Intento un equilibrio de humor para biseccionar esta sociedad que no me gusta nada", dice Berlanga.

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Berlanga (Valencia, 1921) ha vuelto a echar mano para este último filme de todo el plantel de actores -el circo Berlanga como se denominan ellos mismos- que le han seguido desde sus famosas cacerías en La escopeta nacional (1977) y Patrimonio nacional (1980). Son José Sazatornil (Saza), Amparo Soler Leal, Manuel Alexandre, José Luis López Vázquez, Agustín González, a los que se han unido ahora José Sacristán, Marta Fernández Muro, Antonio Resines, Guillermo Montesinos y otros. Todos o casi todos le acompañaron ayer en la presentación en Madrid de Todos a la cárcel, película producida por Sogetel, Central de Producciones Audiovisuales y Antea Films, y que ha contado con un presupuesto de 300 millones de pesetas, de los que 80 millones son subvención del Ministerio de Cultura.La cárcel es ahora para Berlanga lo que las cacerías en la época franquista. Y el motivo, una especie de conmemoración o mitin que se hace en la prisión por parte de antiguos presos políticos como homenaje al preso de conciencia. "La evolución del tiempo ideológico y político ha logrado la transformación de los disfraces. Los negocios que antes se hacían en las cacerías se hacen ahora en las cárceles, aunque también se podía haber buscado un colegio de señoritas o una academia militar o un mercado", dice su director, quien señala que su pretensión ha sido la de "satirizar los tics de toda esa gente que ha pasado por momentos heroicos y que cuando sobrevive rentabiliza ese heroísmo".

Y realmente lo consigue. Por la cárcel aparecen todas los defectos y miserias de nuestra sociedad. Un empresario servil e impotente, incluso biológicamente, dedicado a la instalación de retretes y cuyo único interés es cobrar los 80 millones de pesetas que le adeuda la Administración (José Sazatornil); un chorizo animador cultural en busca de gente vip (José Sacristán); un banquero corrupto, pelota y chantajista (Juan Luis Galiardo); un director de prisión enamorado de un travestido (Agustín González); un cura meapilas disfrazado de rojo (José Luis López Vázquez), y el mismísismo banquero de Dios, un empresario italiano que huye de la prisión con todos los parabienes (Torrebruno). No faltan, por supuesto, un ministro del Gobierno sodomizado por un interno, un miembro de la oposición que lo único que hace es bailar y un actor homosexual con ropa interior de leopardo.

Fueron José Sacristán y Juan Luis Galiardo los que mejor expresaron ayer el sentir de Berlanga en este filme. Para Sacristán, "seguimos siendo una sociedad de travestidos que se camufla y se disfraza según lo que nos conviene. Para Galiardo, es un "testimonio de la confusión colectiva e individual que vivimos tanto en el fondo como en la forma".

Ternura y humor

Todos a la cárcel es, en opinión de su director, su película más libertaria y quizá también la más cruel y corrosiva. "Todo el mundo dice que no dejo títere con cabeza, pero he echado mano de la ternura y el humor para hacer una vivisección de esta sociedad en la que me ha tocado vivir y que aborrezco. No es malo que sea más duro o que el dardo sea más ácido o profundo, porque trato, de una manera muy entrañable a mis supuestos enemigos", se defiende Berlanga, que niega que sea la Administración o el Gobierno socialista quien peor parado sale en su filme. "Espero que tengan el mismo sentido del humor al ver la película que el que yo he tenido al realizarla".

Otro novel en la película es Jorge Berlanga, hijo del director y coguionista con él de Todos a la cárcel. "Esta colaboración ha ido tan mal como todas. No me he llegado a separar ni a pedir el divorcio, pero ha sido muy duro porque yo soy muy puñetero y pesado", ironiza el director.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 13 de diciembre de 1993.

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