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Crítica:

Política, ficción, autobiografía

La obra publicada de Ramón Tamames, catedrático de Economía y político militante versa, como es lógico, sobre materias económicas, sociológicas, históricas y políticas. Publicó una novela, Historia de Elio que tuvo resonancia en las votaciones finales del último premio Planeta. Su autor la subtitula una novela extraña, y entendemos que esta precisión debe referirse sobre todo, a la aparición de literatura narrativa de ficción en el resultado de su actividad intelectual y política. Pero la extrañeza es menor si la referimos a las circunstancias extrañas en alguna forma en que debió gestarse el propósito de escribir y se puso en práctica, que si no estoy equivocado, fue durante la prisión del autor causada por su oposición a la política gubernamental y su militancia en partidos prohibidos durante el régimen de Franco. Desde el muy ilustre precedente de la obra cumbre de nuestra literatura, el Quijote, que como se sabe se engendró en una cárcel, pasando por Dostoiewski, hasta Soljenitzin existen casos en que obras literarias se pueden relacionar en su nacimiento con la prisión, pero ello debe tenerse por una circunstancia extraña, rara, de excepción, que confirma la regla de que la creación literaria lleva consigo la connotación de su libertad.Pero cuando existe un abundante contenido autobiográfico, por no decir total (recordemos Mis prisiones, de Silvio Pellico) es evidente que la estancia en la cárcel para un político e intelectual de acción, actúa como agente para una recapitulación o composición de lugar, y el ocio forzado es lógico que genere obras y trabajos escritos, lo cual sí que no tiene nada de extraño.

Historia de Elio

Ramón Tamames. Editorial Planeta. Barcelona.

Hemos recordado la obra de Pellico completamente autobiográfica. Ahora ¿lo es Historia de Helio? Su lectura nos persuade fidelidad al género de la auto biografía, para que la carga autobiográfica domine tanto la composición de una obra narrativa, que esta, examinada al trasluz, nos resulte, sobre todo, una pieza autobiográfica con sus claves a la vista, porque la autobiografía es un sentido más amplio y literario como base de novela no sólo con tiene los hechos vividos por el narrador, sino los entrevistos desde ellos, sus previsiones y sus deseos, todo ello formando el suelo o la base de partida de la novela.

La de Ramón Tamames, que es posible que sea rara ave en su obra publicada y por publicar (y por lo pronto deseamos que no se engendre en las mismas condiciones) tiene englobados en su trama los elementos que hemos señalado como componentes de una novela autobiográfica al trasluz. En ella podemos distinguir dos partes dentro de su línea general de política-ficción, la que emana desde el pasado del autor en el momento de escribir y la que se proyecta sobre el futuro. Todo ello incide sobre la historia del personaje central, tanto la recapitulación que se alterna con notas actuales de descripción de la vida de la prisión, y en donde se presenta y define la personalidad de Elio por el novelista (y ella es parte más rigurosamente autobiográfica) como en aquella otra en que la política-ficción sobre datos conocidos y en parte ya presentados se lanza al futurible de la vida política.

Tanto una como otra son tan transparentes sobre la autobiografía como sobre las circunstancias históricas españolas antes y después del régimen de Franco y las claves son paladinas y nada escasas. En la primera parte versan sobre lo ya histórico y en la segunda sobre futuribles, y ahí es donde el wishful thinking del autor es el elemento autobiográfico de la misma, que por demás contiene la porción más novelesca y movida de Elio, con las intrigas y conjuras reaccionarias de la Operación Xenius, su intervención decisiva en la política del país y la melancolía de su tránsito final, cumplida su misión.

Es una novela que se lee con interés en razón de los elementos reales, históricos, que existen en suspensión dentro de ella, con el mismo que las novelas de Disraeli como Vivian Grey y Contarini Fleming ilustran sobre su autor, salvadas las distancias entre un novelista y político romántico y un catedrático y economista pragmático como Tamames, del que hay que reconocer que ha sabido exponer en su novela con claridad y precisión cuanto le interesaba narrar.

La caraterización de los personajes, descontando su vacíado de la realidad, está bien hecha, su visión en cierto modo irónica de los acontecimientos contemporáneos españoles tiene valor característico también y el desarrollo narrativo prueba que si hasta la fecha no ha ejercido como novelista, no le es ajena a Tamames la didáctica de la novela, sus equilibrios y sus leyes. Su estilo es eficaz y estas suficiencias técnicas bastan para que el fin de la novela, el comentario sobre la política española contemporánea desde un sesgo personal y su resultado autobiográfico hayan encontrado vehículo apropiado. Tamames es intelectual calificado y esta condición confiere una especie de técnica de las ideas generales que le ha permitido abordar la novela ocasionalmente con corrección en la forma e interés en el fondo histórico-politico que aborda a manera de política-ficción.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 11 de mayo de 1977