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PREMIO NOBEL DE LITERATURA Octavio Paz

“La poesía recuerda lo que somos”

El escritor mexicano Octavio Paz, desde que recibió el jueves la noticia de la concesión del Premio Nobel de Literatura 1990, contesta el teléfono mientras prepara conferencias en su habitación de un hotel de Nueva York. "Siente enormes ganas de hablar, de saludar a sus amigos", dice su esposa, Marie-Jo, incapaz de contener la energía recuperada de este premio Nobel de Literatura de 76 años. Quiere hablar de poesía y de sus nuevas ideas sobre la necesidad de que los intelectuales ejerzan la crítica contra el consumismo capitalista pujante. 'la poesía nos ayuda a recordar lo que somos", declara en esta entrevista el autor de Laberinto de la soledad y El mono gramático.
Octavio Paz
Octavio Paz

Pregunta. ¿Qué consecuencias tiene para el idioma español la concesión de dos Premios Nobel consecutivos?

Respuesta. Para el idioma yo creo que no demasiadas, pero digamos que contribuye al mejor conocimiento de la literatura de lengua española en todo el mundo. Yo creo que este premio, como los anteriores, indica la vitalidad de nuestra literatura, lo mismo la que se escribe en España que la que se escribe en América. También, la gran variedad. Hay novelistas y novelistas muy distintos; hay poetas y poetas muy distintos. Mi poesía es muy distinta a la de Neruda, por ejemplo, a la de Borges. Pero, eso sí, al mismo tiempo es importante que la vez pasada le dieron el premio a un novelista de lengua española y ahora se lo han dado a un poeta que también escribe en español.

P. ¿Significa este premio que la poética en castellano está hoy en mejor momento que la narrativa?

R. No. Yo creo que no. Primero hubo una serie de poetas extraordinarios, lo mismo en España que en América. Pensamos en Neruda, en Borges o en la generación del 27 en España. Después apareció esta gran generación de novelistas, algunos de ellos espléndidos. Pero yo creo que se ha restablecido el equilibrio. Hay poetas y hay novelistas. A veces los novelistas se conocen más que los poetas. Por ejemplo, en los años veinte y treinta se conocía mucho más la novela norteamericana que la poesía. Poco a poco se descubrió que la novela norteamericana hubiera sido imposible sin la poesía. Lo mismo ocurre con la novela actualmente en América Latina; los grandes novelistas actuales de América Latina serían incomprensibles sin la influencia que sobre ellos han ejercido algunos poetas.

P. ¿Vivimos, efectivamente, el fin de las utopías?

R. Sí.

P. ¿Y cree que ese final de las utopías nos han hecho más tolerantes o todo lo contrario?

R. Bueno, las utopías que habíamos padecido -no sé si llamarlas utopías-, es decir, el socialismo totalitario, todo esto fueron escuelas de intolerancia hacia quienes no pensaban como ellos, pero lo que me asusta mucho es el renacimiento de otros fanatismos, que no son fanatismos universalistas como los anteriores, sino fanatismos de tipo nacionalista o fanatismos de tipo religioso, y esto sí me parece muy grave porque son retrocesos, no es lo que nosotros queremos que sea la salida del siglo XXI.

P. ¿No le preocupa el peligro de una forma de intolerancia liberal, de una intolerancia capitalista?

R. No. No lo creo, porque creo que el sistema liberal... En primer lugar, no hay que identificar liberalismo con capitalismo. Son términos cercanos, pero no son sinónimos. En realidad el capitalimo es anterior al liberalismo, históricamente hablando. Yo creo que el liberalismo es uno de los grandes correctivos del capitalimo. Lo que hay que decir es que la sociedad capitalista vive en permanente crisis porque es una sociedad liberal. Si no fuese una sociedad liberal, el capitalismo -que es, en esencia, mercado y competencia- se convertiría rápidamente en monopolio. Sí creo que en la sociedad contemporánea existen gérmenes de intolerancia, gérmenes racistas, por ejemplo. Lo que debía estar ahora más vivo que nunca, sobre todo entre los intelectuales -si es que van a continuar teniendo la misión que ejercieron el siglo pasado y de la cual abdicaron en parte al final de este siglo- es reanudar la crítica, ejercer la crítica. Si algo necesita la sociedad actual es la crítica. Yo no creo que sea un ideal humano el tipo de sociedad moderna, la sociedad de consumo. Producir para consumir y consumir para producir... En primer lugar, no todos consumen y no todos producen, es decir la economía de mercado produce injusticias graves. Pero, aparte de eso, consumir para producir y producir para consumir mutila el horizonte espiritual del hombre.

Poeta popular

P. Usted ha dicho que en la incertidumbre lo que permanece es la poesía, pero actualmente da la impresión de que la poesía es un género prácticamente clandestino.

R. Yo no sé si es clandestino o no lo es. Yo creo que lo que habría que preguntar es no cuánta gente lee poesía, sino quiénes leen poesía.

P. ¿Usted se considera un poeta popular?

R. Me considero un poeta que leen los jóvenes. En cierto modo sí lo soy, pues mis libros se publican en muchos idiomas y los editores los publican porque venderán algunos ejemplares, ¿no?

P. Pero ¿le gustaría ser más popular?

R. Me gustaría ser más popular, pero no a costa de la calidad de la poesía. Lo importante es qué clase de gente lee. La poesía la leen los jóvenes, la leen las mujeres, la leen los hombres de ciencia. Los que no leen poesía son los periodistas, los políticos, los profesores de sociología, los sociólogos... Toda esa gente lee muy poca poesía, aunque sus antecesores sí leían poesía.

Octavio Paz ampliar foto
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P. Mucha gente recita de memoria los poemas de Neruda, los suyos no. ¿Esto qué significa?

R. Perdone que le contradiga pero eso no es verdad. Recitaban los eslóganes de Neruda, eso sí. Pero los poemas de Neruda son a veces mucho más difíciles que los míos.

P. Usted ha advertido que la poesía sirve, entre otras cosas, para enfrentar al hombre con las mayores verdades: el amor y la muerte. Da la impresión de que el mundo moderno se ha olvidado o quiere olvidarse de esas dos verdades...

R. Sí, pero así le va. Yo creo que la poesía nos ayuda a recordar lo que somos.

P. ¿Usted cree que el mundo ha perdido valores políticos o religiosos que antes le servían de guía?

R. Yo creo que los absolutos no hay que buscarlos fuera de uno, no en los Estados, en las ideologías, en las iglesias, sino en la conciencia íntima personal.

P. ¿Es legítimo luchar por el paraíso en este mundo?

R. Sí, pero siempre que el paraíso no se convierta en el infierno, que es lo que ha ocurrido últimamente.

P. Acabamos de celebrar el 12 de octubre. ¿Qué le dice a usted esa fecha?

R. Yo no soy muy partidario de los aniversarios, pero me parece muy turbadora la feliz coincidencia de que me hayan dado el Premio Nobel precisamente en estas fechas. Yo creo que si hay una cosa cierta en todo esto es la universalidad de nuestra lengua.

P. ¿Tampoco es partidario de celebrar aniversarios tan sonados como el V Centenario del Descubrimiento?

R. Sí, porque amplió la visión del hombre. El hombre estaba limitado. El continente americano ignoraba que había otro continente, y el viejo mundo también ignoraba la existencia del continente americano. El gran problema teológico del siglo XVI fue que los evangelios dicen que los apóstoles tienen que ir a evangelizar todo el mundo conocido, entonces cuando los españoles descubren, este continente se dan cuenta de que parte de la humanidad había sido sustraída a los evangelios. Bueno, es la gran ventaja, que de pronto el mundo adquiere su unidad gracias a. la expansión . europea, fundamentalmente de España.

España y Vargas Llosa

P. ¿Cree usted que desde que España se ha incorporado a Europa se ha olvidado de América Latina?

R. Es posible que la vocación europea de España sea más fuerte que su vocación americana, pero yo creo que América le va a recordar a España su vocación americana. Yo creo que el problema de España es parecido al de México. Nosotros tenemos un vínculo especial, primero con los países de América Latina y con España, pero tenemos también un vínculo geopolítico, económico con Estados Unidos. Nuestra historia está ligada inexorablemente a la historia de Estados Unidos.

P. ¿Usted esperaba una intervención como la que tuvo Mario Vargas Llosa contra el régimen mexicano durante el encuentro organizado el mes pasado por la revista Vuelta?

R. Bueno, me sorprendió un poco porque yo creo que no tenía razón al decir que México es una dictadura perfecta. No es una dictadura ni tampoco es un régimen perfecto. Es un régimen de un partido hegemónico que se está convirtiendo más lentamente de lo que yo quisiera, en una sociedad realmente democrática. La gran interrogación es si el Partido Revolucionario Institucional (PRI) va a modificarse de tal modo que se convierta en un partido democrático, moderno, y también si la oposición de izquierda va a tener una evolución paralela y se va a modernizar como se ha modernizado el PSOE o el Partido Socialista francés. Decir que México es una dictadura perfecta es una frase un poco superficial de un hombre a quien yo admiro y quiero.

P. En México se le ha criticado por la realización de ese encuentro y por su vinculación a la compañía Televisa, ¿qué opina usted?

R. Televisa compró los derechos para retransmitir el encuentro, pero ni participó en las reunlones ni mucho menos -pregúntele a Vargas Llosa o a cualquier otro- hubo ningún tipo de presión. En México hay obsesiones. Hay una parte de la clase intelectual y de los periodistas que tienen nostalgias del socialismo autoritario y del populismo de hace unos años.

P. ¿Se siente usted querido en su país?

R. Yo tengo más lectores que la mayor parte de los que me critican. En ese sentido yo me siento querido. A los otros hay que dejarlos en su callejón de la amargura.

P. ¿Cómo interpreta usted que Carlos Fuentes no se haya manifestado sobre el premio que le han concedido a usted?

R. No sé. Yo tengo una gran admiración por Carlos Fuentes.

P. ¿Este premio va a hacer que usted se concentre más en su trabajo literario y menos en las opiniones políticas?

R. La política para mí siempre ha sido una actividad totalmente secundaria; lo que pasa es que como mis opiniones no coinciden con las de la mayoría de estas personas parecen más notables de lo que son, aunque luego no comentan mi obra literaria. Yo voy a seguir siendo el que fui y el que soy, y pienso seguir dedicando lo mejor de mi tiempo al cultivo de lo que me interesa, que es la literatura, pero esto no significa que voy a prescindir de mi,derecho a expresar mis opiniones políticas.

P. ¿Cuál es el espacio del escritor en una sociedad?

R. No está definido. Yo creo que cada escritor lo va definiendo. Depende de razones subjetivas, depende de las circunstancias políticas, sociales... Si hay una democracia le es más fácil al escritor expresarse que si hay una dictadura. Pero también las democracias modernas a veces son demasiado hostiles a la inteligencia pura. No les interesan mucho los problemas puramente científicos o los problemas puramente artísticos.

P. ¿Cuál es el próximo escritor en español que puede aspirar al Nobel?

R. Hay varios y no quiero ser injusto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de octubre de 1990