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SALT: las razones de un fracaso

Hay varias razones que explican el fracaso de las negociaciones de los Estados Unidos con la Unión Soviética sobre el control de armas nucleares.Y quizás haya sido oportuno que ese fracaso se haya producido en este preciso momento.La Administración Carter se encuentra aún en sus comienzos y ya todo está muy avanzado en el régimen de Brejnev para que la propuesta de Washington pudiera ser aceptada por el Politburó, que no sabe muy bien qué desea exactamente el presidente norteamericano, ni cuánto tiempo permanecerá Brejnev en su puesto. Este aspecto de la salud del actual líder de la URSS puede convertirse en un factor crítico en el futuro.

Mucho antes ya de este viaje, Carter sugirió la conveniencia de contactos. personales con Brejnev y Gromiko. Pero para ello había un tiempo límite. El nuevo presidente podía, en los primeros meses de su Gobierno, tomar iniciativas en cuestiones fundamentales como el desarme, y obtener el apoyo del Senado. Más tarde resultaría difícil lograr ese consentimiento.

Los soviéticos han dicho niet a todo. Sólo convienen en organizar unos comités de estudio encargados de abordar los diversos problemas que plantea la reducción y el control del armamento estratégico. Aceptan también que se hable de todo ello en el próximo mes de mayo, en Ginebra. Moscú esperó mucho tiempo para ver cómo en Estados Unidos pasaba el poder de un presidente a otro. Ahora, Washington tendrá probablemente que esperar, también bastante, para ver lo que sucede después de Brejnev. Los antecedentes históricos no son muy alentadores. Cada uno de los sucesores de Lenin, Stalin, Malenkov, etcétera, tuvieron siempre que contar con los militares soviéticos, y además su estusiasmo en materia de desarme no ha sido nunca excesivo.

Lo principal es que Carter ha propuesto a su propio país un programa revolucionario de reducción de armamento. Dejó sólos a los soviéticos sabiendo lo que hacía. Así los soviéticos han de pensar ahora en el plan; lo cual no es una mala cosa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de abril de 1977