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Intelectuales asturianos intentan evitar el derribo de una estación histórica

El manifiesto denuncia Ias sucias maniobras de la especulación

El lingüista y académico de la Lengua Emilio Alarcos Llorach, el filósofo, Gustavo Bueno y el ex rector de la universidad de Oviedo José Viliguel Caso son algunos de los firmantes de un manifiesto en contra de la demolición de una estación de ferrocarril ovetense perteneciente a la compañía Ferrocarriles Españoles de Vía Estrecha (FEVE) que data de 1945.

El derribo de esta estación ha suscitado una viva polémica en la ciudad. Para impedirlo se ha creado una plataforma cívica que pide la conservación del edificio en virtud de "los numerosos elementos que convierten este lugar en el único vestigio de nuestra tardía inclustrialización, y que se mantiene en pie en firma de estación de ferrocarril". La plataforma y los firmantes del manifiesto denuncian "las sucias maniobras de la especulación, aliada con la des vergüeriza y la falta de escrúpulos de FEVE y de los pode res locales y regionales". Tanto esta empresa estatal como las autoridades municipales han rechazado estas acusaciones. La compañía FEVE recuerda que en su poder obra "la licencia de demolición con todos los requisitos exigidos por la legislación vigente", y que dicho permiso "ha sido obtenido tras la presentación del correspondiente proyecto y tras la trami tación del estudio de detalle que ha sido sujeto a información pública". La plataforma acusa a FEVE de "rapacidad" y de estar "expoliando a los asturianos al destruir su patrimonio cultural, pero también está haciendo un fabuloso negocio al traficar con el patrimonio urbano". Estas imputaciones han sido desmentidas tanto por el responsable del proyecto de reordenación de la zona, el arquitecto Antonio Vélez Catráin, como por el concejal de Urbanismo del Ayuntamiento de Oviedo, el socialista Juan Álvarez, quienes aseguran que en el inmueble se construirán, junto con una nueva estación, 130 viviendas, el mínimo necesario para permitir, con su venta, la financiación del conjunto de la obra y la urbanización de la zona, sin que existan otros móviles económicos en la operación.

Oviedo ha vivido históricamente otras polémicas similares, pero en casi todos los casos se impuso el criterio de la etiqueta: desaparición del acueducto de pilares, convento de las Clarisas, palacete de Concha Heres, derribo del carbayón, el roble centenario cuyo recuerdo sigue simbolizando aún hoy el espíritu de la cludad, etcétera. Todo ello ha ido creando en la capital asturiana un sentimiento de indefensión, que arrastra no sólo a los ovetenses, sino a otros como Alarcos y Bueno, se han integrado plenamente en el espíritu de la ciudad después de décadas de residencia. Ambos, profesores eméritos de la universidad ovetense, ya han coincidido antes en otros manifiestos.

La estación del vasco

La polémica sobre la estación (conocida como estación del vasco, debido al nombre de la compañía propietaria hasta su incorporación a FEVE) se ha dado después de que un militante socialista, Wericeslao López, desautorizara a la mayoría socialista gobernante, desvelando que en 1983 el proyecto era convertir la estación en un centro cultural, y a raíz de qúe la comisión política de Izquierda Unida contradijera públicamente a su concejal Juan Fernández Ama, que había votado por la demolición.Izquierda Unida ha pedido disculpas por lo que considera "un error", aunque el edil se niega a retractarse.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de noviembre de 1989