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Reportaje:Historia oculta de la guerra de las Malvinas / y 3

Las falsas luces verdes

El tiempo transcurre velozmente para Leopoldo Galtieri en el vera no austral iniciado con su presidencia. Las vacaciones -excepto las del 20% de la fuerza de trabajo, en paro- le permiten enhebrar los hilos con alguna discreción, a salvo por la censura oficial de la Prensa, más la autocensura duramente conquistada con la detención-desaparición de más de cien periodistas, entre los 30.000 hombres y mujeres desaparecidos por razones políticas.

Desde la Casa Rosada consulta, al llegar marzo, diariamente con la agregaduría Militar en Washington. "No hay dificultad", le responden, según fuentes bien situadas, "aquí no pasa nada", locución que significa "no hay peligro". Los galtieristas enfatizan que "el Pentágono y la Casa Blanca estaban al tanto de todo". La superbase en las Malvinas y otras bases en el extremo austral parecían conjurar toda aprehensión "mientras la Thatcher se trague: el ricino", respondían los poderes fácticos del gran aliado natural", que, según Galtieri y otros altos jefes, era Estados Unidos.Aquí se abre el gran foso donde se precipitaría al abismo todo el proyecto mesiánico que salvaría a las Fuerzas Armadas del síndrome Nürenberg y de la ilevantable responsabilidad por la destrucción de la economía nacional en favor de la invasión multinacional. No era sólo Galtieri, sino muchos altos mandos de las tres fuerzas quienes entendían que, "en Argentina, la negrada se tiene que acostumbrar a comer sólo un plato de tallarines por día". En el país del cereal, las boutiques comenzaron a exhibir spaguettis made in Italy.

El plan contemplaba alejarse ostensiblemente del Movimiento de Países No Alineados (NOAL) y recabar apoyos en la "internacional negra", o, según los liberales del Capitolio, "el Club de los Resentidos Temporarios o Crónicos", con aspectos de la política estadounidense, entre los que incluyen a Suráfrica, Taiwan, Israel, Corea del Sur y las dictaduras latinoamericanas. Por estos conductos, la Administración Reagan completaba algunos detalles no muy precisados por Galtieri, acusan sus creyentes. El abismo sobre el que reposaba toda la fatídica frivolidad logística y política del proyecto -que por ello mismo perjudicó el interés nacional de recuperar las islas- lo confesó el propio Galtieri a la periodista Oriana Fallaci, en la conocida entrevista insertada en The Times. "No creíamos", admite Galtieri, en plural que la Gran Bretaña se movilizaría por las Malvinas. Quiero decir, no nos parecía un hecho probable ( ... ). No lo esperaba nadie" ¿Quiénes?

Tal error de cálculo costó la vida a millares de soldados (de reem plazo, de 18 años) y de suboficiales. Pero introdujo en el seno de las Fuerzas Armadas un masivo debate inédito acerca del papel que deben asumir en la situación interna e internacional. La autointoxicación, ayudada por luces verdes auspiciosas, decidió el fracaso aún antes del 2 de abril. En el plano estrictamente militar -entienden los expertos-, la guerra se decidió cuando el 21 de mayo los altos mandos no pudieron impedir que la Task Force desembarcara y consolidara una cabeza de playa en la bahía de San Carlos.

Los 'votos seguros'

Las fuentes coincidentes que abonan este informe señalan que a principios de abril, requerido específicamente por Galtieri, Costa Méndez le asegura que Argentina contará, en el Consejo de Seguridad de la ONU, con "los votos seguros", entre otros, de la URSS y de España. Expertos diplomáticos evalúan que "España perdió, el 3 de abril, una oportunidad histórica para mediar en el conflicto, que la beneficiaría, incluso desde un punto de vista derechista, en sus problemáticas con Washington, la CEE y la OTAN". A la abstención de Madrid se sumó la de la URS S.

Según el ex presidente argentino de facto, general Roberto Levingston, Moscú "realizó una jugada magistral, dejando que la crisis afectara exclusivamente" a sus tres protagonistas y al campo occidental. En resumen, los verdes semáforos procedentes de Washington y los informes diplomáticos se confabularon extrañamente para precipitar el fracaso, ya implícito por la escasa y superficial preparación logística y política de la operación bélica", indican las fuentes.

Después que la primera ministra Margaret Thatcher dijo claramente -por teléfono- a Reagan, el 3 de abril, que enviaría a la Task Force "cueste lo que cueste", el presidente norteamericano llamé a Galtieri para indicarle que "debía retirarse para no echarlo todo a perder", según las fuentes. Galtieri no podía creerlo, pero ya no podía dar un paso atrás, a riesgo de atraer la ira de una sociedad a la que intentaba, precisamente, cautivar con su proyecto. El resto es conocido: Washington se alineó con su principal aliado en la OTAN -que no se "tragó el ricino"- y el régimen militar debió acudir de prisa, en procura de ayuda, al Tercer Mundo de credos diversos, puntos cardinales múltiples y razas visiblemente no arias. Los militares argentinos aún apostrofan la "traición yanqui".

Pero las gentes se lo habían tomado a pecho, el 15 de junio, al conocer la rendición. "¿Por qué no pedimos ayuda a los cubanos y los rusos?", clamaban, en las calles, incluso los antimarxistas. La política Galtieri-Costa Méndez -para muchos analistas serenos- no pasó de "un puro y torpe contoneo para conseguir votos en la ONU y dar celos al aliado natural que los dejaba por la otra" alternativa. En las propias Fuerzas Armadas cundía el rechazo al ultraliberalismo económico que debilitó al país en beneficio, casualmente, de sus dos enemigos de guerra. El jefe de la Fuerza Aérea, brigadier Basilio Lami Dozo, prestigiado por el arrojo de sus jóvenes pilotos, se atrevía a explicitar su postura de tipo desarrollista: "El país", dijo, "debe dejar de ser laboratorio de modelos económicos ajenos".

El lobby petrolero multinacional mantiene su influencia en el Buenos Aires oficial, mientras la crisis política afecta no sólo al campo militar, sino a los propios partidos masivos de centroizquierda, donde las direcciones que aceptan la "transición concertada" propuesta por el nuevo jefe del Ejército, general Cristino Nicolaides, son cuestionadas por otros dirigentes que exigen "democracia, ahora".

Esa concertación civil-militar ya estaba contemplada antes del operativo Malvinas. El proyecto militar de estatuto para los partidos políticos establece que "no debe efectuarse ninguna revisión de lo actuado durante el período de lucha contra la subversión", o sea, el tema crucial de los desaparecidos. Nicolaides lo glosa de la siguiente forma: "Garantizar, por todos los medios honorables", el repliegue del poder militar. El lenguaje no deja de ser, a la vez, el de la derrota política.

Entretanto, la deuda externa argentina llegará, a fin de año, a los 40.000 millones de dólares, con vencimientos de 9.000 millones por capital y otros 5.000 millones por intereses, sólo en 1982. Entre julio y septiembre vencen unos 4.000 millones, con sólo unos 500 millones de reservas disponibles. Ya The New York Times exhortó, sugestivamente, a recomponer las relaciones con el régimen del general Reynaldo Bignone.

Entretanto, los observadores advierten entre la población una especie de amargura activa, de asunción social generalizada acerca de la verdadera situación, perspectivas y necesidades del país. "Desde San Martín para acá", decía un opositor civil, "Argentina siempre jugó el papel del limón exprimido. San Martín y Evita, con sus renunciamientos; el Che Guevara, con su crucifixión solitaria en Bolivia. Que otros deseen buenamente esto o lo otro de Argentina, está en la naturaleza de la historia. El asunto es qué hacemos nosotros con nuestro país. Y eso es resporisabilidad e incumbencia exclusivamente nuestra".

Desaparecidos

Mientras tanto, y como todos los jueves, las Madres de Plaza de Mayo hacían su ronda sobrecogedora, las cabezas tocadas por pañuelos, frente a la Casa de Gobierno. Ese día asumía la presidencia nominal el general Bignone en virtual soledad.

A pocos metros, a la vera de la plaza, otras madres -y padres-hacían cola frente a una dependencia oficial para averiguar el paradero de sus hijos. Habían desaparecido en las sucesivas derrotas y retiradas en la isla Soledad, con armas que no funcionaban y sin abrigos adecuados al gélido frío austral. Unas y otras se aproximaron, al igual que los policías secretos que vigilaban ambas angustias filiales. Pese a ello, rebrotó el lerria del 15 de junio: "Los chicos murieron, los jefes los vendieron".

El capellán castrense, sacerdote Salvador Cantore, fundador y director del periódico -oficial- La Gaceta Argentina, que se editó en las Malvinas hasta la rendición, pidió un juicio de responsabilidad para quienes "tornaron la decisión" de recuperar las islas en "circunstancias inapropiadas". Sostuvo que "toda la Junta Militar debió haber renunciado porque es responsable de lo que pasó allá. Carecíamos hasta de información, sólo escuchábamos la BBC y radios uruguayas y chilenas", y abundó en detalles sobre las imprevisiones logísticas y políticas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 15 de julio de 1982