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Tribuna:EL PORVENIR DE LA DICTADURA CHILENA

Un itinerario claro hacia la democracia

RICARDO LAGOSEl fallido atentado contra el general Augusto Pinochet del pasado 7 de septiembre, así como la reacción del dictador chileno han aumentado la inestabilidad del sistema político imperante en aquel país suramericano. Esta es una circunstancia peligrosa a la que se tiene que enfrentar la oposición, que ha de formular un itinerario de transición a la democracia que pueda ser discutido con las fuerzas armadas. Esto es lo que propone el autor de este artículo, dirigente socialista que estuvo detenido durante diecinueve días a raíz del atentado.

Existe acuerdo en señalar que el atentado contra Pinochet el 7 de septiembre pasado cambió el cuadro político de Chile. Sobre lo que no hay acuerdo es respecto de cuáles fueron dichos cambios. Para algunos, el atentado fortaleció a la dictadura, porque obligó al Gobierno a cerrar filas en torno a Pinochet y dejó atónita a la oposición.Mi opinión es diferente, ya que pienso que el resultado es más complejo. Para explicar por qué, hay que remontarse a la situación anterior al atentado. La indispensable unidad de la oposición se veía amagada en dos frentes: por una parte, los sectores más cercanos al Gobierno sostenían la necesidad de negociar con Pinochet un lento camino evolutivo a la democracia; por la otra, el partido comunista mantenía como línea política el impulsar todas las formas de lucha, incluso la armada.

Tras el atentado, fue evidente el deseo del general Pinochet de utilizarlo como pretexto para erradicar a todos los sectores democráticos del país que quieren poner fin al sistema autoritario mediante una salida política. Más que buscar a los culpables del atentado, el Gobierno persiguió a toda la disidencia política y afirmó otra vez su proyecto de dictadura personal vitalicia.

En el otro extremo, la dirección del partido comunista prefiere - no pronunciarse sobre el atentado, debido al fuerte rechazo que las acciones decididamente militares han provocado en todos los chilenos, incluyendo a muchos militantes de dicho partido, quienes han sido situados en la primera línea de mira del Gobierno, aunque no hayan aprobado ni participado en acciones militares. La convalidación del PC por la vía de la omisión de un acto terrorista de esta trascendencia, así como el anterior hallazgo de arsenales vinculados a dicha organización, al menos en parte, ha aumentado el desconcierto de la numerosa base social del Movimiento Democrático Popular (MDP).

Engañarse

En resumen, por una parte naldie puede engañarse más en la derecha pensando que se puede negociar con Pinochet algo que no sea su Gobierno de por vida. Por la otra, se han dado las condiciones para que la ambigüedad respecto del estilo militar de hacer política del PC también desaparezca y ya ha habido declaraciones de dirigentes comunistas en dicho sentido. En el futuro veremos en el aislamiento creciente a quienes propongan estas líneas de acción. Y esto es bueno para la democracia en Chile. Se ha producido así una decantación hagia la derecha y hacia la izquierda, quedando hoy en absoluta minoría aquellos que proponen un en frentamiento -de uno u otro signo- por la vía militar. El amplio espectro que busca una solución política, esto es, una donde todos los chilenos tracemos el futuro del país, se ha visto fortalecida.

En un primer momento, la acción armada del 7 de septiembre y la reacción de Pinochet aumentaron la inestabilidad del sistema político chileno, lo que es de suyo peligroso. Es indispensable que la oposición impida la sensación de vacío, planteando con claridad un itinerario de transición a la democracia que pueda ser discutido inmediatamente con las fuerzas armadas.

Los socialistas nos opusimos al diálogo con el ministro del Interior de Pinochet que parte de la oposición realizó en 1983, dado que no había una agenda clara para la discusión, ni tampoco había seguridades de que el ministro Jarpa tuviera facultades para ello. Declaré en esa ocasión que el interlocutor era sólo un habla dor. Por desgracia, el tiempo nos dio la razón cuando el general Pinochet desahució las conversaciones con la oposición. Hoy, las condiciones son totalmente diferentes. Si se dialoga, tendrá que ser con los comandantes en jefe esto es, quienes están investidos coi! los poderes necesarios para modificar el calendario institu cional, dentro de lo que es la ins titucionalidad del régimen.

Es necesario tomar resguardos para que el diálogo no sea una simple operación de propaganda. Tampoco puede ser para introducir cambios cosméticos, ni para darle tiempo a Pinochet de dar un nuevo golpe de autor¡dad. El tema del diálogo debe ser la transición a la democracia. Esto significa que, a partir de una coincidencia en el diagnóstico en cuanto a que la gravedad de la situación chilena obliga a un cambio radical en la institucionalidad actual, debe avanzarse para lograr un consenso que le permita al pueblo expresarse libremente.

Para ello es indispensable que quienes hoy detentan el poder den algunas señales de distensión política, entre las cuales las más importantes son el levantamiento del estado de sitio, la liberación de los que aún están detenidos y que la utilización de las leyes antiterroristas se dirija efectivamente hacia la sanción de los culpables de tales actos y no, como hasta ahora ha sido, que se utilícen con el pretexto de extender estos delitos a la disidencia política. Junto a esos signos, será indispensable que haya un acceso equitativo a los medios de comunicación para los que participen en ese diálogo.

El tema del diálogo es uno solo: buscar un mecanismo para que el pueblo se exprese y elija sus propias autoridades, presidente de la República y Congreso. Este último, con los atributos propios del ente legislativo, esto es, claras facultades de fiscalización y de modificar la Constitución. La oposición tiene que ser capaz de plantear al país, como lo ha venido haciendo hasta ahora, que no habrá un salto al vacío, sino que existen los principios esenciales respecto de la institucionalidad futura y a la vez los lineamientos que se aplicarán en el campo socioeconómico para permitir remontar -especialmente a los sectores populares- lo que han sido los efectos sociales de la más grave crisis del país. Por ello los socialistas sostenemos que es indispensable que junto con el diálogo para salir a la democracia haya un acuerdo sustantivo entre las fuerzas políticas que permita restablecer los equilibrios sociales que la sociedad ha perdido en estos 13 años de autoritarismo.

Los socialistas afirmamos que cualquier solución debe ser ratificada por la ciudadanía, ya que el pueblo es el único soberano que puede trazar la solución a la crisis política. Planteamos también nuestra posición en orden a que la transición no debe eliminar solamente la interdicción política y las violaciones de los derechos humanos, sino también la gravísima exclusión económica y social que afecta a la mayoría de la población. Los chilenos quieren votar y también quieren oportunidades de trabajo dignas. Cerrar los ojos a esta realidad sería no entender el país social.

En la prisión

Si mi interpretación de lo ocurrido es correcta, querría decir entonces que el drama nacional que con tanta fuerza ha arreciado durante septiembre sobre nuestra patria habría servido para dar fruto positivo.

En la soledad y en el sufrimiento que conlleva una prisión medité mucho sobre la salida de Chile a esta crisis. Creo que cuanto hemos planteado en el pasado sobre la necesidad de una respuesta nacional de todos los sectores para abordar la crisis política, económica, social y moral por que atraviesa Chile adquiere hoy mayor vigencia que antes. El dar esta respuesta nacíonal requiere de ciertos consensos mínimos en torno a la forma de salir del autoritarismo y transitar a la democracia. Esta forma, que tiene que ser necesariamente negociada, es el único camino que nos permitirá enfrentar con éxito la violencia que tiende a enseñorearse de nuestra patria. Si los sectores democráticos son capaces hoy de diseñar ese itinerario y plantearlo con claridad al país querrá decir que la primavera que se avizora hoy en Chile podrá un paso a un verano maduro de la democracia que se avecina.

Ricardo Lagos es dirigente socialista chileno.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 14 de noviembre de 1986