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‘Gunda’, el amor de una cerda

Producido por Joaquin Phoenix, dirigido por Viktor Kossakovsky y coescrito y montado por Ainara Vera, este documental se sumerge en la naturaleza para defender los derechos de los animales

Imagen de 'Gunda'. En el vídeo, el tráiler.

Producido por el actor Joaquin Phoenix, dirigido por el ruso Viktor Kossakovsky y coescrito y montado por la navarra Ainara Vera, Gunda es un documental mudo y en blanco y negro sobre los primeros meses de vida de una cerda y sus lechones. La película, que también se detiene en las horas de unas gallinas y de unas vacas, arranca con el parto de la cerda protagonista. Un plano fijo y frontal donde vemos a Gunda, nombre de la marrana, respirar con fuerza mientras unos minúsculos cerditos trepan como pueden por su enorme cuerpo. Lo que sigue carece de narración, de voz en off o de un orden que no sea el de la propia naturaleza. Con la cámara pegada al suelo, paciente y sigilosa, el espectador observa muy de cerca el comportamiento de Gunda con sus pequeños y el de los recién nacidos con su madre.

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Por supuesto que Gunda es una película animalista, pero la estrategia de Kossakovsky no se encamina a hacer visibles ni subrayar los horrores a los que se somete a los animales de consumo masivo en las granjas. Al menos de entrada, no hay intención de aleccionar al espectador sobre la crueldad del hombre contra los animales, aunque el puñetazo final de la película no deje dudas al respecto y la única representación humana sea una demoledora abstracción. Lo que el cineasta propone es un acto de observación atenta que en sus increíbles detalles permita una comprensión profunda sobre un mundo animal que no nos debería resultar tan ajeno. Conocer la sabiduría animal, el amor de la madre y su manera de educar a su patulea es una puerta de entrada a una serie de preguntas sobre el maltrato a otras especies que incumbe a todos, veganos o no.

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