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Hoy se inaugura la XXXV Feria del Libro

Tensión entre libreros y editores

La Feria se presenta este año conflictiva. Hace unos días cien libreros firmaron un escrito en el que aseguraban que el certamen sólo beneficia a los editores. Esta misma postura ha podido constatar EL PAÍS entre los libreros que han acudido a la feria este año. Estiman que, tal como está estructurada, no favorece su participación como tales profesionales y por tanto tampoco al público en general como sujeto receptor de la cultura, siendo los grandes beneficiarios las empresas editoriales. En opinión de los libreros las editoriales debían dedicarse a participar unicamente como expositores, reservando la venta a los libreros.Los libreros insisten -ya lo denunciaron en la carta- en que el precio del alquiler de la instalación ferial -40.000 pesetas por cada módulo de seis metros cuadrados- es a todas luces prohibitivo, sobre todo para los libreros más modestos, quienes afirman que no perciben ganancias al concurrir en estas circunstancias a la feria, y que concurren fundamentalmente por mantener el prestigio o por amor a la cultura.

El problema de la Feria del Libro, que no satisface ni a los libreros ni a editoriales ni al INLE, podría solucionarse, según los libreros, si se organizara de acuerdo con unas nuevas bases elaboradas democráticamente por libreros y editores -algo parecido a lo que ha sucedido este año en Valladolid-.

Los puntos clave de esas nuevas bases que proponen los libreros serían tres: primero, orientar al público para que se dirija a su librero habitual para adquirir sus libros. Segundo, derecho a participar todos los libreros en la feria de este año. Y tercero, que los editores hagan llegar las novedades a la feria y a las librerías.

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