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Coromines remite a Semprún una carta en la que se queja del trato a la lengua catalana

El jurado que le otorgó el Premio de las Letras considera "inoportuna" la misiva

, El filólogo Joan Coromines, galardonado el pasado lunes con el Premio Nacional de las Letras, ha remitido un escrito a Semprún en el que afirma que acepta el premio, cuyo importe de cinco millones dedicará íntegramente al Onomasticon Cataloniae, la obra en la que trabaja actualmente, pero señala su "profundo resquemor" por algunos hechos relacionados con la lengua catalana y propiciados por la Administración central, que considera "intolerables".

Varios miembros del jurado consultados por este diario calificaron de "inoportuna" la carta, que ayer no había llegado aún al ministerio, por lo que no hubo ninguna declaración oficial."No puedo dejar de decirle", se lee en la misiva que el filólogo remite al ministro, "que la satisfacción que esta distinción me da va acompañada de un profundo resquemor. Mi única nación y mi única lengua, a las cuales rindo incondicional homenaje, son la nación y la lengua catalanas. Y veo con tristeza que el Estado y el Gobierno que me otorgan el premio todavía niegan o regatean los derechos que le son debidos a ambas".A continuación, Coromines expone tres puntos que considera "intolerables": "Primero, que se admitan en los Paísos Catalans, maestros, agentes de policía y otros funcionarios sin un completo conocimiento de nuestra lengua. Segundo, que se regatee o someta a hábiles maniobras el apoyo incondicional a la oficialidad del catalán en el seno de la Comunidad Europea ( ... ). Tercero, que magistrados nombrados por el Estado traten de introducir una división en la unidad de la lengua literaria y oficial catalana, preceptuando el uso de enseñanzas y textos en lengua valenciana y no catalana".La carta concluye con un llamamiento a la unidad europea para hacer frente a "amenazas guerreras y totalitarias" con el apoyo de "las naciones pequeñas o modestas como la nuestra, rechazando la farsa de los colegios electorales únicos, impuestos por dominadores mediocres".

Juan Manuel Velasco, director general del Libro y Bibliotecas del Ministerio de Cultura y miembro del jurado que otorgó a Coromines el premio, aseguró a este diario que la carta no había llegado a su destinatario, por lo que no había "ninguna reacción" por parte del departamento.

Más contundentes se manifestaron otros miembros del jurado. El escritor Joan Perucho manifestó: "Cuando apoyamos el nombre de Joan Coromines para el Premio Nacional destacamos su catalanidad y el resto del jurado la aceptó. El jurado, que es completamente apolítico, le concedió el premio y Coromines lo aceptó. La carta es política y yo soy respetuoso con su contenido, pero no es una carta oportuna ni simpática. Es una carta desairada. Si las razones que da son tan graves hacía falta plantearlas en otra ocasión o bien ahora, pero no aceptando el premio".

El académico Jordi Carbonell significó por su parte: "Me parecería una impertinencia que yo opinara por encima de Joan Coromines. Desde luego, no voy a comentar ni lo que hace ni lo que deja de hacer. Creo que tiene todo el derecho de decir lo que piensa, y no voy a ser yo quien juzgue a una persona que intelectualmente considero muy por encima de mí".Victoria Camps, también miembro del jurado, opinó por su parte que la carta respondía al criterio de una persona que vivía bastante apartada de la actualidad, porque, en su opinión, sí se han hecho esfuerzos para el reconocimiento del catalán. "Por lo demás una cosa es reconocer el uso del catalán y otra imponerlo por la fuerza", añadió.

Para el escritor y poeta Carlos Barral, que fue uno de los finalista del premio, "el exhorto de Coromines me parece espléndido, pero mezcla cosas que no son exactas, especialmente por lo que se refiere a su demanda de oficialidad del catalán en Europa, aunque está lleno de buenas intenciones".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 8 de junio de 1989