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Una investigadora atribuye a Miguel Ángel un busto de mármol que estuvo durante siglos en una basílica romana

Las pesquisas de Valentina Salerno señalan que el ‘Cristo Salvador’ de Santa Inés de Extramuros es del artista florentino, sin que otros expertos se hayan pronunciado

Busto de Cristo en la Basilica de Santa Inés de Extramuros, en Roma.Stefano Corso

Cámaras, periodistas, frailes, carabinieri y mucha expectación. La basílica de Santa Inés de Extramuros, en Roma, se convirtió este miércoles en el plató de una esperada presentación de la que se hablaba desde hace días: un busto en mármol del Cristo Salvador, cuya atribución se perdió a lo largo de los siglos y que reposaba tranquilo en esta iglesia desde el siglo XVII, sería en realidad una obra de Miguel Ángel Buonarroti. Así lo afirma una autodenominada “investigadora independiente”, Valentina Salerno, quien ha publicado un ensayo de 25 páginas para demostrarlo (con apenas una veintena de citas bibliográficas) y que tras nueve años de investigación autofinanciada afirma también haber encontrado al menos otras veinte obras que podrían ser del genio renacentista. Sin duda un gran acontecimiento, de no ser porque, de momento, ningún experto en Miguel Ángel ha corroborado sus hipótesis. “Bueno, yo he presentado todas las pruebas documentales, he rebuscado durante nueve años en archivos y museos de todo el mundo y creo que puedo afirmar que el busto es de Miguel Ángel. A él estuvo atribuido en muchos documentos que he encontrado, aunque después se perdiera ese rastro. Ahora tendrán que ser los expertos quienes expresen su opinión” declaró durante la rueda de prensa.

A nadie le importaría añadir un Miguel Ángel a su colección y, de hecho, ahí estaba el abad de la basílica de Santa Inés para apoyar la investigación de Salerno, acompañado por Michele Rak, un profesor universitario especializado en literatura y lenguaje amigo de Salerno (pero carente de conocimientos sobre Miguel Ángel, como él mismo confirmó a este diario) y por un coronel de los carabinieri, “porque cuando se descubre una obra nueva la seguridad se vuelve un tema esencial”, según expresó durante la presentación. Resulta chocante que hubiera un carabiniere pero ningún experto en el genio renacentista dada la solemnidad del acto organizado, pero eso, se espera, llegará. Sobre todo porque la investigación de Salerno no se limita a esta obra, sino que sostiene haber identificado al menos una veintena de obras más “sobre las que iré publicando más información”, asegura.

Sorprende también que la autora no sea una experta en historia del arte. “Siempre he sido una amante de la arqueología, pero no me gradué” explicó frente a su audiencia. También cursó estudios de jurisprudencia durante tres años, pero a lo que se ha dedicado profesionalmente durante la mayor parte de su vida profesional ha sido a la interpretación. Además, ha escrito obras de teatro y ha tenido varias compañías propias, por eso EL PAÍS le preguntó cómo llegó a realizar esta investigación: “Surgió de la curiosidad. En realidad yo quería documentarme para escribir una novela biográfica sobre Miguel Ángel, y en ese proceso fui tocando puertas para documentarme y llegué a Santa Inés de Extramuros, que está relacionada con la Confraternidad de San Pietro in Vincoli, muy cercana a Miguel Ángel. Y el abad me comentó que tenían un busto del que se rumoreaba que podía ser del artista. Me puse a investigar, me apasioné, abandoné la idea de escribir la novela y me concentré en seguir el rastro del busto”.

La investigación está basada principalmente en documentos de archivo: desde documentos notariales a inventarios, antiguas guías turísticas y algún análisis estilístico de cosecha propia, condimentados de curiosas anécdotas que hicieron que la presentación se siguiera con mucho interés. De hecho, las nuevas teorías que Salerno ha puesto sobre la mesa no dejan de ser fascinantes: según su investigación, Miguel Ángel dejó todo organizado para que las obras que había en su casa y en su estudio fueran escondidas en una habitación secreta, que podría estar en la iglesia de San Pietro in Vincoli, custodiada con tres llaves en manos de tres personas diferentes, todo ello días antes de su muerte. Esas obras tendrían que repartirse después entre sus amigos y alumnos fieles, pues él no quería que fueran a parar a manos de su único heredero, su sobrino Leonardo Buonarroti, con quien se llevaba muy mal.

Una de las personas en posesión de una de las tres llaves habría sido Tommaso de’ Cavalieri, un joven y poderoso cortesano de la época treinta años más joven que Buonarroti y del que el artista se enamoró perdidamente. El Cristo Salvador de la Basílica de Santa Inés sería en realidad un retrato de Cavalieri, según Salerno.

Claro que la inexistencia de imágenes de Tommaso de’ Cavalieri hace muy difícil saber si efectivamente aquel Cristo llevaba el rostro del supuesto amante de Miguel Ángel, como admite la propia Salerno, pero ella asegura haber encontrado su imagen, en edad más avanzada, en otro cuadro de la época. A ojos de periodista enfrentado a un power point no se parecían mucho, pero, obviamente, tendrán que ser académicos y estudiosos de la época quienes corroboren estas teorías y confirmen esta atribución, o quizás sería más correcto decir reatribución, si es que los documentos presentados confirman que ya en su día apuntaban a la autoría de la obra.

Salerno ha seguido el rastro del busto desde el momento de la muerte de Cavalieri (supuestamente se lo habría quedado él) hasta su llegada a Santa Inés, donde habría permanecido primero en una capilla privada y después expuesto al público en diferentes capillas. En algunos de los documentos antiguos que mostró aparece atribuido al artista. No obstante, el busto aparecía en el catálogo oficial de 2005 de los bienes culturales italianos bajo el título “Cristo Salvador (escultura) ámbito romano segunda mitad del siglo XVI.” Según algunas publicaciones italianas el Vaticano habría creado un comité de expertos para analizar los descubrimientos de Salerno, pero este diario no ha conseguido confirmar esta noticia.

En Italia, un país que entre los siglos XV y XVII vio nacer innumerables artistas que produjeron incontables obras de arte, la aparición de una escultura o un cuadro de algún clásico es noticia recurrente. Pero en el caso de Miguel Ángel, una nueva atribución resultaría aún más extraordinaria, ya que supuestamente él habría quemado todo lo que había en su estudio antes de morir, según escribió uno de sus contemporáneos, Giorgio Vasari, hasta ahora la fuente más fiable para los temas relacionados con el genio florentino.

A la espera de que se confirme la veracidad de las teorías de esta investigadora espontánea, la historia tiene todos los ingredientes para tomar vida propia, aunque sea para recordarnos que, cinco siglos después de su muerte, el genio florentino sigue siendo perfectamente capaz de dar titulares. Sin duda es un filón: por si acaso, Salerno ya ha registrado la web michelangelomuseum.it y ha publicado un libro para niños en el que recorre siete iglesias de la mano precisamente de Miguel Ángel.

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