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Tribuna:

Legislación laboral y regimén democrático

En el mundo del trabajo, la defensa, de los intereses de los trabajadores, desde la revolución industrial, se ha movido entre dos polos. O bien se -defienden por sí solos debidamente organizados -es la autonomía colectiva en su más genuino sentido-, o bien les defiende el Estado -que es la heteronomía- En el primer polo, es el sindicato obrero el protagonista que busca su.expresión a través del conflicto y del convenio. En el segundo, el protagonista es el propio Estado y su voz es, la ley, con un sindicato o similar domesticado a sus intereses, Y, asimismo, se da en este supuesto la teoría de los vasos comunicantes. Cuando sube el nivel de autonomía debe bajar el otro, y viceversa.En Españal como escribí en el anterior artículo en EL PAIS, desde 1939 no ha existido autonomía coleetiva, siendo el Estado el propulsor del cambio laboral, sin que lo haya logrado, porque su esqueleto político lo impedía. Y me refiero a lo colectivo -sindicatos, convenios y conflictos-, porque en lo individual el Estado concedió mejoras en función de su mantenimiento (y salvo, como es natural. actitudes y conductas personales).

Así las cosas y operado eltrángito en la Jefatura del Estado; nos encontramos con que comienza a subir el nivel de la autonomía, quedando incólume toda la legislación laboral del período franquista. Y no casa. Lo que se legisló bajo unos condicionamientos, tan específicos no encaj a con una situación que aún no se ha instaurado, pero vendrá en la que la autonomía colectiva y la autodefensa, funcione. De ahí que, al menos, haya que pedir al Gobierno que conjele su fecundidad. legislativa en materias importantes, hasta que se aclare el tema sindical. No pase como con la ley de Relaciones Laborales, que no apunta tantos al Gobierno cara a los trabajadores que la aprovechan, pero no la aplauden e irrita a los empresarios.Yo intuyo que cuando los suspiran por el pacto social los que lo hagan suspiran por el realismo. Y en el fondo están dirigiendo su voz al Gobierno y a los trabajadores. Al Gobierno, para que baje a la arena de la realidad laboral y se apercíba de que no puede seguir fabricando leyes bajo moldes antiguos, y a los trabajadores, para que se presten diálogo eficaz, aunque tenso, y a traves de organizar distintas a las actuales.

Como hemos vivido, parafraseando a Royo Villanovan en un Estdo de absolutismo legislativa templado por la onobsevancia, el susto empresarial viene cuando las organizaciones obreras quieren todo lo legislado en el régimen autoritario, y desde ahí comencemos a hablar. Se está pagando el lógico precio de una legislación para andar por casa y que ahora se toma en serio. Y no desprecio, en absoluto, lo que se ha dado y conseguido. No. El tema está en que toda la legislación laboral a partir del 39 tenía en su entraña el sindicalismo vigente. Y, si éste se viene abajo, el edificio amenaza ruina y, desde luego, muchos problemas de reconstrucción.

Hay conquistas que son irreversibles. La jornada y el salario mínimo, por ejemplo, no pueden retroceder. Pero la cuestión básica está en la garantía y defensa de, los derechos. Si va a correr a cargo de sindicatos distintos, ello exige un replanteamiento del tema laboral, sobre todo en el aspecto colectivo. Hay que abrir un proceso constituyente en la legislación laboral.

¿Y cómo? Fundamentalmente, con más protagonismo sindical -del otro- -y menos intervencionismo estatal. El Estado tiene a su cargo la defensa del bien común y podrá y deberá asumirla en el mundo del trabajo, dentro de un contexto democrático. Así, es preciso que la legislación, operativa por esencia, sea de consenso, al menos en su ¿estación. En el mundo del trabajo, hoy, y en el contexto capitalista occidental, hay que buscar más la aceptación que la imposición. Y al referirme al «contexto» pienso en la fuerza sindical imperante en Europa.

Con unos sindicatos fuertes, independientes y libres, los avances han de lograrse más en la mesa de negociación, mediante convenios, que en las Cortes, mediante leyes. Con ello quizá se logre un respeto a lo pactado más que, como ahora, una inobservancia de lo .mandado. Y es que el respeto tiene lógica cuando pacto y respondo, no cuando pactan o responden por ni aún peor, me imponen la regla sin rnecanismos para su aceptación.

La llamada reforma sindical -que no tiene consenso en cuanto a su contenido- es hoy la principal y más importante tarea en el futuro de nuestro país. Desde luego que está ligada a, la reforma política. Tan ligada que es política, pues no entieñdo que podamos tener unas relaciones laborales normalizadas sin instaurar un régimen democrático.

El empresario español se encuentra hoy entre dos fuerzas que no acaban de compaginarse. La legislativa de período que, de algún modo, terminó en noviembre del pasado año, y la real del movimiento obrero, que ha tomado fuarza y protagonismo a partir de entonces. En el encuadre de ambas presiones redica la clave del llamado pacto social, pues creo que no se trata de que los trabvajadores bajen la guardia, sino de que, bien levantada la misma, demos, por fin, con algo que dure y se acepte. Y, siempre, con la urna presente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 26 de junio de 1976