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El amor es la pasión que contiene y excita el resto de las pasiones

Jean-Didier Vincent explica el efecto emocional de las hormonas

¿Puede explicarse el amor entre Romeo y Julieta mediante una serie de reacciones hormonales del cerebro? Shakespeare, el gran creador de los prototipos literarios de las pasiones humanas, no sabía nada de neuroendocrinología. Sin embargo, Jean-Didier Vincent, profesor de esta especialidad médica en Burdeos (Francia), asegura que las pasiones se sustentan en los circuitos cerebrales y en una intensa actividad hormonal.

"Una sustancia química es capaz de desencadenar un comportamiento amoroso. El deseo, el gozo y el dolor fluyen merced a una marea hormonal", explica. Y añade: "El amor es la pasión que contiene y excita al resto de las pasiones humanas".Para este estudioso del comportamiento humano y animal a través de la biología, las pasiones constituyen todo cuanto es sufrido por el ser y lleva aparejada una reacción hormonal y cerebral.

"Las pasiones son parte integrante del hombre y del animal y sustentan su realidad existencial. A partir de Spinoza podemos reducirlas a tres: deseo, placer o gozo y dolor. Y si nos referimos al escritor francés Bossuet, podemos reducirlas a una sola, el amor, que contiene y excita a todas las demás", manifiesta.

Vincent identifica por extensión los conceptos del amor, el deseo y el sexo, y en este sentido enlaza con Nietzsche y Schopenhauer, quienes consideraban que el amor es "una trampa tendida al individuo para que la especie se perpetúe".

Para este profesor de la Universidad de Burdeos, el deseo como pasión tiene siempre como fin la consecución del placer y la huida del dolor. Y, como buen habitante de la región vinícola por excelencia de Francia, Vincent encuentra placer en el vino y sucumbe ante un fino andaluz, poco antes de pronunciar una conferencia sobre el cerebro y las pasiones en el aula Cajal del Colegio Oficial de Médicos de Madrid.

Maternidad

Al explicar las pasiones humanas a través de la biología, este experto se remite a ciertos experimentos en animales: "Algunas sustancias químicas, inyectadas en mínimas cantidades en determinadas regiones del cerebro, desencadenan una serie de actos motores constitutivos de lo que denominamos un comportamiento, ya sea comer, beber, hacer el amor...". E ilustra este hecho con el ejemplo de un cobaya al que se le inyecta en el cerebro una pequeña cantidad de una sustancia llamada luliberina (la hormona que provoca la ovulación en la mujer). "Si dispone de una pareja", añade, "este animal se entregará intensamente a una actividad amorosa. Pero la aventura química del deseo sexual-amoroso no acaba aquí. Se ha podido comprobar que el estallido final del coito iba acompañado de una liberación masiva de otras sustancias llamadas endorfinas y así se llegaba a la saciedad sexual"."No sabemos", bromea, "si Romeo utilizó la sustancia luliberina para enamorar a Julieta".

Según advierte Vincent, el sexo o el deseo no son las únicas pasiones desencadenadas por la inyección en el cerebro de una sustancia química. "La ocitocina, que es la hormona que hace brotar la leche en las hembras de los mamíferos, inyectada también en mínimas cantidades en el cerebro de una rata provoca en pocos minutos un comportamiento maternal completo y el animal adopta inmediatamente a las crías extrañas puestas en su jaula", señala.

En el vasto y complejo mundo de las pasiones Vincent establece tres grandes campos: la pasión al otro, en donde se encontraría la relación amorosa y sexual del hombre y la mujer; la pasión de los otros, cuyo máximo exponente sería el poder, el dominio y las distintas jerarquías de esta pasión, y la pasión del mundo, cuyo primer contacto sería la madre y luego el padre, que supondría la puerta abierta hacia emociones como la agresividad, la adaptación, el miedo o la enfermedad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 22 de junio de 1990