CRÍTICA | EL CHICO MÁS BELLO DEL MUNDOCrítica
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‘El chico más bello del mundo’: el dolor de Tadzio

Este asombroso documental indaga en la triste vida de Björn Andrésen, el adolescente sueco que Visconti descubrió para su ‘Muerte en Venecia’

Björn Andrésen en 'Midsommar' (2019) y en 'Muerte en Venecia' (1971). En el vídeo, el tráiler del documental.

La pregunta de qué vio Luchino Visconti en Björn Andrésen para etiquetarlo como el chico más bello del mundo no es solo retórica. El asombroso documental de Kristina Lindström y Kristian Petri responde en gran medida a esta cuestión, además de reconstruir sin señalar únicos culpables la aterradora experiencia de la fama de un adolescente tímido y retraído. Andrésen era, efectivamente, una belleza de otro planeta. Tenía 15 años cuando su abuela lo empujó a una selección de reparto en el centro de Estocolmo y allí lo descubrió Visconti, quien llevaba meses estudiando a críos rusos, polacos y húngaros para su versión de Muerte en Venecia.

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Visconti necesitaba encontrar al ángel de la muerte de la novela de Thomas Mann y la belleza de Andrésen no respondía solo a unos rasgos perfectos. La historia de un músico alemán, Gustav von Ashenbach —inspirado en Mahler y el propio Mann e interpretado por Dirk Bogarde—, que se refugia en una Venecia decadente y crepuscular, infectada de cólera, al descubrir allí a un inalcanzable adolescente polaco, Tadzio, le servía al cineasta italiano para desafiar una vez más al mundo con su poderoso refinamiento. “La belleza absoluta existe, pero todo el mundo sabe que mirarla de frente es mirar a la muerte”, afirmaba Visconti al hablar de la película. El sofisticado aristócrata del norte de Italia, comunista y homosexual, el director que había encumbrado a Helmut Berger, “el hombre más guapo del universo”, según acuñó Vogue, o al mismísimo Alain Delon, este sí, por encima de cualquier etiqueta, ponía a la industria del cine a los pies de un crío asustado y cautivo que empezó a sentirse observado y admirado a todas horas sin entender nada.

Con un material de archivo cargado de sustancia, la película descubre qué fue de Andrésen, quién era antes de Tadzio y quién es hoy. Oculto detrás de una larga melena canosa, flaco y desgarbado, Andrésen ha lidiado con oscuros fantasmas familiares y con una accidentada carrera como músico. Actor de reparto en la terrorífica Midsommar, de Ari Aster, hoy habla con distancia y sin aparente exceso de rencor de la película que “destruyó” su vida y del circo mediático que sufrió por ella. El documental se vuelve aún más atractivo cuando descubrimos cómo llegó a ser un ídolo de masas en Japón, el primer occidental adorado por miles de jóvenes nipones, atraídos por unos rasgos que incluso han inspirado a toda una generación de dibujantes manga.

50 años después de que Tadzio naciera en aquella selección de reparto en Estocolmo, esta película tan triste y fascinante como su protagonista va más allá de la terrible cosificación que sufrió Björn Andrésen por un sistema cínico y abusivo para descubrir el fondo trágico de su belleza y dejar sobre la mesa la cadena de infortunios de una vida reducida a una letal etiqueta.

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