“Marxismo-leninismo o muerte”, proclama Castro

Fidel Castro, frente a los experimentos de reforma del socialismo en otros países, propuso la revolución cubana como modelo a seguir en la construcción de la sociedad comunista. Más convencido que nunca de conducir a su país por el camino correcto, el presidente cubano garantizó que "en estos tiempos de confusión", la revolución cubana, que cumple 30 años, será siempre riel a los principios y estará a la altura de su responsabilidad ante el mundo. "Socialismo o muerte, marxismo-leninismo o muerte", gritó Castro para rubricar un discurso breve (una hora y 45 minutos), en el que eludió abordar los principales problemas de la situación actual del país.

Fidel Castro dijo en un discurso pronunciado al filo de la medianoche del domingo (madrugada de ayer en España), en la ciudad de Santiago de Cuba, donde hace 30 años sus tropas vencieran la última resistencia de la dictadura de Fulgencio Batista, que si la revolución cubana ha llegado a cumplir las tres décadas es porque "ha sabido resistir lo que nadie en el mundo puede imaginarse".

Castro vaticinó que "aquellos que sueñan con que la revolución puede ser alguna vez batida se engañan", y afirmó que, por el contrario, "cumplirá los 40, los 50, los 60 y los 100 años".

El presidente cubano explicó que la fuerza de esta revolución radica en que siempre ha sido socialista y marxista-leninista, y añadió: "Hoy, 30 años después, podemos asegurar que nuestro pueblo será siempre fiel a los principios del socialismo, siempre leal a los principios del marxismo-leninismo, siempre leal a los principios del internacionalismo".

Sin mencionarlo expresamente, Fidel Castro hizo alusión al debate internacional sobre los modelos de socialismo provocados por la introducción de la perestroika, y propuso a los movimientos revolucionarios del mundo que fijen sus ojos en el espejo de una. Cuba purista y radicalmente fiel a los principios.

"En estos tiempos de confusión", dijo, "podemos afirmar que estamos conscientes de la enorme responsabilidad que, ante los pueblos del mundo, y especialmente ante los del Tercer Mundo, tiene hoy nuestro proceso revolucionario, y que sabremos estar siempre a la altura de esa responsabilidad".

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Omisión

Fidel Castro no quiso repetir las críticas formuladas en ocasiones anteriores contra la perestroika, pero tampoco mencionó a la Unión Soviética a la hora de recordar las razones por las que esta revolución se ha mantenido en el poder. Mucho menos regaló los oídos de los que desean apertura y cambios, excepto para admitir que trabajará para hacer que "esta revolución sea cada día mejor, más eficaz".

Todo lo demás fue un mensaje con el que Castro se reconoce como el adalid (¿el único?) del verdadero socialismo. "Esto, que la ortiga se convierta en miel, se llama Fidel", le había recitado antes del discurso una colegiala de falda amarilla y boina roja, de cuyos labios salieron otros versos de alabanza al líder indiscutido de este país caribeño.

El presidente cubano explicó también algunas de las más difíciles circunstancias que tuvieron que afrontar las fuerzas rebeldes para alcanzar la victoria el día 1 de enero de 1959. Castro señaló que se trató del triunfo de 3.000 hombres alzados en armas contra un ejército integrado por más de 80.000 soldados.

Fidel Castro recordó los cientos de miles de maestros, las decenas de miles de médicos que esta revolución ha formado para su pueblo, pero no abordó aspectos de la actual crisis económica, que se refleja claramente en los índices negativos de crecimiento y en la falta de divisas para comprar gran parte de las necesidades de la población.

Reivindicar el pasado

El discurso del presidente cubano constituyó una reivindicación plena del pasado ("errores al margen", admitió en un momento) y una proclamación de que el futuro se ganará a base de fe ciega en el sistema político que rige el país desde hace 30 años.

Las expectativas de que el máximo dirigente cubano señalase vías por las que salir de la crisis actual se vieron frustradas.

Por supuesto, no es fácil recoger en este país un estado de ánimo general sobre el impacto que el discurso causó. En los puestos callejeros instalados para la feria del 30º aniversario, la gente, indiferente, seguía ayer tomando cerveza en arcaicos vasos de papel a los sones de los peores cantantes de México y Venezuela. Los círculos políticos, y diplomáticos no podían negar, sin embargo, que esperaban algo más que una vehemente exhortación al purismo.

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