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La verdadera historia del campo de Níjar

J. D. S. Como ya publicó este periódico (véase EL PAÍS del pasado 21 de julio), la tragedia lorquiana arranca de un hecho real, un crimen en el que se mezclan la honrá y los intereses económicos, vendido también como crimen pasional, ocurrido en Níjar, a 32 kilómetros de la capital, Almería, el 22 de julio de 1928, aunque Lorca, al escribir su tragedia, alteró en parte los hechos y evitó su correcta localización, situándolos o, mejor, inspirándose, en las cuevas-viviendas de la zona de Guadix.

Pero en el montaje de Gómez -que no se inicia con el diálogo entre la madre y el novio, como en el texto de Lorca, sino con todos los intérpretes en escena, contándonos un romance, el romance del denominado Crimen de Níjar-, la referencia es exacta, precisa.

Algunos de los protagonistas directos de aquellos hechos viven todavía, y anteayer, terminada la función, me contaban en Almería que dos de los miembros de las dos familias enfrentadas en los hechos y en la obra asistieron al estreno del montaje de Gómez, con la condición de que se les colocase en butacas espaciadas la una de la otra y que no se informase a la Prensa de su presencia. Al parecer, los miembros de ambas familias no se hablan desde 1928.

¿Por qué en Almería?

¿Por qué el estreno en la ciudad de Almería, tras rechazar las ofertas de Granada y Sevilla, capitales más teatreras?

Al margen del justo comentario de José Luis Morata, el productor ejecutivo de la obra -"Entre otras razones", dijo Morata, "porque a Almería siempre se la ha considerado el pato feo. A Almeria siempre se la ha olvidado", (La Voz de Almería, 4 de octubre)- pienso que se trata de una deferencia, de un homenaje de Gómez a un paisaje y a unas gentes con las que Lorca convivió en una época de su infancia, y que además son, están, en el origen de Bodas de sangre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de octubre de 1985