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Ingresa en prisión la propietaria de un geriátrico donde 15 ancianas sufrían malos tratos

Isabel López Alba, propietaria de la residencia geriátrica Alba, en el barrio barcelonés de Vallvidrera, ingresó en prisión en la madrugada de ayer acusada de ser la responsabe del estado de abandono de 15 ancianas que vivía en el centro en condiciones infrahumanas. La residencia es privada y por término medio cada interno paga entre 70.000 y 100.000 pesetas mensuales. El estado de las ancianas, evidenciado por las fotografías que dispone la fiscalía, es similar al que se hallaban los supervivientes de los campos de concentración nazis al término de la II Guerra Mundial, con un alto grado de desnutrición, llagas y heridas posiblemente irreversibles.

La detención se llevó a cabo por la denuncia presentada el jueves pasado en la fiscalía de la Audiencia de Barcelona por la Coordinadora de Usuarios de la Sanidad, después de que trabajadoras del centro les contaran la situación y les mostraran unas fotografías que reflejan a ancianas con profundas llagas y otras con heridas o lesiones en el cuerpo. A la vista de la denuncia, el Juzgado de Guardia resolvió inspeccionar el centro en la noche del jueves. Las 15 ancianas fueron trasladadas ayer al Instituto Frenopático.

La residencia la componen una casa de dos plantas y un barracón. Las personas que ocupaban las habitaciones de la casa, alrededor de 25, estaban bien atendidas, a diferencia de las 15 que ocupaban el barracón, dividido en dos habitaciones de unos 20 metros cuadrados.

Encerradas

En una de las habitaciones se colocaban, 10 camas plegables cada noche, con lo que apenas quedaba un palmo de distancia entre ellas. Durante el día, las camas eran plegadas. La otra habitación estaba destinada a sala de estar durante el día, y el mobiliario se limitaba a una mesa y sillas. En un pasillo también se habían instalado camas, así como en un lavadero. Esta dependencia, denominada en el centro como zona verde, estaba ocupada por las ancianas con un proceso de demencia senil, que habitualmente eran encerradas con llave desde las siete de la tarde hasta las siete de la mañana.Al estar recluidas durante 12 horas, las trabajadoras encontraban cada mañana las camas con excrementos humanos y en algunos casos con pedazos de carne putrefácta desprendida de las llagas, según recoge la denuncia presentada.

Como única práctica higiénica, las ancianas eran lavadas con una misma palangana y una esponja que era utilizada sucesivamente por todas ellas. El almuerzo y la cena solían consistir en las sobras trituradas de las ancianas que ocupaban la otra parte de la residencia. Los alimentos eran distribuidos en tres o cuatro recipientes y repartidos entre las residentes con una sola cuchara, Ocho trabajadoras, la mayor parte de ellas en condiciones laborales precarias, atendían en tres turnos a las 40 ancianas repartidas en las dos partes del centro.

La denuncia sostiene que una de las mujeres falleció el pasado martes a causa de las condiciones de vida. La Coordinadora afirma que la mujer estuvo también procesada por abusar de mano de obra filipina.

Ángela Miquel, responsable de los Servicios Sociales de la Generalítat, afirmó ayer que el centre fue inspeccionado el lunes pasado y que no se observó nada anormal. Al parecer, los inspectores visitaron la casa, pero no encontraron el barracón.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 23 de septiembre de 1989