11 años de dictadura en Chile

Con la represión, Pinochet todavía pretende perpetuarse en el poder

A punto de cumplir 11 años de férrea dictadura militar, el general Augusto Pinochet está más viejo, pero no menos violento. Lo acaba de demostrar al reprimir con mano dura la protesta nacional en su contra del 4 y 5 de septiembre, que dejó nueve muertos y más de 100 heridos, justo a una semana de celebrarse el undécimo aniversario de la muerte de la democracia en Chile, el 11 de septiembre de 1973.

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El general Augusto Pinochet, de 69 años, un admirador Confeso del genio militar y político de los emperadores romanos, enfrenta ahora dos alternativas para cumplir su anhelo de perpetuarse en el poder.En primer lugar, puede mantener y acelerar un proceso de apertura política en el que no cree, pero al cual lo empujan algunos de sus asesores civiles, y, io que es más importante, algunos de sus mandos militares. Para ello tendría que restablecer los partidos políticos, reabrir los registros electorales y convocar un congreso dentro de dos años a más tardar Todo ello ha sido expresamente rechazado por el propio Pinochet en discursos recientes, lo cual parece conducir directamente a la segunda opción.

La otra posibilidad que le resta a Pinochet -en un cuadro de progresivo aislamiento y creciente movilización social en su contra- es la vieja vía del populismo dictatorial. Nada de partidos políticos sino sólo un partido oficial. Nada 'de congreso ni registros electora les, sino una "democracia nueva", protegida, orgánica, basada en "la activa participación de los cuerpos intermedios de la sociedad". Un panorama demasiado conocido para el mundo desde Mussolini y Franco.

Pero esta última vía -pese a que no tiene bases económicas para imponerse, debido a la cuantiosa deuda externa chilena, que obliga al país a pagar más del 50% de sus exportaciones sólo en intereses- parece ser la elegida por Pinochet en los últimos meses.

El dictador ha dado por cancelado el Congreso nacional y ha impuesto trabas para la aprobación de una ley de partidos políticos por parte de la Junta de Gobierno, la cuál fue definitivamente postergada el jueves pasado.

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"No creo en los partidos políticos, por esohe puesto algunas trabas para su funcionamiento. Lo que hace falta en Chile es un movimiento de verdaderos nacionalistas, que piense sólo en la patria y no en divisiones partidistas. Y ese movimiento vendrá después", dijo el general Pinochet hace poco más de una semana, en unclaro adelantó de sus próximas intenciones.

Tal alternativa, aunque llena de alborozo a algunos. miles de adherentes de los dos o tres movimientos nacionalistas que existen en el país, no deja nada contentos a los representantes de la derecha política y económica chilena, que, ven con preocupación cómo se les puede ir de las manos el fantástico poder acumulado en 11 años de dictadura absoluta.

"Caudillo,popular"

Y mientras Pinochet planea en la intimidad de su bunker cómo convertirse en una suerte de caudillo popular, la oposición busca afanosamente remontar el empate político que la ha mantenido empantanada durante los últimos seis meses.

Y lo está logrando, porque hasta los principales jefes político de la derecha ya reconocen por ahora -en privado- que ya no hay salida posible para Chile mientras Pinochet esté en el poder.

"El momento clave será cuándo la derecha se declare públicamente enemiga de Pinochet y firme acuerdos amplios con la oposición", dijo recientemente el presidente del Partido Demócrata Cristiano, Gabriel Valdés.

En ese momento, anticipó, será posible acudir ante los altos mandos militares, representados por la Junta de Gobierno, para hacerles ver que toda la población civil está de acuerdo en la necesidad de reemplazar a Pinochet y acelerar de veras el proceso democrático.

"Si esas conversaciones fracasan, como creemos lamentablemente que ocurrirá, estaremos en condiciones de llamar a un paro nacional de larga duración que impida de hecho seguir gobernando a Pinochet", aseguró a EL PAÍS otro dirigente de alto nivel de la opositora Alianza Democrática.

Muchos ven, sin embargo, el riesgo de una salvadorización del país si Pinochet se emppña en mantenerse en el poder a toda costa y si la oposición no es capaz de encontrar soluciones pragmáticas e imaginativas para superar el atolladero en que se debate la nación.

El nivel de violencia contenido en muchas de las barricadas nocturnas y la proliferación de acciones masivas de desesperación -como el asalto a supermercados para repartirse la comida cientos de empobrecidos habitantes de suburbios obreros- son fácilmente canalizables hacia objetivos de mayor alcance político, como ataques a cuarteles policíales y sedes gubernamentales locales, lo que ya ha ocurrido en los últimos meses.

"Si sólo tuviéramos armas, y no piedras, como ahora...", dicen los habitantes de La Victoria, el barrio donde murieron dos personas en la última protesta, una de ellos el sacerdote francés André Jarlan. Lo mismo se puede escuchar en noches de protesta en cualquier población popular donde, uno vaya, mientras muchachos perfectamente organizados montan barricadab de piedras y neumáticos encendidos y mantienen una eficiente red de información para prevenir la llegada de la policía.

Y las armas que piden los desesperados habitantes pueden comenzar a fluir rápidamente si la situación política y económica continúa deteriorándose. "El derecho a la rebelión popular surge como legítima y única respuesta frente a la violencia institucionalizada, el terrorismo de Estado y la crueldad sin límites que emplea el régimen para conservar el poder usurpado al pueblo", afirmó la máxima directiva en la clandestinidad del partido comunista, durante una conferencia de prensa secreta mantenida hace unos días con un grupo escogido de periodistas.

"El pueblo ya se aburrió y perdió el miedo a combatir", agrega el partido comunista, y sostiene que la rebelión popular armada debe ser uno de los pilares en que, junto a la movilización social y la lucha de masas, se afirme el proceso de derrocamiento de Pinochet.

Tal es la situación del Chile de hoy. Entre la violencia como último recurso frente a un régimen impermeable al repudio popular, y la concertación de acuerdos negociados con sectores del sistema proclives a un cada vez más difícil entendimiento.

El árbitro que podría inclinar la balanza hacia uno u otro lado resulta ser, una vez más, el general Augusto Pinochet, de cuya actitud en los próximos meses depende -como hace 11 años- buena parte del futuro de la democracia en Chile".

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