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Hacia el fin de la distensión entre EEUU y la URSS

Carter aplaza indefinidamente el debate del tratado SALT II en el Senado

Después de dos décadas de «coexistencia pacifica» entre Estados Unidos y la Unión Soviética, las relaciones entre las dos superpotencias parecían ayer a punto de entrar en una nueva e incierta etapa de «guerra fría», como consecuencia de los últimos acontecimientos registrados en la escena internacional y, especialmente, de la intervención militar soviética en Afganistán.

El presidente Jimmy Carter pidió ayer al Senado que posponga indefinidamente el debate sobre la ratificación del tratado SALT II como respuesta a la acción de Moscú, que la Casa Blanca llama abiertamente la «invasión» de Afganistán. Carter envió una carta al líder de la mayoría demócrata en el Senado, Robert Byrd, en la que pide el aplazamiento del debate, que estaba a punto de comenzar, por considerarlo «inapropiado» en estos momentos.La decisión presidencial supone un giro copernicano en la política de la Administración Carter respecto al tratado de limitación de armamento estratégico, que hasta ahora trató de salvar a toda costa. El portavoz de la Casa Blanca, Jody Powell, subrayó ayer que el presidente continúa creyendo que la ratificación del SALT II beneficia los intereses nacionales de Estados Unidos, pero la «invasión soviética de Afganistán, en abierto desafío de la Carta de la ONU, le ha hecho considerar como inapropiada actualmente la ratificación del tratado».

Carter había convocado a Washington el día anterior al embajador norteamericano en la Unión Soviética, Thomas Watson, en otro gesto de respuesta a los rusos, que será seguido por nuevas medidas de represalia. Aunque estas últimas todavía no se han anunciado oficialmente, se especula con la posible suspensión de las ventas de cereales a la URSS, recortes importantes en los intercambios culturales y diplomáticos, la propuesta de un boicot a los Juegos Olímpicos de este año en Moscú, la reanudación inmediata de los envíos de armas a Pakistán y algún tipo de colaboración en tecnología aplicable a la industria del armamento con la República Popular China.

Todas estas y otras muchas posibles medidas punitivas fueron sopesadas el miércoles por Carter y el Consejo Nacional de Seguridad, en una reunión de dos horas y media. El aplazamiento del debate sobre el tratado SALT II en el Senado era la medida de mayor significación política, mientras que la suspensión, parcial o total, de los envíos de cereales norteamericanos puede crear serias dificultades a la economía de la URSS.

El ministro de Defensa, Harold Brown, viaja hoy a Pekín en una misión que, a la vista de los acontecimientos de Afganistán, ha adquirido enorme relieve. Brown propondrá a los dirigentes chinos aumentar conjuntamente la ayuda militar a Pakistán.

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Inminente convocatoria de urgencia del Consejo de Seguridad

Al mismo tiempo, soviéticos y norteamericanos disparan su artillería verbal a unos niveles insólitos y que están colocando las relaciones entre las dos superpotencias en su punto más bajo desde los peores años de la guerra fría. Carter llamó prácticamente mentiroso a Brejnev, en unas declaraciones hechas el día primero de año a la cadena de televisión ABC, mientras que la agencia soviética Tass acusaba ayer de «hipócrita» al presidente norteamericano.El recuerdo de la guerra fría estaba presente ayer en los medios de información norteamericanos, y desde hace algún tiempo es claramente detectable en la opinión pública un deseo de «mostrar los dientes» ante lo que se consideran continuas y sistemáticas acciones hostiles de la Unión Soviética.

Los candidatos republicanos a la presidencia coincidieron en pedir, más o menos enérgicamente, el fin de la «política de la paciencia» en las crisis de Irán y Afganistán. Muchos de estos candidatos eran claros partidarios de la no ratificación del tratado SALT II, y el más militante de ellos, el senador Howard Baker, dijo ayer solemnemente que «la distensión ha muerto, los soviéticos la han matado».

A medida que se comprueba que la política exterior será un tema importante en la campana presidencial norteamericana de este año, quizá más decisivo incluso que la inflación o la crisis energética, los candidatos parecen dispuestos a terminar la pausa que se autoimpusieron para opinar de política internacional y dejar manos libres al presidente en la crisis de Irán.

Carter, en auge

Carter se está beneficiando obviamente de los últimos acontecimientos, y ha visto subir como la espuma sus porcentajes de popularidad, ante la desesperación del senador Edward Kennedy que, con casi dos meses en la carrera electoral, raramente consigue aparecer en una primera página. Un diario de Nueva York, resumiendo esta repentina ayuda que el presidente en ejercicio está obteniendo de una tensa situación mundial, titulaba: «Después de Jomeini, Leónidas Brejnev se suma a la conspiración para reelegir a Carter.»

Dispuestos a hacer pagar a Moscú el «serio error», en palabras del portavoz de la Casa Blanca, que supuso la invasión de Afganistán, los norteamericanos han optado por abrir un nuevo frente diplomático en las Naciones Unidas, aun a sabiendas de que la URSS puede ejercer su poder de veto contra cualquier resolución condenatoria, o quizá buscando precisamente eso, un veto de Moscú ampliamente impopular ante la comunidad internacional.

Consejo de Seguridad

Una petición de reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU estaba a punto de ser presentada anoche, por varios países, al presidente del Consejo durante el mes de enero, el francés Jacques Leprette, y se consideraba como muy probable la celebración de consultas previas el viernes y la reunión formal del Consejo el sábado.

El proyecto de resolución, patrocinado, al parecer, por Gran Bretaña y Pakistán, pero respaldado por una veintena de países occidentales y del Tercer Mundo, pide la retirada inmediata de las tropas soviéticas de Afganistán.

En caso de que los soviéticos ejercieran su poder de veto, lo que se da por seguro si la resolución parece a punto de prosperar en el Consejo de Seguridad, la cuestión de Afganistán podría pasar a la Asamblea General, donde ninguna de las cinco potencias que ocupan asientos permanentemente en el Consejo tiene poder de veto.

El actual Consejo de Seguridad cuenta con sólo catorce miembros, ya que no se ha resuelto aún la disputa sobre quién ocupará el puesto destinado al grupo latinoamericano. Hoy viernes tendrá lugar una nueva serie de votaciones en la Asamblea General, para elegir entre Cuba y Colombia, pero no se espera una ruptura del impasse, que dura ya meses y que, después de casi dos centenares de votaciones, no ha podido dar a uno de los candidatos la mayoría requerida de dos tercios.

Existen dudas legales sobre si el Consejo puede o no funcionar con sólo catorce miembros, pero la opinión que prevalecía ayer era afirmativa.

El próximo lunes está prevista otra reunión del Consejo para escuchar el informe del secretario general, Kurt Waldheim, sobre su visita a Teherán, y, en caso de que. como se espera, los resultados sean negativos, iniciar un debate sobre la imposición de sanciones económicas a Irán.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de enero de 1980

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