Alfonso Guerra inaugura en Turín el congreso internacional sobre Antonio Machado

El vicepresidente del Gobierno destacó el carácter "plural y antidogmático" del poeta

La semana machadiana se inició ayer por la mañana en la universidad de Turín con una conferencia pronunciada por el vicepresidente del Gobierno español, Alfonso Guerra, conferencia dictada a título personal, sobre el tema Antonio Machado: un canto de frontera, a la que asistieron el presidente de la república portuguesa, Mario Soares, Rafael Alberti, las autoridades de la región piamontesa y de la ciudad de Turín y la flor y nata de poetas, hispanistas y expertos en Machado de media Europa y de América Latina. El congreso sobre Machado se celebrará en Turín hasta el próximo jueves.

Antes de que Alfonso Guerra pronunciase su conferencia, el rector magnífico de la universidad, Mario Umberto Dianzani, le entregó la placa de la universidad de Turín. Momentos antes había concedido también las medallas de plata de la universidad con pergaminos a los escritores Rafael Alberti, José Hierro, Leopoldo de Luis, Ramón de Garciasol, Olga Orozco y Cintio Vitier, ausentes por enfermedad los tres últimos.El aplauso mayor de la jornada fue para Rafael Alberti, quien una hora antes del acto ya estaba sentado en primera fila y que fue llamado más tarde a la mesa de la presidencia. Más que aplaudido, el poeta español, considerado aquí medio italiano, fue realmente ovacionado. Se esperaba que pronunciase unas palabras pero él prefirió "hablar con el silencio".

El vicepresidente español, elegante, con traje oscuro y chaqueta cruzada, habló 42 minutos Sobre Machado. Introdujo su discurso en italiano con acento sevillano, para recordar lo mucho que une a España e Italia, un país, dijo Guerra, "donde pocas cosas me parecen extrañas". Repescó el castellano para adentrarse en la complejidad de Machado, de quien afirmó que toda su creación fue "de enorme pureza y transparencia, que exigen sin embargo enorme cuidado porque se trata de una sencillez esquiva que pide la participación del lector".

Trasfondo político

Guerra recorrió el itinerario de Machado con una lectura literaria personal con trasfondo político que, en algunos momentos, traicionaba una clara proyección freudiana de lo que el político español está viviendo en este periodo.

Como cuando glosó el humor de Machado, con el cual, dijo, que el poeta realizó "una visión del mundo llena de contrastes, en la que lo que aparece real se pone del revés para ir encontrando verdades veladas, ocultas, deformadas por los prejuicios".

Y añadió: "El amor de Machado relativizaba siempre las aspiraciones absolutas". Dijo que Machado fue siempre "plural y antidogmático" y que "nunca, ni en su vida ni en su obra, compuso un equívoco, la precisión fue en él gracia".

Guerra, de quien comentaban los italianos: "Tiene el tipo de un torero", habló con tono pacato, casi amedrentado, frente a los miuras que le escuchaban: los mejores hispanistas, poetas y expertos en Machado. Por eso al concluir, cuando los grandes machadianos se acercaron a él para felicitarle, Guerra, como un escolar que acaba de hacer un examen, se adelantó diciendo: "Soy sólo un aficionado, pero con mucho amor por el poeta". Lo sacó de su apuro el novelista portugués José Saramago, quien lo atajó diciendo: "Un aficionado pero con inteligencia".

Por su parte, el poeta español Carlos Bousoño, que abordará hoy el tema, ante la presencia de Guerra, Machado en la evolución interiorizada de la poesía contemporánea entre la época romántica y el surrealismo, interrogado por este corresponsal sobre el valor académico de la intervención del vicepresidente del Gobierno, respondió: "Su mayor mérito es el haber dado una lección muy proporcionada y ajustada. Ha revelado ser un atento y gran lector de Machado a quien ha citado siempre con mucha oportunidad".

Sobre la doble lectura literario-política que de Machado ha hecho Alfonso Guerra en Turín, con una crítica clara al neoliberalismo incapaz de creatividad y al concepto de "masa" en contraposición con el de "pueblo" y la defensa de la cultura popular contra la impuesta desde arriba, Bousoño respondió: "No se puede hacer una lectura de Machado sin una vertiente política. Es justo decir que fue en su época una gran fuerza moral. Yo personalmente estoy en contra de las divisiones creadas por ambos fanatismos, de izquierdas y de derechas, y pienso que hoy España vive en un feliz equilibrio y que es el país más tolerante de Europa".

Los estudiantes, que habían ocupado las facultades de humanidades de la universidad de Turín en protesta por el proyecto de ley de reforma de los estudios universitarios, no contestaron las celebraciones machadianas, por lo que desentonaba el imponente despliegue de policías presidiendo la puerta del rectorado de la universidad.

Unamuno, la cultura y otras comparaciones

Uno de los momentos quizá más felices de la conferencia de Guerra fue su comparación entre Antonio Machado y Miguel de Unamuno, por una parte, y por otra su definición de la cultura en clave machadiana."Según Antonio Machado", dijo Guerra, "un impulso vital del hombre es su voluntad de salvarse, de mejorar, de ser otro. En esto coincide con Miguel de Unamuno, a quien tanto admiró y de quien tanto fue también admirado. Punto final de sus coincidencias fue que mientras Unamuno agonizaba heroicamente en su vida por la salvación del otro en sí mismo, Machado acabó volcando aquel impulso en la necesidad real de salvar esencialmente al otro. Y eso a mi entender es la operación que revela la poesía, la creación de Machado, ese recrearse a sí mismo en un momento poético constante hasta saltar las vallas del propio corral e irse a ser otro, a ser él mismo en tí (...). Va a ir el poeta sacando de sí mismo los otros seres que lo habitan y le dan pensamiento y figura, tan realmente que Machado el bueno, como aquel otro bueno, el hidalgo Álvaro Quijano, acabó siempre más sí mismo, halló su mayor identidad en la identificación con los otros y sobre todo con eso en que Machado acaba por romper el espejo que vela la realidad: el auténtico amor, la auténtica cordura". Alfonso Guerra definió la cultura en clave machadiana como: "Energía que se expande y se difunde, ya que difundir y defender la cultura es una misma cosa; aumenta en el mundo el humano tesoro de conciencia vigilante porque toda creación, toda cultura se nutre de la energía que la cultura popular produce".

Un concepto de cultura que Alfonso Guerra definió, en simbiosis con Machado, como la acción de "despertar las almas dormidas", recordando que es por ejemplo cultura finísima la frase que Antonio Machado afirmó haber recogido de boca de un pastor de Soria: "Nadie es más que nadie".

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 18 de febrero de 1990.