Verdades y mentiras sobre la falsificación del Torico de Teruel: los informes de los expertos no se ponen de acuerdo

Los estudios difieren incluso sobre el material en el que fue realizada la escultura original y las crónicas históricas son contradictorias. El alcalde en 1938 aseguró que la figura había sido cambiada por los republicanos y el presidente de la Diputación pidió 50 kilos de “bronce ruso” para una réplica

Imagen del Torico días antes de que se produjera el accidente que terminó con la estatua rota.
Imagen del Torico días antes de que se produjera el accidente que terminó con la estatua rota.Antonio García (EFE)

Dice la leyenda ―a la postre parece la fuente más fiable en la actual polémica sobre el presunto cambiazo del Torico de Teruel― que Alfonso II de Aragón fundó la ciudad en 1171. El sitio elegido se correspondía con el lugar donde se halló un toro ―no se sabe si real o de piedra, ya que la zona estuvo ocupada por los celtíberos, grandes amantes de tallar astados de granito en sus poblados― sobre el que brillaba una estrella, en realidad una supernova denominada Actuel. Los sabios le explicaron al rey que este era, sin duda, el lugar más propicio para levantar una ciudad y que esta prosperase.

Con estos brumosos antecedentes históricos, determinar cómo y cuando apareció la primera figura del Torico ―una representación de solo 45 centímetros alzada sobre una columna y rodeada de una fuente― en la plaza más importante de la ciudad resulta bastante complicado, máxime cuando los expertos no se ponen de acuerdo sobre el material con que fue elaborada. Para unos era de hierro, para otros de bronce. Sin tener en cuenta el posible morlaco pétreo celtíbero, que pudo terminar en cualquier parte con la llegada de los dioses romanos, las primeras crónicas que se refieren a la escultura hablan de una fuente en el centro de Teruel en el siglo XVI creada por un arquitecto francés llamado Pierres Vedel, responsable de la traída de aguas a la ciudad. En el imaginario popular se describe aquella fontana de 1557 como coronada por un toro, porque un paseante de la época dejó escrito que incluía “un pequeño y hermoso toro de bronce dorado con una estrella entre las astas...”. No obstante, el escribidor nunca detalló dónde estaba colocado el astado ―sobre una pilastra, en un lado o en el suelo―, solo que era de bronce, no de hierro fundido.

Estado en que quedó el Torico tras su caída al suelo el pasado 19 de junio.
Estado en que quedó el Torico tras su caída al suelo el pasado 19 de junio.Antonio García García (EFE)

Fuera como fuera, la obra de Vedel fue sustituida en 1855 por otra y supuestamente esa es la que se ha mantenido en la plaza hasta la actualidad, la misma que el pasado 19 de junio se rompió al caer accidentalmente de su pedestal. No se conserva ningún documento que señale quién diseñó y quién esculpió la estatua bovina ni con qué material. Se especula que fue obra de Ponciano Ponzano, el autor de los leones (de bronce) de las Cortes, pero el actual cronista de la villa, el catedrático de Historia Medieval Vidal Muñoz, admite que no ha encontrado un solo archivo que lo corrobore. Sirva como justificación ante tanta desmemoria que Teruel fue completamente destruida durante la Guerra Civil y numerosos edificios históricos, documentación incluida, resultaron calcinados. En el estudio Teruel 1938. Destrucción del patrimonio y aportaciones documentales, de Wifredo Rincón, del CSIC, se reproducen las palabras de un periodista dos años después de acabada la guerra: “Imagínate, lector, una colosal pirámide arrumbada sobre un suelo preñado de metralla y pozos profundos. Una ciudad muerta... un pueblo abatido, truncado, sangrante por el tremendo suplicio de varios meses de agonía. E imagínate un cementerio sin fin, desordenado, sucio, purulento, tachonado de cráneos destrozados, y de rostros crispados por el dolor y la agonía”.

Imagen de la plaza del Torico en 1915.
Imagen de la plaza del Torico en 1915.Museo de Teruel

Fue precisamente a finales de 1937 cuando comenzó el auténtico galimatías histórico y patrimonial que ha provocado el estupor de los turolenses tras desvelar EL PAÍS que el informe técnico encargado por el Ayuntamiento por la caída de la estatua ―símbolo, icono, imagen, emblema, efigie, insignia y distintivo de la ciudad―ponía en duda que fuese la original de 1855. La imagen destrozada era de hierro y no de bronce como señalaban los documentos municipales.

Alfonso Casas, estudioso de la batalla de Teruel, recuerda que el 15 de diciembre de 1937 las bombas incendiarias del Ejército republicano cayeron sobre la capital, en ese momento en manos de los franquistas, y dañaron el pedestal y el toro, que perdió su pitón derecho y sufrió daños en el cuerpo. El alcalde del momento, José Maicas, decidió entonces resguardar la figura en el Ayuntamiento, posiblemente en una carbonera. El 21 de diciembre, las tropas republicanas entraron en la capital y el alcalde huyó a zona sublevada con un centenar de vecinos. Las fotografías de la época demuestran que el Torico ya no estaba en el pedestal cuando Teruel pasó a manos de la República.

Pero el 22 de febrero de 1938, los franquistas la retomaron y el regidor regresó con ellos. El Torico fue encontrado no en el Ayuntamiento, sino encima de una mesa de la Oficina de Arbitrios. Maicas aseguró entonces que ese no era el que él había retirado y que “se lo habían llevado las hordas rojas”, según un documento consultado por Casas. Una opinión que compartió un día después, el 23 de febrero, el presidente de la Diputación de Teruel, Miguel Allué Salvador, que reclamó a los generales sublevados “50 kilos de bronce ruso” para crear una réplica. Se desconoce la respuesta. Curiosamente, Maicas, unos días después de la petición de Allué, cambió de opinión y afirmó que sí, que era el Torico porque le falta el cuerno derecho, que antes no se había dado cuenta.

Unos meses antes de la toma de Teruel por los franquistas, el Gobierno de la Republica había creado la Junta de Incautación y Protección del Patrimonio Artístico con el fin de evitar daños a los monumentos y objetos religiosos, culturales e históricos del país. Y, por supuesto, una delegación llegó a la ciudad aragonesa, donde redactó un inventario de todo lo que se iba a llevar a Barcelona: el fuero de Teruel, los cálices de la catedral, las imágenes de las principales iglesias... Todo, menos el Torico. Este no aparece en el inventario que los franquistas hallaron al final de la guerra en la capital catalana y tampoco estaba en el interior de las cajas de madera donde se guardaban los objetos requisados. “La verdad es que eso no tiene sentido que no aparezca en el listado dada la importancia emocional de la figura para Teruel. Qué raro”, afirma Casas.

El experto no se atreve a aventurarse sobre la autenticidad del actual Torico. “Solo puedo decir que Maicas, el mismo que lo había escondido para salvarlo y que dijo, en principio, que no era el original se lo ofreció al general Moscardó, jefe del Cuerpo de Ejército de Aragón, para un futuro museo de la Guerra Civil en Zaragoza, museo que nunca se creó. Si tan importante era para Teruel...”.

Milicianos con el Torico, tras ser desmontado de su pedestal en 1938.
Milicianos con el Torico, tras ser desmontado de su pedestal en 1938.

El pasado domingo 19 de junio, a las seis de la mañana, el Torico ―copia u original― se precipitó sobre el pavimento desde una altura aproximada de unos 11 metros. Con motivo de la celebración en la ciudad durante toda esa semana del Congreso Nacional del Toro de Cuerda, el Ayuntamiento había decidido unir el pedestal de la estatua con los balcones de la plaza mediante 23 cables, uno por cada municipio participante. Pero nadie cayó en la cuenta de que por ese lugar debía transcurrir el domingo la procesión del Corpus y que las sirgas iban a impedir su paso. Así que, según María José Izquierdo, presidenta de la Asociación de Vecinos del Casco Histórico, se decidió quitarlas de urgencia a primera hora del domingo y no fue la empresa que montó la instalación la que retiró los cables, sino operarios municipales que carecían de la formación necesaria. “A las seis comenzaron a soltarlos, porque a esa hora, y en un domingo, resultaba imposible que los trabajadores de la empresa contratada acudieran a Teruel. Así que, sin encomendarse a nadie, los empleados municipales destensaron las cuerdas de un solo lado, sin tener en cuenta las tensiones y el pedestal. Lógicamente, se venció. ¡Qué desastre!”. Resultado: dos patas, los cuernos rotos y daños en el cuerpo.

El Ayuntamiento decidió entonces repararlo a toda prisa, porque el 1 de julio comienzan las tradicionales fiestas de la Vaquilla, que lleva a miles de turolenses a reunirse en torno a la estatua y colocarle un pañuelo al cuello el 9 de julio. En Navidad la rodean con un abeto y cuando uno de los equipos locales gana un trofeo le atan una bufanda. Se encargó así el estudio Reparación de urgencia del fuste de la fuente del Torico. Criterios técnicos planteados, rubricado por el arquitecto Francisco Javier Gómez Patrocinio y la restauradora Rosana Herrero Martín: “En todas las fuentes consultadas se indica que la figura [debería ser] de bronce, igual que los caños [decorativos de la fuente]. Sin embargo, al desplomarse y partirse, se ha podido comprobar que el material en el que está ejecutada es fundición [hierro] gris”.

Soledad Díaz, restauradora especializada en metales del Instituto de Patrimonio Cultural Español (IPCE), sostuvo en una telerreunión celebrada el día 21, antes de redactar el informe final, que el material de la figura era “propio de un periodo más industrial. En base a estas apreciaciones, se podría intuir que no es la auténtica de 1855, sino una réplica de principios de siglo XX, tal vez vinculada a una reparación de la fuente tras los daños sufridos durante los bombardeos en 1937. Esta es una hipótesis que debería ser corroborada por medio de un estudio histórico y documental antes de poder ser dada por cierta”, indicó. Es decir, en algún momento de la guerra se podía haber producido la sustitución.

Pero eso no concuerda en absoluto con el informe realizado por el Museo de Teruel en 1994, que afirmaba que la superficie del Torico conservaba “restos de un revestimiento de color verde, con trazas azules en algunos puntos, que en su momento debió cubrirla por completo, cumpliendo una importante función protectora. Seguramente con su aplicación se intentaba conseguir un aspecto similar al del bronce”. O lo que es lo mismo, el Torico nunca fue de bronce como creían quienes lo observaban, pero su aspecto exterior sí lo era, lo que provocó supuestamente la confusión y la creencia de que había sido cambiado en algún momento entre 1855 y 2022.

Plaza del Torico, en 1902
Plaza del Torico, en 1902Museo de Teruel

Sin embargo, para el catedrático Vidal Muñoz y para el gerente de la Fundación Santa María del Albarracín, Antonio Jiménez, la entidad que coordina la restauración, es más que probable que la figura fuese cambiada durante los bombardeos de 1937 y 1938. Algo que el director del Museo Teruel, Jaime Vicente Redón, niega tajantemente: “Quién se va a poner a fundir una copia en hierro en mitad de una guerra. Eso carece de sentido”.

El director del museo esgrime como prueba que las fotografías que se conservan desde principios del siglo XX muestran que es la misma figura siempre. El contraargumento que ofrecen los que se oponen a esta tesis, además de que las fotografías no permiten saber con qué material fue fundida, es que no resulta lógico que los caños de la fuente ―cuatro pequeñas cabezas de toro― fueran de bronce y la escultura principal de hierro. “Los caños eran de bronce por sus propiedades biocidas, para que el agua supiese mejor. El toro no necesitaba ser de ese material, podía ser perfectamente de hierro”, replica Vicente Redón.

Plaza del Torico en febrero de 1938, cuando la estatua ya no se encuentra en su pedestal.
Plaza del Torico en febrero de 1938, cuando la estatua ya no se encuentra en su pedestal.Francisco Martínez Gascón / Archivo familiar Martínez Gascón

El año 1938 no fue el único en que el astado bajó a la plaza. En 1932, la fuente fue reformada y entregada al Ayuntamiento 12 meses después. En 1969, a causa de otra rehabilitación, la escultura también fue expuesta en la casa consistorial “todo el tiempo que duraron los trabajos”.

El cronista Vidal Muñoz concluye que, según los documentos municipales, el Torico original fue esculpido en bronce, mientras que Redón replica que era pura apariencia creada por la pátina protectora que detalla el informe del museo. Así pues, será prácticamente imposible determinar, a no ser que aparezcan nuevas pruebas, si en algún momento se produjo el supuesto cambiazo. Lo que sí afirma el Ayuntamiento es que para las fiestas de la Vaquilla habrá en la plaza una réplica temporal de la icónica estatua se está haciendo una fundición de Zaragoza, pero nadie se podrá subir a ella el 9 de julio para arroparla con un pañuelo rojo como marca la tradición de una ciudad rebosante de leyendas e interrogantes.

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Sobre la firma

Vicente G. Olaya

Redactor de EL PAÍS especializado en Arqueología, Patrimonio Cultural e Historia. Ha desarrollado su carrera profesional en Antena 3, RNE, Cadena SER, Onda Madrid y EL PAÍS. Es licenciado en Periodismo por la Universidad CEU-San Pablo.

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