"Doña Rosita la soltera", de Lorca, se representa hoy en Granada

Primer montaje lorquiano en la ciudad natal del poeta

A los dos meses y medio de su estreno nacional, el pasado 29 de febrero, en el teatro Guimerá, de Santa Cruz de Tenerife, el Centro Dramático Nacional pondrá esta noche en escena, por primera vez en Granada, la obra de Federico García Lorca Doña Rosita la soltera, o el lenguaje de las flores, bajo la dirección del argentino Jorge Lavelli, que reside en París y es mina de las primeras figuras actuales del teatro en Europa.

Se trata de la primera obra de Lorca que se representará en Granada por una compañía profesional después de su fusilamiento por las fuerzas franquistas en el barranco de Víznar, al comienzo de la guerra civil. Doña Rosita la soltera permanecía además inédita en los escenarios granadinos y era la única de las grandes piezas dramáticas lorquianas que hasta este año no había vuelto a interpretarse en España desde 1939.La representación de esta noche, en el teatro Isabel la Católica, de Granada, ha sido calificada como un verdadero acontecimiento teatral por la Prensa local, en la que el director, Ramón Tamayo, ha destacado la «especial significación que para los granadinos debe suponer la puesta en escena de una obra de Federico en su propia tierra, donde precisamente fue también privado de la vida». El ambiente, de enorme expectación, que en este sentido ha despertado el acontecimiento en los medios culturales granadinos lo demuestra, sin duda, el hecho de que ayer resultara absolutamente imposible encontrar una sola butaca para el estreno.

Desde su estreno por la compañía de Margarita Xirgú, el 12 de diciembre de 1935, en el teatro Principal Palace, de Barcelona, muchas son las ocasiones que en Granada se han expresado públicamente los deseos de que Doña Rosita fuese representada en la ciudad cuyo ambiente y personajes la inspiraron. A través del jardín botánico de la Universidad, las campanas de San Luis, el pozo de San Nicolás, la plaza Nueva, la iglesia de San Antón y la famosa calle de Elvira («donde viven las manolas/las que se van a la Alhambra/las tres y las cuatro solas»), el público granadino podrá, al fin, después de 45 años, seguir esta noche, de la mano de Nuria Espert, el familiar itinerario escénico que Lorca plasmó en su famosa pieza teatral.

Escrita por Lorca en 1935, en el momento en que su teatro trágico (Bodas de sangre, Yerma) alcanza los mejores éxitos de crítica y público, Doña Rosita la soltera, o el lenguaje de las flores, subtitulada por su propio autor como «poema granadino del novecientos, dividido en varios jardines, con escenas de canto y baile», marcó un cambio insólito en la temática abordada hasta entonces por Lorca en sus obras teatrales.

Según el poeta José Luis Cano, lo que Federico se propuso con Doña Rosita fue «cantar el drama de un producto tan triste del ruedo ibérico, más triste aún en provincias, como es la solterona que se queda para vestir santos». En palabras del propio Lorca se trata del «drama de la cursilería española, de la mojigatería española».

Pero Doña Rosita no es sólo eso, sino que, a través de la insignificante y casi ridícula historia de la señorita provinciana que envejece esperando el regreso del novio al que prometió fidelidad, García Lorca capta irónicamente, por un lado, el vulgar, cursi y hermético ambiente de la pequeña burguesía granaclina de finales del siglo XIX y principios del siglo actual, y por otro, el tremendo problema de la aflenación femenina en una sociedad convencional y machista como la española. Todo, enmarcado dentro de una profunda reflexión del poeta ante el inexorable e implacable paso del tiempo, que, como escribió hace unos años Francisco Umbral, no respeta «las urgencias de la vida, porque tiene ante sí la conciencia acuciante de la muerte».

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 15 de mayo de 1980.