Tubos de escape, gasolina y músculos: la petromasculinidad está de vuelta
La conexión entre la virilidad tradicional y los combustibles fósiles se reactiva por el auge de la ultraderecha frente al feminismo y las políticas ecologistas. Una exposición y una instalación exploran el fenómeno


Uno de los anuncios más sonados de la historia de la publicidad televisiva fue el de Coca-Cola Light en los años noventa. Un grupo de mujeres oficinistas hacían una pausa estratégica cada día a las 11:30 de la mañana para mirar por la ventana cómo un musculoso obrero de la construcción se quitaba la camiseta durante un descanso para beberse el refresco apoyado en una excavadora gigante. En su época se convirtió en icono de empoderamiento sexual femenino. Pero visto con perspectiva, reafirmaba también el imaginario masculino colocándole al obrero el complemento viril por excelencia: el vehículo. Es lo que la politóloga estadounidense Cara Daggett acuñó en 2018 como “petromasculinidad”.
El término es tan ilustrativo que casi no hace falta explicarlo: es obvia la conexión simbólica de la identidad masculina tradicional con los combustibles fósiles. Daggett sostiene que el petróleo es la base sobre la que se asientan el estilo de vida, la cultura y la narrativa de la sociedad patriarcal contemporánea. “Es también una poderosa fuente de producción de imaginarios colectivos y estéticas que refuerzan las estructuras heteropatriarcales. Las torres de extracción, la perforación, los oleoductos, la gasolinera, los coches, las motos, los tubos de escape. Todo eso tan ‘masculino’ está asociado a la idea de progreso”, subraya Jaime Vindel, investigador del CSIC y autor de libros como Estética fósil o Capitalismo fósil. Es también evidente la reactivación de esos imaginarios por parte de la extrema derecha como reacción a los movimientos ecologistas y feministas, a lomos del eslogan Drill, baby, drill (perfora, nene, perfora), popularizado en EE UU por la candidata republicana Sarah Palin en 2008 y retomado como mantra por el presidente Donald Trump.
Vindel y la también investigadora Gemma Barricarte son los comisarios de la exposición ¡Aquí hay petróleo!, que se instalará a mediados de abril en la sede de la Fundación Biodiversidad en Sevilla, tras su exhibición este invierno en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. A través de fotografías y archivos audiovisuales, la muestra enseña cómo el franquismo adaptó en España el ideal de felicidad asociado al automóvil privado y los combustibles fósiles. La imagen que mejor sintetiza cómo se conjugó el american way of life con el nacionalcatolicismo es la de un cura bendiciendo coches particulares en el parque madrileño del Retiro durante la festividad de San Cristóbal, patrono de los conductores, en julio de 1965.

Basta con rascar de nuevo en la publicidad o el cine para encontrar decenas de referentes visuales: desde el mítico James Dean bañándose en petróleo en la película Gigante (1956) hasta los infinitos anuncios de coches que todavía hoy vinculan el atractivo masculino con el tamaño, la potencia o el ruido del vehículo. La glorificación de la máquina aparecía ya en algunas corrientes las ideologías fascistas de comienzos del siglo XX, especialmente en el futurismo de Marinetti, lo que entronca con el avance de la ultraderecha en este momento. “Una de sus manifestaciones actuales es el rolling coal [carbón rodante], una práctica que se está propagando en EE UU, principalmente entre hombres heteros y blancos, que consiste en modificar motores diésel para lanzar grandes columnas de humo negro y espeso por el tubo escape, en rechazo a las políticas ambientales, los vehículos eléctricos o los ciclistas”, subraya Vindel.
Sobre el concepto de “petromasculinidad” se asienta también la instalación escénica y sonora Petrotuning, del dúo catalán Cabosanroque, integrado por Laia Torrents y Roger Aixut. Inaugurada este miércoles en los Teatros del Canal de Madrid y visitable hasta el 15 de marzo, el dispositivo incorpora a la ecuación petróleo-masculinidad un tercer elemento insospechado: el autotune, herramienta digital que se utiliza para modificar la tonalidad de la voz y que se ha convertido en seña sonora del trap y otros subgéneros de la música urbana contemporánea. Lo sorprendente es que ese efecto artificioso lo inventó hace tres décadas el ingeniero estadounidense Andy Hildebrand utilizando técnicas que había aplicado para determinar la ubicación de yacimientos petrolíferos.

A partir de esa curiosa relación, la instalación de Cabosanroque explora la dimensión sonora y sensual de la petromasculinidad, combinando depósitos de líquido con forma de relicario y tubos de escape que emiten composiciones que evocan ruidos de motores y ritmos de trap, enlazados con la melodía de O vos omnes, de Tomás Luis de Victoria. ¿Qué tiene que ver todo esto? “No hay una única respuesta. Las conexiones y contraposiciones entre los diferentes elementos de la obra surgirán de manera diferente en cada espectador, en función de sus propios imaginarios”, explica Aixut.
En ese mismo espacio, dentro de la propia instalación, actuará el músico Niño de Elche, gran experimentador y renovador del flamenco contemporáneo, en una sesión única el próximo miércoles. “Mi intervención no parte de una lectura conceptual del dispositivo, me propongo más bien dejarme atravesar por las resonancias sonoras del dispositivo para despertar viejos y nuevos imaginarios. Entre otras cosas, digamos que es lo que podría pasar cuando te pones un tubo de escape en la boca”, resume.
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